
La dificultad radica en identificar aquellas compañías que están infravaloradas desde un punto de vista fundamental. Si una empresa acumula una caída de un 50% en los últimos dos años, puede ser porque el mercado no haya sabido ver el valor de su negocio. Pero también puede ser que simplemente esté mal gestionada. Por ello, es necesario conocer al dedillo el negocio y el entorno en el que se mueven cada una de las empresas en las que se está interesado. De este modo, se podría decir que la gestión Value consiste en analizar rigurosamente las compañías y entender sus negocios, para tratar de determinar el valor intrínseco de las mismas. Una vez hecho este ejercicio, dicho valor intrínseco se contrasta con su precio de mercado para identificar si las empresas cotizan con descuento y hay por tanto un buen margen para que sean una buena oportunidad de inversión. Siempre pensando más en el largo plazo y, muchas veces, armándose de paciencia.
“Desde la crisis financiera global, el value ha tenido a menudo dificultades para proporcionar su ventaja histórica”, reconoce Pierre Debru, Head of Research, Europe, WisdomTree. Un periodo prolongado de tipos de interés ultra bajos, el auge de las empresas tecnológicas con bajo uso de capital y un mercado liderado por el factor growth y el momentum han puesto a prueba las señales tradicionales de valoración. Sin embargo, “la lección de la última década no es que la inversión value esté rota, sino que la forma de identificar el valor debe adaptarse. Métricas simples como la relación precio-valor contable son cada vez menos capaces de captar el valor real de las compañías en una economía marcada por los activos intangibles y la eficiencia del capital”.
En este contexto, la rentabilidad para el accionista ofrece una definición de valor “más contemporánea e intuitiva”, considera el experto. La rentabilidad para el accionista mide el capital total que una empresa devuelve a los accionistas a través de dividendos y recompras netas de acciones. La incorporación de ambos canales proporciona una visión más completa de cómo la dirección utiliza el exceso de caja y demuestra disciplina en la asignación de capital. “Esto es especialmente relevante hoy, ya que las recompras se han convertido en un mecanismo principal para devolver capital, en muchos casos rivalizando o superando en volumen a los dividendos”.
Más allá de los sectores tradicionales
Tradicionalmente se ha asociado la inversión value a determinados sectores muy específicos, como bancos, energéticas, consumo básico o aseguradoras, pero es preferible “evitar etiquetarnos”, aconseja Alejandro Martín Toledo, gestor de fondos y socio de HOROS AM. “Si encontramos empresas atractivas con un buen perfil de crecimiento, allí estaremos. Para nosotros el value investing es invertir con sentido común, y eso recoge oportunidades de todo tipo donde la rentabilidad/riesgo es favorable para nuestros inversores”.
“El uso de métricas tradicionales tiende de forma sistemática a inclinarse hacia los mismos sectores, como la banca, las energéticas y las utilities, y se aleja drásticamente de otros, como los servicios de comunicación o la tecnología de la información”, abunda Debru. El empleo de métricas value más modernas, como la mencionada rentabilidad para el accionista, “ayuda a minimizar este sesgo”. En la práctica, “este enfoque nos permite identificar ‘valor’ en sectores que antes carecían de generación de flujo de caja libre y de políticas sólidas de recompras y dividendos”.
Por ejemplo, “partes del segmento tecnológico de mega capitalización y determinadas compañías globales de telecomunicaciones pueden ahora incorporarse al universo value junto a sectores más tradicionales como el financiero, el energético, el industrial y el de bienes de consumo básico”. “Esto hace que la infraponderación de los sectores de consumo discrecional o tecnología de la información sea mucho menos pronunciada, o incluso se revierta, y contribuye a que la inversión value evolucione desde una apuesta sectorial reducida hacia una exposición más diversificada a compañías disciplinadas en la forma en que devuelven capital a los accionistas”, destaca el experto de WisdomTree.
La idea es “invertir en negocios que entendemos, con ventajas competitivas claras, solidez financiera, una buena gestión de capital y por supuesto al precio adecuado”, añade Martín. “Invertir con margen de seguridad nos protege siempre de los potenciales errores de inversión que podamos cometer”.
Una pregunta que se suelen hacer los inversores es si hay un ciclo económico que sea más óptimo para el value. “Esto es muy fácil verlo a posteriori pero muy difícil verlo cuando estás dentro, por eso la valoración es lo único que nos puede proteger”, señala Martín, de HOROS AM. “No todos los ciclos son iguales ni todas las empresas se comportan igual durante un ciclo concreto. En general comprar barato y con un balance sólido con poca deuda suele ser lo que nos protege de encontrarnos un entorno más hostil del que inicialmente preveíamos”.
Huida hacia la calidad
Al hacer balance de 2025, aunque la inteligencia artificial (IA) siguió siendo un tema clave para el mercado bursátil mundial, no impulsó una rentabilidad superior en la misma medida que en 2024 y 2023. Como resultado, los mercados con menor exposición a la IA, como Europa y Japón, superaron a la renta variable estadounidense. Pero, quizás más importante, “el factor value superó de forma significativa al resto de factores en todas las regiones”, explica Debru, de WisdomTree. En EEUU, el value batió al mercado en un 14,5% a lo largo del año. Este factor lo hizo aún mejor en Europa (+15,3%) y en los mercados emergentes (+21,6%), según los cálculos de la gestora. En conjunto, “la atención de los inversores se desplazó hacia compañías generadoras de caja y se alejó de la estrecha temática de la IA en EEUU, lo que dio lugar a una clara ampliación del mercado”.
De cara al futuro, “a medida que el crecimiento se estanca o se desacelera a nivel global y las presiones inflacionistas se mantienen elevadas, hemos observado que los inversores se están orientando hacia compañías con solidez de balance, estabilidad en los dividendos y resiliencia operativa”, apunta Debru, que menciona empresas con capacidad de fijación de precios, bajo apalancamiento y fuentes de ingresos diversificadas en sectores como industriales, salud y consumo básico. “Estas son señales claras de que el mercado está entrando en una fase tardía del ciclo. En esta etapa del ciclo, suele producirse una huida hacia la calidad, lo que da lugar a un mejor comportamiento de los valores de menor riesgo o mayor calidad”.
Es habitual que la inversión value mezcle bien con la inversión en calidad (quality). Si la primera, como hemos visto, se centra en buscar compañías infravaloradas, la segunda va dirigida a identificar empresas financieramente sólidas, con ventajas competitivas sostenibles, balances robustos, beneficios estables y altos retornos sobre el capital. El objetivo, minimizar riesgos. “En HOROS AM la calidad la entendemos como las ventajas competitivas que tiene una compañía y es uno de los cinco pilares a la hora de analizar una empresa”, destaca Martín. “Eso sí, al precio adecuado. No somos partidarios de comprar una compañía al precio que sea por ser un grandísimo negocio. Eso es un caldo d e cultivo perfecto para ver la compañía caer un 50% cuando las estimaciones varían levemente con respecto a lo que se esperaba”.
“Aunque nosotros preferimos analizar empresa por empresa y nos cuesta hablar en términos agregados, vemos más valor en compañías con perfil más cíclico, en línea con el tipo de inversiones que el inversor ha preferido evitar en los últimos años”, explica el experto.
El ejemplo de Warren Buffett, el oráculo de la inversión value
No se puede hablar de inversión value sin mencionar a Warren Buffett, que acaba de colgar las botas tras una trayectoria de 60 años que es la mejor muestra de que el conocimiento y paciencia forman una mezcla de éxito en la Bolsa. Cuando el Oráculo de Omaha tomó los mandos de Berkshire Hathaway, por aquel entonces una fábrica textil en crisis, las acciones cotizaban en los 19 dólares. Cuando en enero de este año pasó el testigo a Greg Abel, estaban por encima de los 750.000 dólares, lo que representa una ganancia de aproximadamente el 3.950.000%.

La primera década del mandato de Buffett casi podría definirse como aburrida, centrado en la reestructuración de la compañía, mientras que el punto de inflexión llegó en los 70 y 80, cuando dejó atrás definitivamente el sector textil y empezó las compras de acciones, primero en el sector de seguros, y ya en los 90 en compañías como Coca Cola o American Express. Durante la burbuja de las puntocom se quedó rezagado sin entrar en la locura del mercado, pero comenzó a brillar, sobre todo, en la crisis financiera global de 2008, cuando salió al rescate de compañías del calado de Goldman Sachs o General Electric.
A partir de la década de 2010, Berkshire se convertía en un holding diversificado que abarcaba sectores tan diversos como seguros, ferrocarriles o energía, con mención especial de su entrada en la tecnológica Apple en 2016. El gigante de la manzana mordida, sigue siendo la principal posición en cartera de Berkshire (19,6%), aunque lejos de los guarismos cercanos al 50% que llegó a representar.
Con la jubilación de Buffett, el gráfico bursátil refleja la verdad mejor que cualquier homenaje: no se trataba de cronometrar los mercados, sino de construir una cartera que hiciera que el tiempo trabajara más duro que nadie.
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