Los mercados bursátiles mundiales han alcanzado máximos históricos en otoño, prolongando un mercado alcista de diez años y medio. En nuestras entrevistas con inversores, nos hemos dado cuenta de que, cuanto más se dilata el mercado alcista, más habitual es que cunda el miedo «a las alturas». El mercado bajista que tuvo lugar entre 2007 y 2009 fue uno de los más acusados y largos de la historia, seguro que nadie desea que ocurra algo parecido.
El hecho de que la inflación esté por debajo del objetivo del 2% del Banco Central Europeo (BCE) en el conjunto de la eurozona, provoca que la prensa económica que seguimos habitualmente se prodigue en explicaciones –y soluciones políticas– sobre el tema. Para arrojar un poco de luz hemos preparado una guía a modo de introducción a la inflación y sus causas.
¿Cuál es la mejor manera de medir la rentabilidad de su cartera? ¿Comparando los valores iniciales y finales de un periodo determinado? ¿O contrastando los rendimientos con los de otra persona, como su vecino? Si bien estos métodos pueden parecer lógicos, presentan varios problemas.
El estreno de 2020 es una buena ocasión para que muchos inversores evalúen la evolución de sus carteras en 2019 y se planteen realizar algunos ajustes para el año que empieza. Si se siente aludido, a continuación le ofrecemos algunas ideas que, a nuestro juicio, merece la pena considerar.
¿Qué estilo de inversión en renta variable es el mejor en términos generales? ¿En empresas de gran capitalización o de pequeña? ¿Crecimiento o valor? A la hora de gestionar su patrimonio, algunos inversores se inclinan más por un estilo que por otro, incluso los hay que se ciñen exclusivamente a uno. Por supuesto, hay fondos de inversión y ETF (fondos cotizados en bolsa) que se centran en un único estilo.
Miguel Ángel Larruga, responsable de planes de pensiones de Unicorp Vida habla sobre planes de pensiones, perspectivas y análisis y del sector.
El momento económico y político actual es determinante para definir dónde hay que invertir, puesto que tanto a nivel local cómo a nivel global, las políticas económicas actuales y futuras van a determinar la rentabilidad de nuestras inversiones.
¿Alguna vez ha leído un titular que afirme que los mercados bursátiles se hallan en niveles «demasiado elevados»? ¿O que se avecina un batacazo porque las acciones están sobrevaloradas o porque han alcanzado un «peligroso» máximo histórico? Algunos inversores temen que las nuevas cotas de la renta variable impliquen su inmediato desplome y, si bien en el pasado la acrofobia –el miedo a las alturas– ha servido al ser humano para evitar caerse desde un acantilado, este instinto primario no puede trasladarse directamente a los máximos de la bolsa.
Los resultados empresariales acaparan habitualmente los titulares de gran parte de la prensa económica internacional. Los analistas suelen preguntarse si el beneficio por acción ?una medida de la rentabilidad empresarial? cumple, supera o decepciona las perspectivas, dedicando largas horas a predecir los beneficios futuros. El consenso general parece apuntar a que el crecimiento de los resultados ?o su inexistencia? dictará el rumbo de las acciones con una correspondencia casi unívoca: los datos y la lógica, con todo, sugieren que, per se, no lo hacen.
En España cada vez somos más conscientes de la importancia de gestionar nuestros ahorros para disponer de una buena jubilación y que no perdamos calidad de vida cuando dejemos de trabajar o de recibir nuestras actuales rentas.