Justo cuando se cumplen 79 años del fatídico jueves 24 de octubre de 1929, las bolsas de todo el mundo se desploman al calor de una crisis financiera, una más que probable entrada en recesión de la economía global y una desconfianza cada vez mayor. En aquella ocasión, hace casi 80 años desde marzo de 1929 se llevaban viviendo en la Bolsa bruscas caídas del índice por ventas desmesuradas pero generalmente las seguía una recuperación que alcanzaba los índices anteriores o incluso los superaba.
La crisis que asola a todas las economías mundiales, que ha puesto en jaque a las bolsas y que no ha respetado ni el análisis ni el fundamental, ha puesto en entredicho otra máxima: la que enarbolaba al sector farmacéutico como refugio. Las hordas vendedoras también han castigado al sector y han pasado por alto su menor riesgo de beneficios en un 2008 en el que las cepas de bacterias y virus más virulentas han atacado a la base del organismo: a la liquidez del sistema bancario. Ventas que hacen que Basf, por ejemplo, acumule sobre el papel retrocesos anuales del entorno del 52 por ciento o que Bayer del 38 por ciento. Y todo cuando aún pesa sobre ellas el fantasma al que se enfrentan desde hace tiempo: el fin de las patentes. Aún con ello, los analistas apelan a aquello de “el que tuvo, retuvo...” para señalar que el sector farma todavía puede servir de bálsamo cuando la “plaga de la gripe” –pese a que mute en rebotes puntuales- hace estragos en los mercados.
El oro siempre ha sido sinónimo de poder, de opulencia. En momentos de crisis bursátil, siempre ha sido sinónimo de refugio. La desaceleración de la economía europea, la posibilidad de que la estadounidense entre en recesión y la incertidumbre y volatilidad que planea sobre las bolsas ha llevado a los inversores a buscar cobijo en el áureo metal. Un buen tejado protector cuando a la tormenta se une un dólar débil y un alto precio del crudo. El temor a una posible escasez de oferta en Sudáfrica -uno de los principales productores mundiales- es otro de los factores que respaldan esta escalada, pero lo cierto es que según los analistas la cosa puede no quedar ahí. Hay quien estima que podríamos llegar a ver incluso los 1.000 dólares. La recomendación, por tanto, es clara: hay que seguir comprando oro.
La sombra de Lehman Brothers es alargada. Se sabía de su debilidad y no ha llegado al otoño. El cuarto banco de inversiones de EE.UU. caía esta semana y con ello removía las raíces de no pocas entidades financieras mundiales. “Tocados y hundidos” los ánimos, desatada la histeria vendedora y puestos en duda los sistemas de transparencia y control, tan sólo un día después llegaba el rescate para AIG. Se nacionalizaba la primera aseguradora mundial por capitalización bursátil y se precipitaban las jugadas en el tablero financiero internacional. En apenas un puñado de días Bank of America se hacía con Merrill Lynch y Loyds con HBOS en el Reino Unido y los movimientos van a continuar porque muchas otras entidades están en jaque: léase Washington Mutual o el propio Morgan Stanley, sin olvidar que entidades como UBS están contra las cuerdas. Las inyecciones de liquidez por los Bancos Centrales se suceden y como colofón de semana, el gobierno estadounidense, la FED y el Congreso pactan un “plan de choque” anticrisis que propicia la euforia. Sin duda, no había pasado lo peor.
La rentabilidad mediana de los fondos de pensiones registró una variación negativa del 3,6% hasta agosto y del 3,4% si se consideran los últimos doce meses, según datos del servicio de medición de fondos de pensiones de Mercer. En concreto, en los ocho primeros meses del año los fondos de pensiones de renta variable euro registraron una rentabilidad negativa del 20,7%, seguidos de los de renta variable no euro (-12,4%). Por el contrario, los fondos de renta fija han logrado una rentabilidad del 1,7% en lo que va de año.
¿ Está en crisis la industria de fondos de inversión en nuestro país?. Los últimos datos no dejan lugar a dudas ya que en los primeros seis meses del año el patrimonio de los fondos de inversión cayó un 18% hasta los 203.900 millones de euros. Caídas que no hacen más que confirmar la tendencia de los últimos doce meses desde que saltó a la palestra la archiconocida crisis subprime y desde que los depósitos abrieron una guerra abierta contra estos productos. Y es que, razones no le faltan a los partícipes para deshacer sus posiciones en los fondos de inversión ya que del más de centenar de categorías de fondos que hay en España, apenas una veintena mantiene una rentabilidad positiva, aunque por debajo aún de la inflación. Una tendencia –señalan los expertos consultados por Estrategias de Inversión- que continuará en los próximos meses al calor de un mal comportamiento de los mercados y de la competencia feroz de los depósitos bancarios. Razón por la cual la industria de fondos ya ha puesto en el mercado los fondos ligados a la inflación, la última moda en inversión segura.
Mueven el mercado con sus decisiones. Confían sus fortunas a la renta variable y sufren igual que cualquier inversor: los grandes empresarios confiaron en el sector inmobiliario –a pesar de que todo apuntaba a un inminente estallido de la burbuja- y les salió mal. Sin embargo, son capaces de mover un valor cerca del 30% al alza si se filtra un interés en el mismo. Pese a la discreción con la que actúan las grandes fortunas, algunos de sus movimientos trascienden y a menudo hacen explícitas sus tendencias del mercado ¿Las preferencias? Valores que permitan capear la crisis. Pero tenga en cuenta que no son inversores que jueguen al rebote y muchos de ellos podrían esperar hasta seis años para deshacerse de su participación. Con nombre propio, Ram Bhavnani, Amancio Ortega, la familia Entrecanales o la familia Del Pino han creado sus propios vehículos de inversión y están en puja por compañías como Santander, Telefónica, BBVA e incluso algunas constructoras ¿quién dijo que estamos en crisis?
Los inversores se sienten como en una montaña rusa. La volatilidad que están viviendo los mercados bursátiles afectados por la crisis hipotecaria subprime en Estados Unidos lejos de ahuyentar a los ahorradores debería ser el mejor aliciente para invertir, según la mayoría de los expertos consultados por ESTRATEGIAS DE INVERSIÓN. De ahí que recomienden “mantener la calma” e ir entrando en aquellos valores que han quedado “tocados” tras las bruscas caídas de agosto. Por sectores, alimentación, farmacéuticas y telecomunicaciones son los que mejor consuelo podrán dar a unos inversores que han vivido unas vacaciones un tanto agitadas.
No se salva del mal inicio de año que firman la mayor parte de las compañías españolas en este 2008, pero los expertos aseguran que se trata de una buena apuesta. Su perfil defensivo, la combinación de un fuerte crecimiento con una sólida generación de flujo de caja o la posibilidad de movimientos corporativos avalan a Prosegur y la colocan entre las favoritas de los analistas entre los valores de pequeña capitalización. Además, hasta ahora salva con creces el riesgo divisa que trae consigo su fuerte presencia en Latinoamérica. Sin embargo, desde el punto de vista técnico las cosas pintan más feas porque, de momento, el título sigue inmerso en un canal bajista.
Ojo avizor. Es como se mantienen los inversores sobre las inmobiliarias. Y es que la suspensión de pagos anunciada por Martinsa Fadesa no ha sido más que le pistoletazo de salida a un posible derrumbe de las compañías del sector. Muchos expertos advierten de que la situación era la crónica de una muerte anunciada desde que a principios de año las compañías del ladrillo se vieran fuertemente penalizadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria, estancamiento de las ventas y las primeras caídas en los precios. Un huracán en cuyo ojo se encuentra una de las mayores promotoras europeas y que a su paso dejará tocado – más si cabe- al sector financiero, que mantiene más de 8.000 millones de euros en créditos dudosos con el sector. A pesar de que la actual situación de los mercados financieros podrían reflejar "precios baratos" en sus cotizaciones, los expertos recomiendan mirar hacia otro lado pues los acontecimientos que se están sucediendo son impredecibles.