Si hay algo que ha funcionado como un mantra en los últimos meses es la creencia de que a partir de ahora los inversores debemos acostumbrarnos a recibir unas rentabilidades más bajas a las que que estábamos acostumbrados hasta ahora. Lo que nadie nos había dicho hasta el momento es que esta situación va a extenderse durante dos décadas, cuanto menos.
Parece claro que la mayor parte de los ciudadanos españoles son cada vez más conscientes de que la pensión pública que cobrará cuando se jubile no tendrá nada que ver con la actual.
El debate está en la calle y más vivo que nunca: ¿serán sostenibles los sistemas de pensiones públicos en un futuro en países como España? Los expertos lo tienen claro, no con las fórmulas actuales, sobre todo por el grado de envejecimiento y la longevidad de la población del país.
En las últimas encuestas de gestores de entidades como Merrill Lynch hemos visto que tras los fuertes desplomes de principios de año, muchos inversores decidían optar por la liquidez. Eso es lo que tiene el pánico, entre otras cosas.
Si fuésemos capaces de adelantarnos al futuro y ver cuáles son las empresas cuyo negocio es más fuerte y se comporta mejor en bolsa, la decisión de invertir sería hoy mucho más fácil. Pero esta capacidad pertenece todavía al mundo de la ciencia ficción.
Desde que comenzó el declive mundial de las materias primas hay un producto del que no hemos hablado mucho: el acero. La energía y los metales no férreos han acaparado toda la atención, pero la industria del acero también ha pasado sus apuros y con ella, los productores de Estados Unidos, el Reino Unido y Europa.
Sí, parecía mentira, pero Donald Trump ha conseguido ganar las primarias incluso en la ciudad más cosmopolita del mundo, Nueva York. El político más populista de Estados Unidos en la historia más reciente tiene a los mercados con el alma en vilo porque los inversores no saben exactamente qué se puede esperar de sus políticas.
Los últimos meses en los mercados han estados marcados por el mantra mil veces repetido de que los inversores debemos acostumbrarnos a bajas rentabilidades en el futuro. Aunque las razones que hay detrás de esta afirmación no han cambiado, lo cierto es que en los mercados debemos revisar cualquier acontecimiento que pueda sucederse para conseguir que esas bajas rentabilidades suban todo lo posible.
En el año 2050 un 16% de la población mundial va a tener más de 65 años; es decir, casi el doble que en la actualidad y ese cambio de edad media en el globo no va a ser neutral, sino que va a tener decenas de consecuencias y muchas de ellas muy costosas.