
Últimamente se ha estado debatiendo si en España existe una "sobrerregulación" en estos procesos y sobre su posible impacto en la inversión. La realidad apunta a una evolución hacia un proceso de control más sofisticado, alineado con las tendencias de la Unión Europea. Organismos como la CNMC o la Junta de Inversiones Extranjeras (JINVEX) han cobrado un peso creciente en la fase regulatoria de las operaciones de M&A. El escrutinio no solo evalúa los efectos inmediatos de la operación en el mercado, sino también la resiliencia de sectores críticos y la protección de activos estratégicos en un contexto de creciente sensibilidad geopolítica.
Para el inversor, esto introduce variables que, si no se gestionan, pueden derivar en volatilidad y en un mayor riesgo de ejecución. Por ello, el reto radica en gestionar esta complejidad para que no se convierta en un freno a la inversión, sino en un marco de certidumbre basado en criterios claros.
En este escenario, la gestión de la comunicación con los decisores clave para el éxito de la operación debe actuar como una pieza más de la estrategia integral. Una narrativa sólida cumple una función crítica: ofrece al regulador un contexto claro y libre de ruido, facilitando que tome decisiones con independencia, pero con pleno conocimiento del impacto positivo de la operación.
Anticipar la estrategia de comunicación desde la fase de diseño de la operación permite detectar puntos críticos antes de que se conviertan en obstáculos más difíciles de salvar. Conocer las expectativas de los decisores y cómo se han posicionado previamente ayuda a preparar explicaciones convincentes desde el "día uno". Esto es especialmente vital en sectores sensibles como energía, tecnología o defensa, donde el escrutinio informativo es más intenso y el riesgo de que terceras partes instalen un relato adverso es elevado.
Y hay tres ingredientes que suelen jugar a favor de los intereses de una empresa involucrada en una operación de M&A. El primero es la coherencia, asegurar que el mensaje es consistente en los planos técnico, jurídico, público y financiero, y al mismo tiempo, capaz de responder a las necesidades y expectativas de los distintos stakeholders. El otro aliado es la transparencia, en la medida que el marco legal lo permite, que ayuda a evitar que cualquier vacío informativo genere dudas que compliquen el análisis técnico.
El valor de una compañía en el mercado también depende de su familiaridad institucional. Las autoridades valoran el diálogo regular y no reactivo, construido antes de que la operación llegue a su mesa.
De cara al futuro, con un entorno europeo cada vez más atento a la seguridad económica, la capacidad de explicar la aportación de una transacción al ecosistema empresarial, económico y social, y su encaje en la agenda estratégica será el factor que preserve el valor y mantenga la confianza del inversor durante todo el ciclo de la operación. En definitiva, en estos tiempos en los que se ha puesto tan de moda hablar de relato, la narrativa ya no es un acompañamiento; es una herramienta para reducir la incertidumbre y asegurar el cierre de una operación en un mercado más complejo y exigente.

