El ex CEO de Microsoft ha cambiado la corbata para convertirse en el propietario de una franquicia de la NBA, los Ángeles Clippers, ¿cuáles son sus intenciones desde su retiro?
Cuando entró a formar parte de Microsoftallá por el 1980 seguramente jamás se iba a imaginar que iba a ser el propietario de un equipo de la NBA. Para el casi sexagenario de Detroit el baloncesto siempre había sido una de sus más predilectas aficiones. No llegaba al extremo pasional, pero sí que era un habitual de los eventos deportivos.

Con ese trasfondo dentro de su espectro más íntimo, se hizo fuerte en el terreno financiero. Lo dio todo por la compañía que apostó por él, la firma con sede en Redmond fundada por Bill Gates. De ser el primer gerente de negocios pasó a ser uno de los hombres de mayor confianza del ahora hombre más rico del planeta. Ganaba enteros a la vez que la compañía crecía en todas las facetas.

Y llegó el 27 de junio del año 2008. En ese instante su carrera profesional dio un vuelvo hasta alcanzar la mayor cúspide que todo emprendedor desea alcanzar. Se convirtió en el CEO de Microsoft sustituyendo a Gates. Lo que nadie, en un principio, se podía llegar a imaginar. A partir de entonces su pretensión fue la de dar un lavado de cara a la empresa. Algo que muchos analistas aún opinan que no logró efectuar.

Entre muchas acciones, buscó la renovación de la plataforma de Windows para móviles en una versión adaptada para las pantallas táctiles, puesto que las tabletas cada vez acaparaban mayor nicho de mercado. Sin embargo, los títulos de la empresa nunca tocaron los niveles máximos, mientras que uno de sus principales competidores, Apple, le comía la tostada con el lanzamiento de productos, por entonces, novedosos.

Finalmente Steve Ballmer decidió el verano pasado que era el momento de bajarse del barco y que llegasen caras nuevas para reformar el negocio por dentro. Para conseguir sacar mayores réditos a una empresa que se estaba quedando estancada en un panorama en el que lo tecnológico pitaba cada vez para un mayor número de personas.

Steve Ballmer se quitó la corbata. Sus más de 15.000 millones de dólares de fortuna, según la revista Forbes, atestiguaban que se marchaba con buen sabor de boca. Su sucesor, el hasta entonces director del negocio de la nube Satya Nadella, aterrizaba como líder de Microsoft con el mismo empuje, eso sí, que su predecesor, mientras que Ballmer estaba ya poniendo su objetivo en otras inversiones.

Hasta que le llegó la oportunidad para cumplir uno de sus sueños. Ballmer se aprovechó del escándalo de Donald Stearling, propietario de los Ángeles Clippers, debido a que reprendió a su novia con seriedad por acudir al pabellón del equipo con amigos negros. Esa estampa machista llevó al comisionado de la liga, Adam Silver, a tomar la decisión multarle con 2,5 millones de dólares y la obligación de vender la franquicia.

Ahí es donde entró en escena el ex CEO de Microsoft. El multimillonario de Michigan desembolsó 2.000 millones de dólares para adquirir la propiedad del equipo. Pero… ¿Por qué esta inversión tan elevada teniendo en cuenta que los agentes económicos consideran que la franquicia no llegaría a tal valor hasta 2026?

“Ballmer está haciendo una compra por vanidad”, opina el economista Andrew Zimbalist, al mismo tiempo que Los Angeles Times informaba que Economic Policy Institute’sLawrence Mishel dijo que la operación refleja “como una persona enormemente rica se compra un juguete”.

De hecho, Forbes consideraba que los Clippers tenía un valor de mercado real en 575 millones de dólares. Es decir, alrededor de un 70% menos de lo que desembolsó Ballmer.

¿Cómo justifica, entonces, esta inversión? Durante la última década, los valores de las franquicias de la NBA han aumentado en un promedio anual del 11%, según apunta 247 WallSt. Aunque Ballmer podría acelerar este porcentaje en caso de que los Clippers alcancen éxitos deportivos, el análisis de la realidad hace que se antoje bastante difícil y que suscite a pensar que la inversión la ha realizado por puro divertimento exclusivamente.

Por otro lado, sus declaraciones son las que haría un niño con zapatos nuevos. "Tengo grandes sueños para el equipo y me encantaría ganar el campeonato”, aseguraba ilusionado. “Me encantaría que los Clippers sea el equipo más vibrante”, añadía en declaraciones a LA Times. Ahora solo falta por ver si ese juguete le sale defectuoso o no. Para él, ya se ha ganado la jubilación.

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