Los mecados bajistas no tiene por qué ser un revés permanente en las carteras

De hecho, a veces puede parecer que sufrir el golpe de un mercado bajista brutal una sola vez puede suponer un contratiempo permanente para sus objetivos financieros a largo plazo. Sin embargo, la historia de las rentabilidades de los mercados de renta variable muestra que no es así: pueden ser insoportables y, cuando sea posible, recomendamos mitigar parte del desplome, pero tras un mercado bajista se sucede uno alcista. Siempre que se esté invertido tanto en las vacas gordas como en las flacas, los grandes batacazos del mercado bajista no tienen por qué suponer, en nuestra opinión, un revés duradero.

Dado que el S&P 500 de Estados Unidos atesora la muestra de datos más larga y fiable, consideramos que sirve de campo de experimentación para demostrar ese fenómeno. Pese a que las fluctuaciones de las divisas alteran los rendimientos que los inversores europeos cosechan con las acciones estadounidenses por estar referenciadas a dólares, estimamos que las lecciones que se desprenden de esta extensa serie son universales.

Desde que disponemos de datos fiables, 1925, el S&P 500 ha experimentado 13 mercados bajistas, incluidos los dos de la Gran Depresión, el pinchazo de la Burbuja Tecnológica en 2000, la Crisis Financiera Internacional de 2008 y algunos más. Su duración media fue de 21 meses, con un descenso medio del 40% entre el máximo y el mínimo2. Sería una cifra espantosa si no fuera porque desde entonces también se han completado 13 mercados alcistas, sin contar el actual, que han durado 57 meses y han cosechado una ganancia del 164% en términos medios3. La mayoría de las veces la revalorización del mercado alcista fue lo suficientemente grande como para compensar el mercado bajista precedente.

A finales de octubre los analistas financieros conmemoraron el 90º aniversario del crack de Wall Street de 1929, generalmente considerado como el arranque de la Gran Depresión. Buena parte de la prensa aludió a que los mercados estadounidenses tardaron 25 años en recuperarse hasta los niveles previos a la crisis. Ese cálculo se basa únicamente en el alza de la cotización de los índices, conque no incluye otros rendimientos; aun teniendo en cuenta los dividendos reinvertidos, la mejoría se consumó tras más de 15 años. Este dilatado lapso es excepcional, no la norma, amén de que, centrándonos en el plazo, creemos que se omite parte de la historia porque a mediados de 1932 comenzó un nuevo mercado alcista y a principios de 1937 los títulos estadounidenses ya habían recuperado más de la mitad del terreno perdido respecto a su máximo anterior4. En ese momento la Reserva Federal decidió endurecer drásticamente la política monetaria, drenando la liquidez del sistema bancario y desencadenando, a nuestro juicio, otra recesión y otro mercado bajista. La anexión de los nazis de una parte del territorio checo al año siguiente, que obligó a los mercados a descontar las ambiciones territoriales de Hitler y a elevar la probabilidad de que se desatara una guerra a gran escala, provocó un hundimiento de los parqués aún mayor. Las acciones no volvieron a subir hasta 1942, culminando una racha de sucesos desastrosa que parece poco probable que vaya a repetirse hoy en día.

Por lo demás, la historia juega a favor de los inversores. La duración media desde los máximos del mercado hasta que volvió a recuperarse ese nivel –durante la Gran Depresión inclusive– es de solo 5,6 años5. Esto puede parecer mucho tiempo sin el debido contexto, ya que, si está invirtiendo para la jubilación, puede ser poco en comparación con su horizonte de inversión, que es el tiempo total durante el que deben trabajar sus activos para alcanzar sus metas y cubrir sus necesidades. Si atendemos a la actual esperanza de vida en Europa, un inversor próximo a la jubilación podría requerir de unos 20 años o incluso más; un periodo lo suficientemente largo, potencialmente, como para asistir a dos o más mercados bajistas y alcistas6. Mientras esté invertido tanto en las fases de auge como en las de declive y su horizonte de inversión sea convenientemente extenso, la historia demuestra a las claras que debería ser capaz de cosechar los beneficios a largo plazo que caracterizan a la renta variable.

Por supuesto, lo adecuado para usted dependerá de sus propias circunstancias, es decir, de sus objetivos de inversión a largo plazo, de sus exigencias de flujos de efectivo, de su horizonte temporal de inversión y de su tolerancia al riesgo. Si se orienta hacia el corto plazo y sabe que necesitará dinero en los próximos años, el riesgo de un mercado bajista puede ser demasiado elevado, conque invertir en un activo diferente a la renta variable puede ser lo más sensato. Si simplemente no puede concebir la idea de sufrir un mercado bajista, las acciones tampoco son la mejor opción, ya que ninguna empresa puede salir airosa de todos los mercados bajistas. En cambio, para aquellos con 20, 30 o más años por delante que quieran financiar su jubilación, tenga la tranquilidad de que, aunque afronten el próximo mercado bajista, su futuro financiero no debería resentirse.

 

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Fuente: FactSet, a 13/11/2019. Afirmación basada en la rentabilidad con dividendos netos del índice MSCI World.

Fuente: FactSet, a 30/6/2017. Afirmación basada en la cotización del índice S&P 500 (USD, 6/9/1929-9/3/2009). Las fluctuaciones entre el dólar y el euro podrían arrojar rentabilidades de la inversión diferentes.

 Ibidem.

 Fuente: FactSet, a 30/6/2017. Afirmación basada en la cotización del índice S&P 500 (USD, 1/6/1932-6/3/1937). Las fluctuaciones entre el dólar y el euro podrían arrojar rentabilidades de la inversión diferentes.

 Fuente: FactSet, a 30/6/2017. Afirmación basada en la cotización del índice S&P 500 (USD, 6/9/1929-31/12/2013). Las fluctuaciones entre el dólar y el euro podrían arrojar rentabilidades de la inversión diferentes.

 Fuente: Eurostat, a 13/11/2019.


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