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Cuando hablamos de “autonomía estratégica europea”, ¿de qué estamos hablando realmente?
Elena Armengol: Suena muy grandilocuente hablar de autonomía estratégica, pero en realidad estamos hablando de reducir las vulnerabilidades que tiene Europa. En estos últimos años nos hemos dado cuenta de ellas con mucha claridad. Ha llegado la guerra de Ucrania y hemos comprobado nuestra dependencia del gas de Rusia, por lo que necesitamos ser mucho más independientes en nuestra propia energía.
También nos hemos dado cuenta, con la llegada de Trump y toda la guerra comercial, de que estamos un poco solos. A eso se suma la inversión en defensa, un ámbito que Europa ha dejado bastante abandonado durante estos años, así como nuestra dependencia de minerales críticos y tierras raras.
En definitiva, la autonomía estratégica consiste en reducir todo lo posible esa dependencia del exterior y ser mucho más autosuficientes. Eso es la autonomía estratégica europea.
Cuando se habla de autonomía europea enseguida pensamos en defensa. ¿Nos estamos perdiendo una parte mucho mayor de la historia?
Pedro Santuy: Es cierto que la defensa es una parte muy importante de esta nueva transformación que estamos viviendo a nivel continental, pero es solo una pequeña parte. También hay que tener en cuenta todo lo relacionado con la energía y sus infraestructuras, los semiconductores, los medicamentos y muchas otras temáticas y subtemáticas que forman parte de esta transformación que se está viviendo a nivel global.
La realidad es que tenemos que pensar qué se puede hacer para que Europa tenga un mayor nivel de independencia y para que podamos tomar decisiones sin estar influidos por otras potencias extranjeras.
En cuanto a la defensa en particular, sí es una subtemática a la que se puede acceder de una manera bastante sistemática y eficiente.
¿Por qué debería importarle todo esto a un inversor y no solo a los gobiernos europeos?
Elena Armengol: Debería importarle mucho porque es precisamente hacia ahí hacia donde va a dirigirse la inversión, tanto el capital público como el capital privado, durante los próximos años en Europa.
Se van a invertir en torno a 1,8 billones, que se dice pronto, precisamente en toda esa autonomía europea: en rearmamento y en incrementar la inversión en defensa, pero también en ser más independientes tecnológicamente.
Hemos visto que Estados Unidos tiene mucho poder desde el punto de vista tecnológico y Europa está intentando invertir en recursos propios. Por ejemplo, en todo lo relacionado con las tierras raras y otros materiales importantes para la fabricación, así como en el sector sanitario y en otros sectores estratégicos.
Realmente son ámbitos hacia los que va a dirigirse tanto capital privado como público. Por eso, el inversor tiene que tenerlo en cuenta, porque habrá empresas que crecerán tanto por la vía de la inversión pública y las subvenciones como por la llegada de capital privado.
Si tuvierais que dejarnos con una sola idea sobre esta nueva etapa europea, ¿cuál sería?
Elena Armengol: Yo diría que esta nueva etapa europea no es un sector, sino una transformación. Es una tendencia que ha empezado en los últimos dos años y en la que todavía tenemos mucho camino por delante.
Pedro Santuy: Una parte de esa transformación que menciona Elena es la defensa, que es una temática más limitada y a la que se puede acceder de forma sistemática y eficiente.

