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El dinero vuelve a hacerse preguntas que durante años parecían desterradas del mercado: cuánto cuesta financiarse, dónde está el crecimiento y qué activos pueden ofrecer protección cuando inflación, tipos y geopolítica vuelven a caminar de la mano. El bono del Tesoro estadounidense a 30 años es quizá una de las mejores fotografías de este nuevo escenario. Este verano, su rentabilidad llegó al 5,33%, máximos desde 2007, frente a niveles cercanos al 1% en 2020, reflejando el mayor coste que exige el mercado para prestar dinero a Estados Unidos durante tres décadas. El repunte de las rentabilidades implica una caída del precio de los bonos y responde a una combinación de factores, entre ellos las expectativas sobre tipos e inflación, una mayor prima de plazo y el volumen de deuda que Estados Unidos debe colocar para financiar sus déficits y refinanciar vencimientos. Mientras la Reserva Federal tiene mayor capacidad para influir sobre el tramo corto de la curva, las rentabilidades a largo plazo dependen en mayor medida de las expectativas de los inversores sobre la economía y la deuda durante las próximas décadas. Ese 5,3% no implica por sí mismo un problema de solvencia para EEUU, pero pone de manifiesto que financiarse ya no resulta barato y que el aumento de los costes puede convertirse en un problema a medida que una parte creciente de la deuda tenga que refinanciarse a tipos más elevados.

Este nuevo precio del dinero obliga también a replantear cómo se construyen las carteras. La combinación de tipos elevados, riesgos geopolíticos y una fuerte concentración de la inversión en inteligencia artificial está llevando a los inversores a buscar posiciones más diversificadas y resistentes de cara a 2027 y 2028. Jaime Medem, director de inversiones de Mirabaud Wealth Management, considera que la renta fija vuelve a ofrecer oportunidades, especialmente en deuda soberana a tres años y crédito Investment Grade de alta calidad, mientras mantiene una posición táctica en High Yield de corta duración. La inteligencia artificial, entretanto, sigue ocupando un lugar central, aunque desde una perspectiva diferente: la firma no aprecia una burbuja y prevé que el ciclo de inversión en infraestructuras se prolongue hasta 2030, apoyado por el crecimiento de los centros de datos, la ciberseguridad y la expansión de la demanda más allá de los grandes hiperescaladores.

Pero las oportunidades que ofrece este nuevo escenario no se limitan a combinar activos dentro de una cartera. También pasan por identificar hacia dónde se está desplazando el capital y qué grandes tendencias pueden sostener la demanda durante los próximos años. Esa es precisamente la filosofía de Baltia Global, que busca aprovechar grandes movimientos geopolíticos y económicos para localizar sectores con fuertes vientos de cola, demanda estructural o problemas de oferta. Según Enrique Couto, asesor de Baltia Capital, la cartera mantiene una exposición relevante a energía, infraestructuras energéticas, cobre e inteligencia artificial, áreas especialmente beneficiadas por el crecimiento de las economías emergentes, la electrificación y el desarrollo de los centros de datos. Entre sus principales posiciones destaca FTAI Aviation, vinculada al mantenimiento y reparación de motores aeronáuticos y que también busca aprovechar la creciente demanda energética asociada a los centros de datos. 

La energía es, precisamente, uno de los puntos en los que confluyen buena parte de estas tendencias. Con el petróleo por encima de los 100 dólares, tipos elevados y unas valoraciones exigentes en Estados Unidos, Ibercaja Gestión está ampliando el foco más allá de los grandes valores tecnológicos. Pedro Lacambra, jefe de Renta Variable de Ibercaja Gestión, explica que la firma mantiene una posición sobreponderada en EE. UU. y neutral en Europa, mientras apuesta por financieras, aseguradoras, tecnología seleccionada e industriales vinculadas a las segundas y terceras derivadas del capex en inteligencia artificial. En Europa, la estrategia combina estos sectores con otros más castigados, como el lujo y los fabricantes de alimentos, que podrían ofrecer potencial a largo plazo después de la debilidad del consumo en China y del impacto de la subida de los bonos sobre los denominados bond proxies. En energía, Ibercaja aplica una gestión táctica en función de la evolución del petróleo y también encuentra oportunidades en ingenierías vinculadas a la construcción y reconstrucción de infraestructuras petrolíferas y gasistas. 

Ese énfasis en los activos ligados a la economía real conecta con otra tendencia que está ganando peso en las carteras: la búsqueda de activos capaces de ofrecer protección frente a un escenario de inflación y tipos elevados. Según Jordi Castany, analista de inversiones de Norz Patrimonia, los activos reales están adquiriendo protagonismo como vía para reducir la dependencia de la renta variable y la renta fija tradicionales. La inteligencia artificial continúa siendo, a su juicio, un importante motor de crecimiento pese a las dudas sobre las valoraciones, y las correcciones del sector pueden abrir oportunidades de entrada. Pero Castany también pone el foco en Europa, donde identifica multinacionales como Prysmian, ASML, Schneider y Vinci, además de sectores como infraestructuras, defensa y banca. 

Y si la electrificación, los centros de datos y la inteligencia artificial están detrás de buena parte del aumento de la demanda de energía, también lo están detrás de una presión creciente sobre las materias primas necesarias para sostener esa transformación. Cobre, litio, níquel y tierras raras se han convertido en piezas esenciales de este proceso, al tiempo que el vehículo eléctrico y la transición energética amplían sus necesidades. Tirso de Linos Álvarez, Sales Manager de Rothschild Asset Management, considera que esta combinación podría estar dando paso a un nuevo ciclo para los metales. El fuerte aumento previsto del capex en inteligencia artificial y las necesidades de electrificación deberían seguir sosteniendo la demanda, mientras los metales han empezado a mostrar un comportamiento menos dependiente del ciclo manufacturero. Sin embargo, el sector minero mantiene un peso reducido en las grandes carteras frente a los grandes nombres tecnológicos y muchas compañías todavía no han trasladado plenamente a sus fundamentales el encarecimiento de las materias primas. 

La fotografía de los mercados, sin embargo, no se limita a materias primas y activos reales. El repunte de la inflación, la energía y los tipos ha complicado el escenario de inversión, aunque la resistencia de la economía está evitando un giro abiertamente defensivo. En este contexto, Alejandro Vidal, responsable de Asesoramiento de Inversiones de Deutsche Bank España, explica que la entidad ha neutralizado su exposición a renta variable y está aumentando gradualmente la duración en renta fija, donde encuentra valor tanto en bonos de corto plazo como en deuda de mayor calidad con rentabilidades cercanas al 4%. También en bolsa está cambiando el foco de atención. Para Deutsche Bank, la inteligencia artificial está entrando en una nueva fase en la que el mercado pasa de valorar principalmente el desarrollo de modelos y la infraestructura a fijarse en la adopción de la tecnología por parte de empresas capaces de mejorar su productividad y reducir costes. Ante la incertidumbre, la entidad apuesta por diversificar las coberturas entre deuda de calidad, bonos de mayor duración, divisas y oro, en lugar de concentrarlas en un único activo refugio. Además, ha incrementado el peso relativo de Europa frente a Estados Unidos y emergentes.

Europa aparece así de nuevo en el radar, no solo como una alternativa geográfica, sino como un terreno donde los gestores están encontrando compañías cuyo potencial no siempre coincide con la percepción general sobre la región. El fondo Horos Value Internacional mantiene alrededor del 60% de su cartera en Europa y encuentra valor especialmente en compañías castigadas por el mercado, como Acerinox y Aperam, donde considera que la tesis de inversión se ha ido cumpliendo y que el mercado empieza a reconocerla. Así lo explica Miguel Rodríguez, gestor de Horos AM, que también destaca oportunidades en compañías como Booking Holdings, penalizada por los temores al impacto de la inteligencia artificial, y Suzano, el mayor productor mundial de celulosa. La gestora basa su estrategia en invertir en compañías con ventajas competitivas, poca deuda y equipos directivos sólidos, adquiridas a valoraciones que permitan contar con un margen de seguridad, y mantiene actualmente una liquidez inferior al 10%.

Dentro de ese mapa europeo, el sector industrial ocupa un capítulo propio. Ha atravesado un verano complicado pese a la mejora del ciclo macroeconómico, penalizado por el agotamiento de algunas compañías vinculadas al despliegue de la inteligencia artificial, el shock de oferta del petróleo y el peor comportamiento reciente de las compañías aeroespaciales y de defensa europeas. Sin embargo, el deterioro bursátil no se ha trasladado con la misma intensidad a los fundamentales. Según Wolf von Rotberg, estratega de renta variable de J. Safra Sarasin Asset Management, la situación podría mejorar en los próximos meses. La inversión de los grandes proveedores de servicios en la nube continúa creciendo y debería seguir sosteniendo la demanda de infraestructuras vinculadas a la IA, mientras que una eventual recuperación del suministro de petróleo aliviaría la presión sobre las aerolíneas. En Europa, además, el aumento del gasto en defensa, especialmente en Alemania, podría ofrecer apoyo a los beneficios del sector. A pesar del peor comportamiento bursátil, el momentum de beneficios de las compañías industriales se mantiene sólido y las valoraciones han retrocedido desde los máximos de comienzos de año, un contexto en el que JSS AM mantiene una visión constructiva sobre el sector, especialmente si el entorno macroeconómico continúa siendo favorable en Estados Unidos y Europa.

La misma combinación de tecnología, energía e inversión en infraestructuras abre, además, un escenario que hasta hace poco parecía reservado a la ciencia ficción: la carrera por llevar la producción energética al espacio. La carrera espacial entra en una nueva fase en la que la energía puede convertirse en el próximo gran campo de batalla tecnológico. Aunque EE. UU. mantiene una clara ventaja gracias a SpaceX y Starlink, China está acelerando su programa espacial mediante grandes inversiones, lanzadores reutilizables y producción a gran escala. El objetivo va más allá de las comunicaciones o la observación: Pekín aspira a generar electricidad mediante enormes paneles solares en órbita para alimentar centros de datos de inteligencia artificial, futuras infraestructuras lunares o incluso transmitir energía a la Tierra. 

Y mientras estas grandes tendencias redefinen sectores enteros, una parte del mercado empieza a mirar también hacia compañías que han quedado fuera del foco durante los años de concentración en las grandes tecnológicas. Las small caps podrían afrontar así una nueva etapa tras una década de fuerte concentración del mercado en las grandes compañías tecnológicas. Erik Esselink, fundador, Managing Partner, CIO y gestor de West Bay Partners, considera que las valoraciones actuales, la recuperación de la inversión fundamental y el avance de la inteligencia artificial están ampliando de nuevo el mercado y creando oportunidades en las pequeñas compañías, especialmente en Europa, Reino Unido y Escandinavia. Su estrategia se centra en empresas con negocios duraderos, una tesis de inversión diferenciada y una valoración asimétrica, buscando además limitar el riesgo mediante posiciones de tamaño controlado. 

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