El Gobierno británico no tendrá prisas para deshacerse de sus participaciones de control en Royal Bank of Scotland y Lloyds. Según un comunicado del organmismo que gestiona estas inversiones, el proceso de desinversión podría prolongarse durante años, "dado el tamaño de nuestros activos y asumiendo que podría no haber un comprador energético para nuestras participaciones en esos bancos".