Manuel López Torrents es periodista económico, titulado por la Universidad Complutense de Madrid. Ha ejercido su profesión en medios como El Boletín, El Economista, El Confidencial, Negocio & Estilo de Vida, Vozpópuli, La Política Online (Argentina-México) y Estrategias de Inversión.
Además, ha sido colaborador en Mi Cartera de Inversión, Onda Cero, Libertad Digital TV, Gestiona Radio, Invertia, Radio Cooperativa (Chile), America Economía (Chile), Cuarto Poder y 8 TV Mediterráneo. Fue promotor y fundador del Spain Investors Day y es autor de De la Bolsa a la Gloria (Ediciones Destino, 2013).
Este Mundial vuelve a señalar a España como país excelente. Muchas veces lo somos, sin darnos cuenta. La sociedad civil y la empresa hacen bien las cosas. Sin embargo, hay demasiados intereses que se empeñan en enfrentarnos, casi siempre políticos. En 2010, en un momento muy parecido al actual, también fuimos señalados como depósito de excelencia, pero los siguientes años han sido terribles. Estamos ante la oportunidad de no repetir el fiasco, que ha sido enorme.
España y Europa saben que tienen un problema de competitividad. Se ha diagnosticado en informes, cumbres, discursos y planes estratégicos. El retraso tecnológico frente a Estados Unidos y China, es palpable, así como la debilidad de sus mercados de capitales, su menor capacidad para transformar la investigación en empresas globales y las dificultades de su industria para competir bajo unos costes energéticos y administrativos muy superiores.
Entrevistamos a Carol Rodríguez Rivera, directora de Regulación Financiera de finReg360, sobre los desafíos regulatorios que lastran la competitividad europea, la necesidad de simplificar el marco normativo y las carencias de los mercados de capitales de la UE. La experta analiza las iniciativas impulsadas por Bruselas para corregir estas deficiencias y reforzar la integración financiera. Subraya que Europa ahorra más que Estados Unidos, pero canaliza una parte significativa de ese capital hacia los mercados estadounidenses por su mayor profundidad y atractivo.
En una de las profundísimas conversaciones que sostengo con todo aquel que me aguanta, le refería a un importante economista mis eternas cuitas sobre una sociedad más cívica y culta. Su respuesta fue interesante: “olvídate, en primer lugar, colapsaría la economía”. La industria del consumo hedonista vacío es masiva.
Buen anuncio de Banco Sabadell; un pequeño corto en el que unos empleados le compran la panadería al jefe fundador. Es una de las mejores soluciones para la empresa. Cada vez que una compañía española entra en un proceso de venta, el mercado da por hecho que se adjudicará a un competidor industrial más grande, o una gran multinacional. O se acabará liquidando. Sin embargo, existe una fórmula mucho menos conocida y, en muchas ocasiones, mucho más eficiente: que la compren quienes llevan años trabajándola.
China es, probablemente, la gran historia económica de este siglo. Ha crecido enormemente, ha levantado ciudades enteras, lidera sectores como el coche eléctrico o las baterías y ya disputa a Estados Unidos el liderazgo tecnológico en numerosos campos como la IA. Todos los días vemos en redes avances que nos dejan maravillados. Pero su Bolsa no tira. ¿Y eso?
Ricardo Gil, Director de Inversiones de TREA AM, destaca que el mercado afronta una segunda mitad de 2026 más compleja, con posibles correcciones en verano. Considera que la macroeconomía sigue sólida, aunque algunas valoraciones parecen demasiado optimistas. Afirma además que las small y mid caps destacan como una oportunidad olvidada y que se espera volatilidad en verano, aunque como oportunidad de entrada en el mercado.
El Siglo XXI está siendo una calamidad absoluta. Pero no es culpa de tal o cual político. Eso sólo es la consecuencia. La causa es la resistencia a cerrar una era, la contemporánea. Ya lo hemos dicho: lo viejo no acaba de morir, lo nuevo no acaba de nacer.
Recuperar el concepto ‘confiscatorio’. Recuperar la defensa del contribuyente. Eliminar trabas al capital. Cuestionar la progresividad fiscal, que se ha convertido en dogma. Cambiar una percepción profundamente arraigada: el patrimonio de los ciudadanos es un recurso del que la Administración puede disponer a voluntad. El dinero público no es el dinero del Estado. La Administración no es el Poder. El capital es la base del desarrollo y hay que incentivarlo, no gravarlo.
Durante décadas, el fútbol fue un negocio emocional. Los presidentes hablaban a los aficionados, los entrenadores a la prensa deportiva y los jugadores lo hacían en rueda de prensa o en los programas de radio. Todo eso ha cambiado.