Se habla mucho del potencial de la Inteligencia Artificial, pero muy poco de su talón de Aquiles. ¿Hasta qué punto la energía es hoy el principal cuello de botella para el desarrollo de esta tecnología?

Es el principal cuello de botella en este momento. En Estados Unidos y Europa existe una gran preocupación, especialmente entre las grandes tecnológicas como Google, Microsoft o Amazon, por cómo afrontar esta limitación. La demanda eléctrica de un centro de datos es enorme. Por poner un ejemplo: un millón de los nuevos chips de Nvidia consume lo mismo que una población de dos millones de habitantes. Si añadimos los sistemas auxiliares, el consumo total equivale al de una ciudad de entre 2,5 y 2,7 millones de personas. Es, literalmente, como añadir una ciudad cada vez que se instala un gran centro de datos.

Cuando afirmamos que no hay Inteligencia Artificial sin energía, ¿estamos exagerando o es realmente así?

No es una exageración, es una realidad. Durante los últimos 15 años, la demanda eléctrica en los países desarrollados —Europa y Norteamérica— se mantuvo prácticamente plana. Al no crecer, las eléctricas invertían con mucha inercia y con horizontes de tres o cuatro años. Pero ahora confluyen varios factores: la IA, la electrificación de la economía y el reshoring industrial. La demanda ha empezado a aumentar de forma abrupta y nos ha pillado con menos inversiones en generación y redes de las necesarias.

¿Está preparado el sistema eléctrico para afrontar esta nueva demanda?

Si no se invirtiera, claramente no. Pero los centros de datos no se construyen de un día para otro; se desarrollan de forma modular. No creo que haya un problema insalvable, pero sí es imprescindible invertir de manera significativa, especialmente en redes, para transportar la energía hasta esos centros. Una opción es instalar generación cerca del propio centro de datos, pero si se quiere disponibilidad el 100% del tiempo, es imprescindible estar conectado a la red.

Usted defiende que la única forma de añadir energía rápidamente son las renovables. ¿Por qué ni el gas ni la nuclear pueden competir hoy en plazos y costes?

La energía nuclear es muy cara y requiere plazos larguísimos. Construir una nueva central supone muchos años de inversión y unos 60 años para recuperar el capital, a precios superiores a los del mercado eléctrico actual. No es una solución viable a corto plazo, salvo por motivos políticos.

El gas es más barato y rápido que la nuclear, pero ahora mismo los fabricantes de turbinas tienen sus carteras de pedidos completas. Construir una nueva central llevaría entre cinco y seis años.

Las renovables, en cambio, no tienen ese problema: su instalación puede completarse entre 9 y 24 meses y son claramente más baratas. Es cierto que presentan el reto de la intermitencia, pero este se puede mitigar combinándolas con baterías, cuya tecnología y costes están mejorando de forma exponencial.

Si la solar y la eólica son ya las fuentes más baratas en el 90% del mundo sin subsidios, ¿por qué persiste el escepticismo entre los inversores?

Por dos razones principales. La primera es histórica: antes eran muy caras y solo se invertía en ellas por motivos medioambientales. En España, por ejemplo, existe memoria de cómo eso encareció la factura eléctrica. Sin embargo, desde 2018, instalar una nueva planta renovable es más barato incluso que el coste variable de una central de gas, sin contar la inversión inicial.

La segunda razón es política. Hay una fuerte polarización: posiciones pro-nucleares que rechazan las renovables por su asociación con el discurso ambiental, y viceversa. Pero si se analiza desde un punto de vista puramente económico, no hay duda de que son la opción más barata para producir energía.

¿Qué papel puede jugar España en este contexto?

España tiene una posición geográfica privilegiada. Contamos con excelentes condiciones para la energía solar y con un océano al oeste que ofrece muy buenos factores eólicos. Esto nos permite aspirar a precios eléctricos más bajos y atraer tanto centros de datos como industria. De hecho, estamos viendo un crecimiento de la demanda eléctrica en España superior al de otros países europeos.

¿Cómo se traduce todo esto en la estrategia de inversión de la estrategia Pictet-Clean Energy Transition?

No somos una estrategia de centros de datos, pero sí nos beneficiamos del crecimiento de la IA. Nuestra estrategia se apoya en tres pilares:

  • Oferta: inversión en energías renovables.
  • Demanda: eficiencia energética, como compañías que optimizan el enfriamiento de edificios y centros de datos.
  • Infraestructura: redes eléctricas y chips más eficientes. Si el cuello de botella es la energía, reducir el consumo por chip es clave.

¿Podría darnos algún ejemplo de compañías en cartera?

Por citar dos:

  • Broadcom, que fabrica chips altamente eficientes desde el punto de vista energético. A diferencia de Nvidia, que es más generalista, Broadcom desarrolla chips personalizados para funciones concretas, con mejoras de eficiencia del 40% al 50%. Entre sus clientes están Meta y Google.
  • Iberdrola, una compañía española muy conocida. La energía es un elemento clave y se beneficia tanto de la nueva generación renovable como de la fuerte inversión en redes en Reino Unido, Estados Unidos, Brasil y, probablemente, España.