El mercado europeo se hunde y, lo peor de todo es que el Ibex 35 capitanea los descensos. Pierde un 4,13 % hasta los 7.871 puntos con las grandes financieras como cabezas de turco ante las dudas de Grecia y un insuficiente plan Twist en EE.UU. El Ibex 35 ha perdido el soporte de los 8.100 puntos y apunta directo a los mínimos de 2009.
Las medidas tomadas ayer por la Fed en EE.UU. no han convencido. La esperada inyección directa de liquidez en la primera economía del mundo fue sustituida finalmente por una operación twist que suena a reestructuración de la deuda americana. Además, las nuevas y severas medidas de ajuste prometidas por Grecia ayer continúan sin dar un respiro a los mercados financieros europeos. Con ello, el Ibex 35 cava su tumba por debajo de los 8.000 puntos. Cae un 2,85% hasta los 7.975 puntos.
El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, ha sentenciado que la entrada en suspensión de pagos de Grecia "no es una alternativa" porque el "riesgo de contagio" a otros países de la eurozona es "grande".
Los analistas siguen pendientes de un dibujo digno del mismo Dalí. Un escenario peligroso, lejos de figuras clásicas y con más trampas que pistas que dejan opiniones de todos los gustos y colores en lo que se ha convertido una autentica quimera: encontrar referencias técnicas fiables que no rompan nuestras expectativas con cada ligero rumor que se mueva en los mentideros del mercado.
Este jueves se conocerá el PMI de manufacturas de la eurozona, así como el particular alemán. Además, en EE.UU. se publicará el índice de confianza del consumidor del mes de septiembre y las hipotecas semanales, mientras que en un ámbito más empresarial, Nike y FedEx pasearán por la pasarela de presentación de resultados trimestrales.
Dos días de reunión en el seno de la FED y, tal y como estaba previsto, a las 20:15 horas se ha dado a conocer la decisión. La Reserva Federal ha concretado que comprará 400.000 millones de dólares en deuda a largo plazo (bonos con vencimiento de entre 6 a 30 años) que se financiará de la venta de la misma cantidad de bonos a corto plazo (de 3 años a menos). Con esta jugada, Ben Bernanke consigue desplazar aún más en el tiempo un tercer quantitative easing y a su vez no aumentar la balanza de la FED.