Faltaban poco más de veinte minutos para que cerrara el Nikkei cuando tuvo lugar el terremoto.

Muy pocos minutos de mercado para que los inversores pudieran cerrar sus posiciones más comprometidas, y menos tiempo del que los especuladores hubieran deseado para poder identificar aquellas oportunidades que esta tragedia abría en los mercados. Segundos más tarde, twitter se colapsaba. Los trending topics (temas más populares) en ese momento ya hacían referencia a la catástrofe, #prayforjapan (oración por Japón) y #tsunami eran los más comentados.

El bombardeo informativo por minuto era increíble. Poco tiempo después aparecían las primeras fotografías y videos de la catástrofe, tremendos. Algo más tarde ya conocíamos las primeras cifras de víctimas mortales. En un primer momento se hablaba de centenas, pero esa cifra se antojaba demasiado optimista después de ver las impactantes imágenes tomadas por aquel helicóptero.

Llama mucho la atención cómo el ser humano reacciona de formas tan distintas ante una misma tragedia. Por un lado, a las pocas horas del terremoto eran miles y miles los mensajes que aparecían en las distintas redes sociales mostrando su apoyo a todas las víctimas y pidiendo una oración por los fallecidos (pocas veces se consigue acercar tanto unas y otras religiones). Google fue más allá y además de la oración, puso en marcha una herramienta que facilitaba la búsqueda de los desaparecidos y además informaba a los damnificados de todos aquellos refugios disponibles. En el otro extremo, no habían transcurrido ni cinco horas desde la catástrofe cuando el Financial Times ya publicaba un artículo (bastante elaborado) en el que comparaba las reacciones que los mercados financieros habían tenido frente al terremoto de 1995 de Kobe con la que estaban teniedo en esos momentos. Al final del día, y viendo el gráfico diario del Dow Jones, la normalidad volvía a los mercados. De hecho los tres indicadores más importantes de Wall Street cerraron la sesión del viernes en positivo.

Dow Jones 11-Mar-11


Pero el día dejó más anécdotas. Algún joven e intrépido analista tuvo a bien calcular la proporción del PIB que Sendai (ciudad más afectada por el tsunami que provocó el terremoto) aporta a la economía japonesa; y dichas cifras fueron inmediatamente publicadas. Entre tantas emociones y "excesos informativos" fue un verdadero placer dar con el artículo que el economista Carl Weinberg publicó en financialpost.

Ya en su primer párrafo,Weinberg, tiene un recuerdo a las víctimas:
"Lives have been lost, and we extend our sympathies to everyone in Japan and elsewhere who has been affected by this natural disaster"
. "Se han perdido vidas humanas por lo que hacemos llegar nuestro pésame a todas las personas en Japón y a todos aquellos lugares que se hayan visto afectados por este desastre natural".

A continuación Weinberg afirma que es imposible conocer las repercusiones directas que este desastre tendrá en la economía japonesa, ni mucho menos en la economía global: "There is no way to assess even the direct damage to Japan's economy, or to the global economy, that this will cause". Por lo que no se muestra muy conforme con algunos precipitados análisis realizados durante esas horas posteriores a la catástrofe: "Some idiot told a reporter the percentage of Japan's GDP that was generated by Sendai's economy".

De todo lo que se dijo y se publicó durante toda esa mañana, yo me quedo con una frase de Weinberg: "We do not know what we do not know about the damage that has been done", que viene a decir algo así como que "no sabemos lo que no sabemos acerca de los daños causados". Frase que guarda mucha filosofía, pues ya algún pensador griego dijo aquello de que "el ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona".

Así que vaya desde aquí el deseo de una pronta recuperación a todos los heridos y una invitación a la duda y a la reflexión.

@migfreijo