El indicador de Normalidad Global mejora sus ratios y sus valoraciones -la nota global y las ocho calificaciones intermedias que otorgan el expediente general- desde el febrero pasado, inicio de las campañas de vacunación por la mayor parte de las latitudes del planeta, pero parece haberse ralentizado en junio. El resultado del cálculo -cuyos ocho parámetros se agrupan en tres bloques: transporte y viajes, ocio y entretenimiento y comercio minorista y trabajo- arroja una alta dosis de incertidumbre. Sobre si el trabajo en remoto perdurará de forma más o menos intensiva o sobre si se restablecerá, por ejemplo, la predisposición ciudadana a acudir a salas de cine. Con el consiguiente negocio y capacidad retributiva que suponen estos dos modus operandi.

El índice de The Economist es especialmente significativo porque cubre a las 50 mayores economías que, en conjunto, totalizan el 90% del PIB y al 76% de la población mundial. Con medidas ponderadas de peso demográfico y económico de cada país, que impulsan el indicador al índice 100 -nivel de referencia previo a la pandemia-, pero sin llegar a aproximarse lo suficiente como para dar por finalizada la recuperación. Porque, a tenor de su evolución, en junio el barómetro se situó los 66 puntos. Es decir, que la reactivación ha recorrido las dos terceras partes del escenario que había antes de la epidemia. Cómputo que se actualiza semanalmente. Con algunos indicadores, como la congestión de tráfico o el tiempo empleado fuera del hogar, en cuotas notables, frente a la baja intensidad de asistencia a eventos deportivos o vuelos comerciales. Aunque también bajo una extensa variación de registros, en función de los países.

Sin embargo, la conclusión es contundente. Ninguna economía ha retornado plenamente a una etapa de normalidad. Sólo China se situó en tal estadio al comienzo del Año Lunar, al comienzo de febrero, pero ha descendido hacia mitad de la tabla del ranking por la sucesión de contagios. Hong-Kong y Nueva Zelanda son los dos territorios con mejores resultados de lucha contra el coronavirus, que cierra Malasia, la nación más afectada por nuevos episodios de la epidemia en Asia. En especial, la variante Delta.   

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En las dos últimas semanas de junio, India registró la mayor escalada, tras salir de un mes, el de mayo, con una elevadísima concentración de incidencias, colapsos hospitalarios y fallecimientos que la relegaron a las últimas posiciones del indicador. Mientras Sudáfrica ha protagonizado el descenso más pronunciado por las nuevas restricciones sociales para contener las infecciones. La afluencia y el uso de los transportes públicos han sido el motor del avance, que ha ocasionado también un rebote notable del tráfico rodado, especialmente, en grandes capitales. Por contra, el tránsito aéreo ha sido uno de los negocios que evoluciona con mayor lastre por la prohibición de acceso de los gobiernos. También la actividad cultural y deportiva sigue mermada. Después de que, en abril de 2020, cuando se concentraron los cierres perimetrales más férreos, durante el que sus ingresos cayeron a cero.

Las perspectivas del estudio apuntan a que los cines podrían no recuperarse nunca. Dada la proliferación del negocio audiovisual online. Dentro de un clima empresarial y consumidor en el que predomina de manera nítida el e-commerce. Como lo revela el hecho de que Zoom y Amazon hayan salido airosos de sus negocios e incrementado de forma excepcional sus cuentas de resultados. O el que los trabajadores se inclinen por mantener las cotas de flexibilidad del trabajo en remoto. Hasta el punto de que los edificios de oficinas tienen casi imposible volver a la normalidad perdida.  

El largo adiós de la pandemia ha surgido casi de improviso. Sin avisar. Cuando se han superado los 3.000 millones de vacunaciones en todo el mundo. La profusión de variantes, con mayores índices de contagios, ha frenado la reanudación de la actividad socio-económica. Aunque, según el barómetro del semanario británico, se coloca en el doble del nivel que marcaba en abril del pasado ejercicio. Pero la aparición de las variantes ha revertido la tendencia. En Malasia, el ritmo infeccioso, por ejemplo, es seis veces superior al de enero. Las vacunaciones fluyen de manera insatisfactoria aún en numerosos países.

En los subsaharianos, sólo el 2,4% de su población con más de 12 años han recibido una dosis. Incluso en EEUU, en estados como Mississippi o Alabama el índice de vacunados completos apenas roza el 30%. Pese a que se espera que, a la conclusión de 2021, se hayan suministrado más de 11.000 millones de inoculaciones en todo el mundo, los servicios sanitarios no están alcanzando los objetivos previstos.

En especial, en estos meses del ecuador del ejercicio, en los que han irrumpido, entre otras, la variante Delta, con una capacidad de contagio tres veces superior al coronavirus que emergió en Wuhan. Y ya es la dominante en naciones como Reino Unido. Motivo por el que, desde las economías de rentas altas, las que se distancian del resto en efectividad de campañas de vacunación, se aplican restricciones de viajes -de nuevo y en mayor o menor medida- con las dos terceras partes del planeta.

En un momento de profundos cambios. Con uno de cada tres estadounidenses apoyando seguir con el trabajo en remoto toda la jornada semanal y exigiendo normas laborales más flexibles y con mayores derechos al trabajador. O repuntes del 21% de las aplicaciones de atención médica online entre los ciudadanos británicos. Y una profusión nunca vista en las últimas dos décadas de nuevos negocios de emprendimiento -creación de empresas- individual o colectivo en países como EEUU, al calor de los subsidios procedentes de los planes de estímulo fiscal. Mientras toma forma una etapa de transformaciones fulgurantes, desde viajes espaciales hasta la ingeniería genética o los fulgurantes avances en Inteligencia Artificial (IA). Al tiempo que se aceleran la era de la revolución digital, el combate contra el cambio climático o el ascenso geoestratégico chino que pone al filo del abismo el orden global occidental. “La pandemia potenciará aún más todos estos cambios de paradigma”, anticipa The Economist.