El tribunal supremo evita que Theresa May dé comienzo a la salida del Reino Unido de la de la Unión Europea de forma unilateral. Tendrá que ser una decisión que tome el parlamento británico. Sin embargo, los expertos estiman que esta decisión sea una mera formalidad y que se lleven a cabo los planes de “Brexit Duro” de la primera ministro.
 
Jarro de agua fría para las aspiraciones de Theresa May. La máxima mandataria de Gran Bretaña tenía previsto ejecutar el artículo 50 del Eurogrupo unilateralmente sin necesidad de consultarlo previamente con el parlamento, pero la justicia le ha frenado estas intenciones. El principal órgano de la justicia británica, por ocho votos contra tres, ha ratificado la decisión de un tribunal de instancia inferior en la que se estipulaba que el proceso de ruptura debía tener la autorización parlamentaria.

Así pues, los magistrados deniegan la posición del Gobierno de Theresa May, que tenía la intención de utilizar la denominada "prerrogativa real" para emprender el Brexit de manera unilateral, sin pasar por las cámaras legislativas.

El hecho de que el Parlamento desempeñe un papel directo podría hacer que el proceso sea más lento. Sin embargo, el líder del Partido Laborista, principal partido de la oposición en Reino Unido, señalaba que sus parlamentarios respaldarán el Brexit por respeto al resultado del referéndum. Con todo, el proceso podría ralentizarse fácilmente en la Cámara de los Comunes o en la Cámara de los Lores.

Por el contrario, aprobar el proyecto de ley debe ser una formalidad y no cambiar los planes del "Brexit Duro", de Theresa May, tal y como apuntar los expertos. En opinión de David A. Meier, economista de Julius Baer, esto se debe a varios factores: “May en su discurso el pasado martes ya dijo que el parlamento tendría voz y voto”. Además, una ralentización del proceso sería bastante negativa para los intereses económicos del Reino Unido.

Este "Brexit Duro", conllevaría que el Reino Unido no buscará el acceso continuo al mercado único de la UE, sino que tratará de determinar su futura relación comercial con los miembros a través de acuerdos de libre comercio. Este es el precio obvio a pagar por lograr los otros objetivos de la agenda de mayo, entre los que se encuentran retomar el control de las fronteras nacionales, retirarse de la jurisdicción del Tribunal de Justicia Europeo y retirarse de la unión aduanera de la Unión.

En el pasado discurso de May, que por un lado mostraba virulencia por esa toma de control de Gran Bretaña sobre todo, pero que al mismo tiempo quería buscar un nuevo acuerdo positivo con la UE,  para Meier  parece “un fuerte contraste con el mensaje nacionalista con el que los ciudadanos británicos botaron el Brexit”.

Los mercados financieros parecen haber sido reprimidos por el optimismo de mayo en un "Brexit Duro" con pocas repercusiones: la libra esterlina reaccionó ligeramente positiva a pesar de esta amenaza, lo cual se puede explicar por la promesa de presentar el acuerdo final antes en el parlamento, como ahora se ha terminado ratificando.

La aprobación parlamentaria final, sin embargo, tendrá lugar en 2019 como muy pronto, suponiendo que el período de negociación de dos años sea suficiente para finalizar un acuerdo.