Manuel López Torrents es periodista económico, titulado por la Universidad Complutense de Madrid. Ha ejercido su profesión en medios como El Boletín, El Economista, El Confidencial, Negocio & Estilo de Vida, Vozpópuli, La Política Online (Argentina-México) y Estrategias de Inversión.
Además, ha sido colaborador en Mi Cartera de Inversión, Onda Cero, Libertad Digital TV, Gestiona Radio, Invertia, Radio Cooperativa (Chile), America Economía (Chile), Cuarto Poder y 8 TV Mediterráneo. Fue promotor y fundador del Spain Investors Day y es autor de De la Bolsa a la Gloria (Ediciones Destino, 2013).
El último enfrentamiento entre Red Eléctrica y las compañías eléctricas, tras el apagón, ha vuelto a poner el foco en el sistema eléctrico español. Como siempre, cruce de reproches y escaqueo de responsabilidades: unos apuntan a la generación, otros a la red. El regulador observa, el Gobierno pide explicaciones… y todo queda en una discusión técnica que apenas roza el problema real y que, por supuesto, deja al ciudadano fuera del debate. Mientras tanto, en las casas, la transición energética se gestiona con regletas, ladrones y una cierta fe en que aquello no salte por los aires.
¿Se imaginan un partido que llevara en su programa electoral un fuerte proceso privatizador, rigor presupuestario, bajadas de impuestos, cumplimiento de los criterios de Maastricht (también olvidados), impulso al capital y al ahorro y, por tanto, creación del capitalismo popular? Impensable en toda Europa, ¿verdad? Pues en España hubo uno que lo hizo, lo aplicó y la sociedad le premió con mayoría absoluta.
Entrevistamos a Santiago Satrústegui, fundador y presidente de Abante. En un momento en el que los mercados desafían la lógica geopolítica y las sociedades occidentales aún arrastran las secuelas de la crisis de confianza iniciada en 2008, Satrústegui reivindica el papel central del capital privado como motor de crecimiento. Con más de tres décadas de experiencia y al frente de Abante, el directivo defiende que el futuro pasa por reconstruir una relación sana entre inversores, empresas y políticas públicas. En esta conversación, advierte: sin un mercado de capitales fuerte, Europa no podrá competir con gigantes como China o Estados Unidos, y subraya la necesidad de recuperar la confianza, el ahorro y la ambición económica en un entorno marcado por la incertidumbre y la transformación tecnológica.
El mejor no pertenece a un gran grupo bancario ni tampoco es de una gestora puramente independiente, sino a una aseguradora. Pero también hay bancos con grandes cifras.
Menudo gatillazo. Europa ya se relamía. Tensión en el estrecho de Ormuz, repunte del petróleo, la amenaza de inflación energética… todo encajaba con un patrón que empieza a ser demasiado familiar. Crisis geopolítica, precios al alza, temor social… y acto seguido, propuesta fiscal extraordinaria. Una vez más.
Esta es la frase que se encuentran los sectores de la economía cada vez que van a una autoridad (estatal o europea) a pedirle medidas de dinamización de su sector: “Sí a los incentivos, pero sin que baje la recaudación.” Y, claro, así es muy difícil incentivar nada. Una especie de “vuelva usted mañana” en versión fiscal.
Hay que proteger y mejorar nuestro patrimonio. Pero patrimonio no sólo es nuestro dinero. Nuestro equipaje financiero tiene que ir dentro de otros dos patrimonios.
El Gobierno ha encontrado una nueva fórmula para intervenir en la empresa privada: lo llama “democratización”. ¿Quién podría oponerse a la democracia? El problema es que, cuando se traduce al lenguaje económico real, la propuesta tiene poco que ver con democracia y mucho con redistribución forzada de propiedad.
Ser pro empresa es estar a favor del empleo y el crecimiento
Europa lleva años con una terrible pulsión: cuando algo sale mal, la respuesta es más regulación. El espíritu fundacional del Mercado Común, tras la Segunda Guerra Mundial, basado en más democracia, más libertad y más mercado (de ahí el nombre), ha saltado hecho añicos, por una voracidad recaudatoria con ariete regulatorio.