Hablemos en primer lugar de datos. China ha experimentado un crecimiento de más del 2000% desde 1990. En el año 2000, el PIB creció a una tasa de alrededor del 10% anual. Actualmente el crecimiento real del PIB, después de algunas fluctuaciones durante la crisis financiera del 2008, es del 6%. Para una economía desarrollada como la de los EE.UU es un número más que aceptable.
 


Para China estos datos no parecían ser suficiente de cara a cumplir las promesas del gobierno en relación al "sueño chino". Como respuesta, el gobierno Chino restringió numerosas regulaciones sobre el mercado de valores e hizo campaña para convencer a la gente para invertir y operar en sociedades cotizadas. En un país donde el poder adquisitivo de la población había aumentado a lo largo de los últimos años, parecía una buena oportunidad para invertir más y multiplicar sus ahorros. Cabe destacar que actualmente existen 90 millones de inversores individuales en China, de los cuales la mitad se agregaron en 2014. Las cantidades de dinero invertido eran enormes y la mayoría de ellos tomaron dinero prestado. Era cuestión de tiempo que comenzaran los “margin calls”.

En julio de 2015, el Shanghai Composite Index cerró el mes con pérdidas del 15% y muchas empresas fueron penalizadas con la inhabilitación para negociar en el mercado de valores. El Gobierno tuvo que tomar medidas como la limitación de la venta en corto la y paralización de las OPVs. Las medidas demostraron ser ineficaces ya que después de un ajuste rápido, el 24 de agosto el índice bursátil cayó un 8,5% resultando en pérdidas de miles de millones de dólares. Los analistas denominaron este día "Lunes Negro". Cabe señalar que DEGIRO observó un incremento del 25% en el número de operaciones ese día. En septiembre, en un intento de estabilizar la situación, el Banco Popular de China (PBC) inyectó 21,8 billones de dólares en la economía. El nuevo año no fue nada mejor para el mercado de valores chino ya que El 4 de enero tuvo lugar una caída del 7%. La bolsa de valores tuvo que ser detenida tan sólo media hora después de la apertura por un tiempo prolongado para evitar que continuaran las liquidaciones. Una vez más el PBC inyectó 19.900 millones de dólares en el mercado, seguido de otra inyección de 15.180 millones de dólares para nueve de los principales bancos en forma de préstamos con bajo interés para estabilizar el mercado.

Todos estos hechos y desagradables cifras no tendrían consecuencias globales si estuviéramos hablando de un país pequeño. Sin embargo, China representa la segunda economía más grande y jugó un papel importante en el crecimiento de la economía mundial después de la crisis de la deuda de 2008. La producción china ha sido el motor de la producción y exportación de bienes a nivel mundial a lo largo de los últimos años. La alta demanda de unidades de producción Chinas mantuvo alta la economía mundial.

La pregunta es inevitable, como apunta DEGIRO. Con el fuerte vínculo existente entre la economía mundial y China, ¿qué pasará si la economía del gigante asiático se ralentiza?

El gobierno Chino ha decidido hacer un cambio de modelo económico, pasando de ser  solamente un país exportador a crear una economía con una mayor relevancia del consumo interno. Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, pronosticó que esta transición sería un proceso más accidentado que fácil. Esta transición supone una caída masiva de las exportaciones para países como Australia, Canadá, Brasil y Rusia debido a la bajada de la demanda China de materias primas. El impacto es inmediato. Rusia y Brasil están en recesión y Arabia Saudí ha anunciado un presupuesto de austeridad. El año 2016 comenzó con un movimiento importante en el mercado de valores chino resultando en efectos negativos en todo el mundo. Una cosa es segura, como destaca DEGIRO, los mercados parecen dirigirse hacía un escenario turbulento.