El BCE acaba de volver a subir los tipos por el repunte de la inflación y ahora todas las miradas están puestas en la Fed. ¿Crees que estamos entrando de nuevo en un escenario de tipos altos durante más tiempo? ¿Qué debería cambiar un inversor en su cartera ante este nuevo contexto?

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Nos encontramos ante un escenario higher for longer, es decir, tipos de interés más elevados durante más tiempo. Sin embargo, esto no supone necesariamente una tormenta de tipos como la vivida en 2022. Las intervenciones de los banqueros centrales apuntan a que serán menos complacientes con la inflación y con el mercado ante un entorno más volátil desde el punto de vista geopolítico y mientras dure el shock de oferta. Los incrementos en los tipos de interés no generan más oferta de petróleo, pero sí evitan que las alzas de precios se trasladen a salarios y servicios, previniendo un mal mayor en la economía.

El petróleo vuelve a superar los 100 dólares por las tensiones geopolíticas. ¿Hasta qué punto crees que este nuevo shock energético cambia las perspectivas para las bolsas? ¿Qué sectores pueden salir beneficiados y cuáles perjudicados?

La clave no es tanto el precio actual del barril, sino cuánto tiempo se prolongarán estos niveles. Un barril por encima de los 100 dólares actúa prácticamente como un impuesto para las economías, sobre todo para las más dependientes energéticamente como la europea.

Reducir la lectura del mercado a «la energía gana y lo demás pierde» sería una simplificación incorrecta. Si bien las petroleras y las empresas de refinado han tenido un desempeño extraordinario durante la primera mitad de 2026, ganan protagonismo los activos reales: compañías con colateralización en activos físicos difíciles de replicar que aportan descorrelación frente a la renta variable y fija tradicional, además de cobertura frente a la inflación. Todo ello sin olvidar la inteligencia artificial, que impacta de forma transversal en toda la economía.

En contraposición, los sectores más vulnerables son aquellos intensivos en energía con márgenes estrechos, tales como las aerolíneas, las industrias pesadas o el consumo discrecional.

Después de las fuertes subidas vinculadas a la inteligencia artificial, empiezan a surgir más dudas sobre las valoraciones del sector tecnológico. ¿Sigue siendo la IA una oportunidad de inversión o crees que el riesgo de estar pagando demasiado empieza a ser mayor que el potencial de crecimiento?

La inteligencia artificial continúa siendo el gran motor de crecimiento en los mercados. Su impacto no se limita a las empresas desarrolladoras, sino a todo un ecosistema sectorial que incrementa la productividad, mejora los márgenes y genera mayores retornos para los inversores.

Aunque las valoraciones puedan parecer exigentes en precio, resultan razonables si se consideran las proyecciones de crecimiento a largo plazo. A pesar de que algunos referentes del sector hayan sugerido desacelerar el desarrollo de nuevos modelos, la inversión en computación de datos e infraestructuras digitales no se detiene. Las correcciones puntuales del mercado representan ventanas de entrada atractivas para construir posición.

Europa ha quedado durante años a la sombra de Wall Street, pero ahora encontramos bancos, industriales, defensa, infraestructuras y otras compañías europeas con buenos fundamentales. ¿Crees que ha llegado el momento de aumentar el peso de Europa frente a Estados Unidos? ¿Dónde estás viendo más valor?

La asignación entre Estados Unidos y Europa no debe plantearse como una decisión binaria. Un activo barato sin catalizadores de crecimiento puede mantenerse infravalorado durante un periodo prolongado. Europa cuenta con motores claros: mayor gasto en infraestructuras y defensa, impulso industrial y un sector bancario muy favorable, si bien su tejido empresarial mantiene una alta sensibilidad a eventos geopolíticos y energéticos.

Pese a estos riesgos, en el continente europeo cotizan multinacionales punteras a escala global como Prysmian, ASML, Schneider o Vinci, las cuales aportan un valor sólido a cualquier cartera.

Con inflación, tensiones geopolíticas y bolsas con valoraciones exigentes, ¿cómo construirías hoy una cartera equilibrada para un inversor que quiere proteger su patrimonio pero no quedarse fuera de las oportunidades? ¿Qué papel deberían tener la renta fija, la bolsa, el oro, los activos reales y la liquidez?

Diseñar una cartera condicionada a un único escenario macroeconómico (sea de crecimiento, inflación o recesión) es un error. Ante la dispersión de escenarios actuales, la estructura debe ser resiliente en múltiples entornos.

La renta fija vuelve a tener un papel relevante gracias al repunte de las TIRes, mientras que la renta variable se mantiene como el motor de crecimiento y cobertura contra la inflación a largo plazo. Por su parte, los activos reales han pasado de ser una apuesta táctica a un componente estructural clave. En el fondo que asesoramos dentro de La Muza Gestión SICAV, combinamos infraestructuras, materiales básicos, real estate y agribusiness; empresas con capacidad para trasladar costes al consumidor y respaldadas por activos tangibles. Finalmente, mantener cierta liquidez estratégica permitirá aprovechar correcciones de mercado y capturar oportunidades a precios más atractivos.