El BCE no ha movido ficha. El organismo europeo ha mantenido los tipos de interés en los mínimos históricos del 0,05% en los que los colocó en septiembre. No obstante, el BCE ha hecho hincapié en que unánimemente los miembros del Consejo se muestran partidarios a tomar medidas adicionales si fuera necesario para fomentar el crecimiento europeo. Además, Mario Draghi ha dado detalles nuevos sobre sus actuales programas de compra de activos.


Cumpliendo el plan previsto, por el mercado, por los expertos y hasta por el propio organismo, el BCE no ha tomado ninguna medida de política monetaria convencional ni no convencional. El Consejo de Gobierno del banco central ha decidido que los tipos de interés aplicables a las operaciones principales de financiación, la facilidad marginal de crédito y la facilidad de depósito se mantengan sin variación en el 0,05 %, el 0,30 % y el -0,20 % respectivamente.

Ahora bien, el organismo no rechaza la posibilidad de aplicar un QE -lo que discutirá con detenimiento den la reunión de diciembre- (compra de deuda corporativa y deuda pública), poner tipos de interés en negativo o flexibilizar las medidas de inyección de liquidez (segunda subasta TLTRO de diciembre).

En la conferencia del presidente del BCE, Mario Draghi sí ha concretado novedades acerca de su programa de compra de ABS. En concreto, el presidente del organismo ha detallado que el BCE comenzó el mes pasado a comprar activos ABS y extenderá estas compras al menos, dos años. También ha adelantado que comenzará en breve a comprar cédulas hipotecarias.

El BCE pretende llevar las hojas de balance a niveles cercanos a los de 2012 gracias a la compra de ABS, las subastas de TLTRO y la compra de cédulas hipotecarias.

Draghi confía en que las medidas tendrán impacto en la transmisión de la política económica y del crédito. De hecho, el economista ha afirmado que "tras la finalización de la evaluación integral del BCE -test de estrés- se espera un mayor fortalecimiento de los balances de los bancos, lo que contribuirá a la reducción de las restricciones de oferta de crédito y a facilitar más préstamos".

Además, el Consejo ha mostardo unanimidad en su intención de utilizar medidas monetarias no convencionales si fuera preciso. En este sentido, Diego Jiménez-Albarracín, responsable de renta varaible de Deutsche Bank, opina que "el BCE esperará a que la cosa se ponga aún peor para tomar la medida que todos consideramos que es la salvación: la compra de deuda soberana. Ahora, por temas estatutarios es imposible, por lo que, de momento, seguirá animando a los gobiernos a que ayuden al crédito con sus reformas fiscales, pues las compras de activos por el BCE tienen un impacto limitado, por lo que el BCE intentará comprar tiempo para la próxima TLTRO".

José Luis Martínez Campuzano, estratega jefe de Citi en España, señala las medidas adicionales que el BCE podría tomar para alimentar la economía europea:

1. Eliminar el spread de 10 p.b. en el coste de TLRO que lo hace más costoso en términos relativos al LTRO
2. Alargar el plazo del TLTRO a 4 años desde los 3 actuales
3. Eliminar la referencia del 7 % del crédito en balance a la hora de pedir liquidez por el TLTRO
4. Fijar objetivos cuantitativos tanto para el TLTRO como para la compra de activos ya acordada
5. Fijar el momento para comprar ABS

El BCE ha mantenido su idea de que la eurozona experimentará una modesta recuperación económica. Consecuentemente, la debilidad en el crecimiento de la zona podría afectar a las expectativas de inversión y a la confianza de los agentes económicos. Aún así, el BCE espera que la demanda de exportaciones se beneficie de la recuperación económica mundial.

En cuanto a la inflación, el BCE espera que se mantenga en niveles bajos antes de comenzar a recuperarse en 2015.

El banco central europeo ha hecho hincapié en las políticas fiscales de los gobiernos: "la flexibilidad existente dentro de las reglas debe permitir a los gobiernos para hacer frente a los costes presupuestarios de las principales reformas estructurales, para apoyar la demanda y lograr una composición más favorable al crecimiento de las políticas fiscales. Una aplicación plena es clave para derribar los altos niveles de deuda pública, para elevar el potencial de crecimiento y al aumento de la capacidad de recuperación de la economía de la zona del euro".

Y, si bien el cambio del euro frente a otras divisas –especialmente frente al dólar- no es competencia del BCE, está claro que su depreciación es positiva para luchar contra el riesgo de desinflación. Tras conocerse la decisión del BCE de no mover un dedo más, el euro-dólar se ha situado en 1,2522 dólares, pero tras la confernecia de Mario Draghi el euro ha descendido hasta 1,2413 dólares. Según Daniel Pingarrón, estratrega de mercados de IG, "por debajo de 1,25, el euro-dólar acabará el año en niveles de 1,22".

Draghi ha adelantado que el BCE comenzará a publicar las actas de sus reuniones, como hacen otros bancos centrales mundiales. En estos papeles se podrá palpal el supuesto motín que hay dentro del organismo contra su presidente y la disconformidad de Alemania con algunas políticas monetarias más expansivas.