Las ‘Smart Cities’ buscan sus espacios de progreso en un ciclo de negocios inestable

Las ciudades no han permanecido ajenas a esta vulnerabilidad. De toda índole: muy en especial, geopolítica, pero también económico-financiera y bursátil. Esta tesitura, sin embargo, no impide que se esconda una realidad inexorable, que cualquier urbanización no planificada engendrará problemas de sostenibilidad, de polución, de empobrecimiento poblacional o de saturación de las redes de infraestructuras. Las smart cities -avisan en Mott MacDonald, consultora británica- establecen una relación de costes-beneficios son el cóctel de iniciativas ideales para incentivar la productividad, prestigiar centros académicos, mejorar la salud física y mental y, por supuesto, crear atractivo y valor en sus negocios y servicios con nuevos mecanismos digitales para elevar la movilidad y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera, con métodos para que los agentes económicos eliminen sus huellas de carbono y recetas política que incrementen los espacios verdes.  

Acciones regenerativas que espolearán el dinamismo y la creación de empleo y crearán inclusión social. En la práctica supone permisos planificados de licencias de obras para infraestructuras y edificios, con sistemas de ingeniería y de tecnología que contribuyan a revertir la degradación del planeta, de forma que se activen ecosistemas que configuren beneficios mutuos: sostenibles y económicos, en la industria y los inversores. En algunos de estos proyectos se han modificado regulaciones que, entre otras medidas, exigen al menos el 10% de biodiversidad en sus ingresos netos o inversiones económicas y de empleo de sus hábitats locales. A través de una estructura de proyectos multidisciplinares, diseñadores urbanísticos, arquitectos, ingenieros, propietarios de startups y empresas multinacionales dirigidos desde las administraciones, lo que les confiere una necesaria instrumentalización institucional, con el apoyo constante de la esfera académica y profesional. 

El simbolismo también juega un papel determinante. Restaurar tecnológica y energéticamente, por ejemplo, las estructuras hospitalarias o poner en liza ecosistemas, métodos de resiliencia climática, de inclusión social, de fortalecimiento económico o de biodiversidad forma parte del ADN de las smart cities. De igual modo que la expansión del urbanismo sostenible, de parques y espacios peatonales que conjuguen soluciones de cohabitación equilibrada entre las diferentes fórmulas de movilidad urbana y la pax social, el aire limpio y la calidad de vida. Para lo cual, las políticas de modelación de datos y de monitorización y digitalización de infraestructuras, planes de biodiversidad, economía circular y ecosistemas de negocios serán imprescindibles para crear y consolidad servicios municipales de calidad, enfatizan desde Mott MacDonald.

Rankings internacionales con sello de inteligencia

Las clasificaciones de ciudades inteligentes se suceden y varían en función de la trascendencia de los distintos y muy variados indicadores con conforman cada barómetro. Uno de ellos, quizás el de mayor repercusión y reconocimiento global, sea el Observatorio de Ciudades Inteligentes del Centro de Competitividad Mundial del IMD, la escuela de negocios suiza y que, en su último diagnóstico, el editado en 2022, con datos del pasado ejercicio, sitúa a Singapur de estandarte de las smart cities del planeta. De entre 109 analizadas con sello inteligente. Por su capacidad para integrar tecnología, liderazgo e implicación de las autoridades de esta ciudad Estado y por sus avances de digitalización en sus infraestructuras que han mejorado la condición de Singapur como hub portuario y financiero de Asia. Red inmersa en su sistema nacional de identificación nacional, bajo tecnología 3-D y modelos de movilidad inteligente de transporte y que ha tenido traslación a la atención médico-hospitalaria y a la seguridad residencial.       

Junto a Singapur completan el pódium Zúrich (Suiza), gracias a su rápida evolución tecnológica y en innovación mediante apps de sus servicios municipales y Oslo de la que resaltan, por encima de todo, sus “tremendos progresos” en la reducción de emisiones de CO2 y en transición hacia las renovables mediante instrumentos de digitalización. La capital noruega -dicen sus expertos- “ha puesto en marcha sensores de búsqueda de aparcamientos y aplicaciones para monitorizar la entrada controlada en su núcleo urbano”, así como una red tecnológica de atención médica a pacientes de la tercera edad o un sistema de regulación del tráfico que ha reducido en sus dos terceras partes el gasto energético de 2019.   

Taipei -el centro económico, cultural y político de Taiwán-, ocupa el cuarto peldaño del escalafón por su modelo de metrópolis sustentada con tecnología blockchain. Es la ciudad emblemática del Internet de las Cosas (IoT); es decir, la que mejor puntuación registra en cuanto a movilidad y capacidad de innovación de sus residentes. Otra urbe suiza, Lausana, que surge a los pies del Lago Ginebra, con un 40% de sus 140.000 residentes no nativos, destaca por su “excelente red de transporte”. Aunque también por el uso del Big Data para suministrar información puntual a sus ciudadanos y visitantes. La aplicación municipal optimiza el flujo de tránsito al centro de la ciudad y anticipa decisiones de transporte y desplazamientos urbanos. Pero, además, es una de las ciudades más ecologistas y sostenibles, con dos macroproyectos de barriadas verdes.   

En sexto lugar aparece Helsinki con su compromiso de sostenibilidad a largo plazo y sus índices de transparencia municipal que dirigen sus tentáculos digitales y de innovación hacia la creación y promoción de ecosistemas de negocios con vínculos en centros industriales y comerciales e innovadores internacionales; sobre todo, escandinavos y del resto de Europa. Gracias al activo desempeño de Forum Virium Helsinki, su firma innovadora municipal, partícipe necesaria en los proyectos de soluciones urbanas, de avances digitales de sus servicios y de progreso de su censo empresarial y de su comunidad científica. A continuación, Copenhague, la pionera en el aumento de inversiones verdes, que llevarán a la capital danesa a la neutralidad energética en 2025, a la que le siguen Ginebra, por la mejora de la calidad de sus espacios públicos, las infraestructuras y sus avances en innovación, y Auckland, al frente de la digitalización urbana. Como colofón del top-ten emerge Bilbao. La mejor colocada de entre las ciudades españolas destaca, a los ojos del ranking IMD por su salto tecnológico y mencionan expresamente el barrio de Zorrotzaurre por su calidad residencial y como distrito empresarial según sostiene las autoridades municipales en su estrategia de desarrollo urbano sostenible e integrado.      

Viena (Austria), Nueva York (EEUU) y Seúl (Corea del Sur) se sitúan a la zaga de la capital vasca. Todos ellos por sus avances substanciales en sostenibilidad, digitalización y movilidad urbana.

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El ranking de Juniper, multinacional dedicada a sistemas de redes y de seguridad, concede su máximo galardón a Shanghái, seguida de Seúl y Barcelona, con Pekín y Nueva York en su top-five de smart cities que proyecta el impacto de las medidas en marcha durante el periodo 2022-2026. Mientras que el de Nexus Integra, firma tecnológica con participación española pionera en la implantación del IoT Industrial sitúa a Londres por albergar más start-ups y programadores que casi cualquier otra ciudad del mundo y por su eficacia probada en la aplicación de datos, a Nueva York, por su acceso igualitario a la tecnología y sus mejoras en los desplazamientos en su núcleo urbano y en el ahorro de abastecimiento de agua a los hogares, y a París, por sus planes de reducción energética, en un 75%, en sus edificios y las iniciativas de datos de su red urbana de transporte. Tokio y su sostenibilidad energética, Reikiavik con sus avances en sostenibilidad y movilidad, y Copenhague, por sus numerosos laboratorios de pruebas inteligentes que luego se convierten en realidades urbanas, acaparan el cuarto, quinto y sexto lugar. Y desplazan a la ciudad verde europea, Berlín, cada vez más interconectada, Ámsterdam y su automatización de bicicletas compartidas y otras iniciativas de economías circulares, Singapur y Dubái, por la puesta en liza de un septenio planificado de transformación digital a través de DubaiNow, aplicación de Inteligencia Artificial, dirigido a integrar servicios y movilidad.     

Desde Jupiter se incide en que las iniciativas de smart cities en vigor van a generar más de 70.000 millones de dólares adicionales en 2026, cantidad que duplica los 35.000 millones de riqueza que crearon las que estaban en uso en 2021. Además de propiciar un ahorro energético de 1.000 TWH, el equivalente a más de 5 años de consumo energético de Greater London según el nivel de gasto actual. Jupiter valora en 96.000 millones de dólares en 2026 la reducción de la factura eléctrica por la implantación de estos planes de recorte efectivo de los costes energéticos.   

Revolución de la construcción con digitalización y sostenibilidad

Es la fórmula que ideó el mercado y que han instaurado de forma oficial las autoridades de la UE, con su taxonomía verde, y EEUU y su New Green Deal. Alexander Ruchti, analista de finanzas sostenibles en Julius Baer habla de un auténtico cambio de paradigma en el sector constructor en el que se desarrollará buena parte de los proyectos de modernización de infraestructuras y que deberán diseñarse bajo criterios de digitalización y de sostenibilidad. “Está emprendiéndose una auténtica revolución” en el modus operandi de las constructoras. El éxito de sus negocios -avisa- “será digital, sostenible, innovador y eficiente desde la perspectiva de costes”, corrobora el CEO de Drees & Sommer, Steffen Szeidl, que también ve la connivencia de los inversores.

Ruchti recuerda que en las estrategias de las smart cities todo está interrelacionado. Desde los semáforos, hasta la iluminación de las calles, los edificios, las carreteras e incluso la movilidad de los vehículos de conducción inteligente. La recolección de datos y la armada de sensores y de cámaras desplegadas por las ciudades abren un abanico inmenso de posibilidades de mejora del tráfico rodado, de la calidad del aire o de prevención de desplazamientos en horas aconsejables en términos de movilidad. “La quinta generación de móviles (5G) que se propaga por el planeta, aunque a distinta velocidad, será el carburante del IoT, el circuito por el que se conectarán una multiplicidad de servicios”, explica. Esta expansión de las infraestructuras digitales es necesaria absolutamente; “nuestras ciudades no pueden avanzar en inteligencia sostenible y tecnológica sin una red inalámbrica de estas características”, señala Ruchti.  

A partir de estos componentes, la industria de la construcción está en condiciones de emprender su revolución, en la que entrarán a jugar “muchos players que explorarán y utilizarán ventajas competitivas derivadas de la innovación”, matiza Szeidl. El ejecutivo de la constructora alemana con delegación en España precisa que su sector “que en la actualidad va tan sólo por delante del inmobiliario, al que abre caminos” experimentará un boom de negocios alternativos para los que sus firmas deberán congregar equipos multidisciplinares de ingenieros y arquitectos aunque también de otras áreas profesionales como la medicina, la biología o la química si desean ampliar sus ofertas al conjunto del proceso de diseño y construcción de proyectos de infraestructuras.    
 
“Estamos ante el rego de cambios tendencias, socios y estilos de vida, y la digitalización será el motor de búsqueda de estas nuevas oportunidades”, aclara. Junto, en el caso de Europa, a los recursos Next Generation, donde se identifican los megaproyectos de infraestructuras y planes de desarrollo y modernización de redes de conexión y avances hacia la neutralidad energética con inversiones tangibles y road maps específicos, además de planteamientos novedosos. Como los que inducen a crear más edificios o proyectos de los inicialmente previstos si la construcción inicial genera exceso de energía. 

¿Demoler o renovar? Ambas opciones. La creación de software y de gestión sostenible no tiene límites ni marca impedimentos. La rehabilitación es una vía de negocios incuestionable para que los cascos urbanos recobren su esplendor. Al igual que la sustitución de redes cuando no puedan acometerse proyectos de modernización y se requieran nuevas estructuras medioambientales y de ahorro energético. O las nuevas instalaciones de ascensores, calefacciones o ventilación y aire acondicionado. 

En el orden financiero, las ventajas también son relevantes. En Barclays estiman que el progreso acelerado del 5G, la IA, la computación, el almacenamiento en nube y la nueva década dorada del software aumentarán “exponencialmente” los servicios conectados y el repunte del Big Data hasta alcanzar los 20 billones de beneficios económicos en 2026. “Potencialmente”, si las firmas emprenden proyectos de Smart Cities con estímulos fiscales oficiales y estrategias hilvanadas y con vitolas de estratégicos por parte de las autoridades municipales. En su informe anual sobre los negocios inteligentes en grandes capitales se especifica que “no son cálculos descabellados si realmente se ponen en liza iniciativas a largo plazo con respaldo financiero” porque los bancos aportarán también préstamos verdes. “La financiación de proyectos tecnológicos y sostenibles, de conectividad, serán esenciales en el análisis de riesgo prestamista”. De igual modo que las compañías tecnológicas y de telecomunicación incrementarán su grado de colaboración con las autoridades y gobiernos para invertir en redes, ciberseguridad y sistemas.     

También tendrán un lugar destacado en las finanzas verdes las compañías de construcción que resultarán esenciales en la mitigación del cambio climático y en los avances descarbonizadores. Así como el comercial. Las grandes superficies absorben el 20% del uso de energía en EEUU y las soluciones eficientes de Smart Cities y automatización de ahorro responsable pueden gestionar de manera automática este gasto excesivo. Dentro de un contexto general -recuerda Barclays- en el que más de las dos terceras partes de la energía global se consume en las ciudades. “Es de una urgencia manifiesta incrementar la velocidad de la transición energética, para traer mayores ratios de crecimiento, competitividad y productividad con nuevas infraestructuras que espoleen el ahorro y gestionen de manera más adecuada el flujo entre oferta y demanda de las utilities”.

Con una consigna básica: “las smart cities son, sobre todo, datos”. Así lo considera Dan Gildoni, el CEO y cofundador de PlaceSense, una start-up especializada en Big Data para proyectos en ciudades inteligentes. “El estilo de vida urbanita y moderno necesita respuestas en tiempo real y recrear áreas de influencia del tránsito diario de cada residente”. Condensar y filtrar toda esa información es lo que facilita la eficiencia de los proyectos, de su planificación previa o la toma de decisiones para decantarse por unas iniciativas u otras; es decir, para priorizar los recursos y los desafíos de las ciudades que “hay que verlas como un activo que facilita la vida de los seres humanos que habitan en ella”, explica. En definitiva -aclara- “las mejores capitales del futuro serán aquellas que sean capaces de dotar de los servicios más eficientes a sus residentes”.