Discurso de Ronald Reagan, 3 de agosto de 1981, 
"Esta mañana a las 7, el sindicato que representa a los controladores aéreos se ha puesto en huelga. Esto supone la culminación de siete meses de negociaciones entre la administración federal aérea y dicho sindicato. Durante un momento determinado de estas negociaciones, se alcanzó un acuerdo firmado por ambas partes, que garantizaba un aumento salarial de 40 millones de dólares. Esto suponía un nuevo sueldo para estos controladores que duplicada el de otros empleados públicos. Fue concedido en reconocimiento a las dificultades inherentes a este puesto de trabajo.

Pero esta misma mañana, el nuevo aumento salarial que solicitaban desde el sindicato de controladores se situaba 17 veces por encima de lo que se había pactado hacía varias semanas, en concreto, la petición se elevaba a 681 millones de dólares. Esto hubiera provocado una carga fiscal para el resto de ciudadanos totalmente inaceptable. Me gustaría agradecer a todos aquellos controladores que han acudido a sus puestos de trabajo en el día de hoy, ayudando al espacio aéreo del país a funcionar con normalidad.

En el área de Nueva York, por ejemplo, se esperaba que cuatro controladores acudieran a trabajar y 13 más lo han hecho de forma voluntaria. En dicho aeropuerto, un controlador aéreo comentó a los medios de prensa que había solicitado la baja sindical y había acudido a su puesto de trabajo porque, "¿cómo podría pedir a mis hijos que cumplan la ley si yo no lo hago"? Esto es un verdadero homenaje a América.

Les comentaré algo. Respeto el derecho de huelga de los trabajadores. De hecho, como presidente de mi propio sindicato, yo convoqué la primera huelga de dicho sindicato. Pero no podemos comparar las relaciones laborales del sector privado con las del gobierno. El gobierno tiene que garantizar la prestación de todos estos servicios de protección, es su razón de ser.

Por este motivo el congreso ha aprobado una ley que prohibe aquellas huelgas de los empleados públicos que afecten la seguridad de los ciudadanos. Me van a permitir que les cite una parte del solemne juramento que cada uno de estos empleados prometieron cumplir cuando aceptaron sus puestos de trabajo: "nunca tomaré parte en ninguna huelga contra el gobierno de los EEUU".

Por todo esto, debo comunicar a todos aquellos trabajadores que no han acudido a sus puestos de trabajo esta mañana, que están incumpliendo la ley y que si no acuden a dichos puestos durante las próximas 48 horas, habrán perdido su trabajo".

Tras este comunicado sólo 1,300 de los 12,800 controladores fueron a trabajar, los demás fueron despedidos de forma inmediata. EEUU tardó casi diez años en volver a contar con el mismo número de controladores aéreos. A día de hoy, la figura del sindicato de controladores ha desaparecido.