“Más que burbuja en las criptodivisas estamos viviendo momentos de locura, amplificados por el boca a boca. Las criptomonedas principales como el bitcoin, el ripple, el ethereum o el bitcoin cash son interesantes, pero hay muchas que son una auténtica basura”, así de rotundo describe el escenario actual de las criptodivisas Miguel Cedillo, responsable de FX Management Solutions.

Las criptomonedas se han convertido entre el final de 2017 y el arranque del presente ejercicio en uno de los temas estrella de conversación entre inversores y traders. Y no es para menos, el ripple cerró el año con una revalorización del 36.018%, el nem se disparó un 29.842%, el ardor un 16.809%, el ethereum un 9.162% y el bitcoin un 1.318%. Es decir, escaladas de cinco y cuatro dígitos en la mayoría de casos.

Estos primeros compases de 2018, sin embargo, la situación no es tan boyante y la corrección se ha instalado en el mercado de las criptodivisas, por lo que muchos inversores se han visto ‘pillados’ por este desplome. Desde los máximos del bitcoin el 16 de diciembre en los que el bitcoin alcanzó los 19.187 dólares hasta ahora se deja un 47,6%. La moraleja del limpiabotas del multimillonario John D. Rockefeller en 1929 aplicada a este 2018 diría que cuando todo el mundo habla de invertir en criptodivisas es el mejor momento que existe para vender.

“Cuando los periódicos, radios y televisiones hablan de la moda de una criptomoneda, es que el pescado está todo vendido, hay que salir inmediatamente de ella. Es lo que le ha ocurrido al bitcoin, con portadas estelares en todos los medios cuando tocaba sus máximos históricos mientras otras como ripple se revalorizaban un 1.200%”, indica David Trullás, fundador de Live in Trading y embajador de Ayondo.

Más allá de estas cifras de revalorización que dan vértigo, lo cierto es que las criptodivisas no tienen ningún respaldo físico detrás y se mueven en función de perspectivas y noticias a favor de las criptodivisas y de la tecnología de nodos que respalda el bitcoin, el blockchain u otros sistemas similares. Sin embargo, en estas primeras sesiones del año los ‘nubarrones’ sobre las criptomonedas han frenado la euforia. La SEC (Securities and Exchange Commission), el regulador bursátil de Estados Unidos, ha prohibido la creación de fondos cotizados, conocidos como ETF, vinculados a criptomonedas y ha pedido a sus impulsores que retiren sus peticiones de registro.

En España también el regulador bursátil, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), y el Banco de España han recomendado a los inversores minoristas no comprar bitcoins y el propio presidente de la CNMV, Sebastián Albella, ha admitido “gran preocupación por los riesgos de las criptodivisas” y ha advertido que ambas instituciones van a a estar “muy alerta”.

En países como Corea del Sur y China también han aparecido noticias en las que se apunta la posibilidad de prohibir el trading de las monedas no físicas. Es decir, el mercado ha comenzado a cotizar la incertidumbre jurídica que rodea a este activo. Según la agencia local de noticias Yonhap, unos dos millones de surcoreanos poseen divisas virtuales, que se usan como medio de pago y de inversión.

Hay ya países que consideran ilegales las criptodivisas o tienen parcialmente limitado su uso, como es el caso de Rusia, donde las transacciones con bitcoins están prohibidas, Islandia, India, Tailandia, Vietnam, Bangladesh, Ecuador y Bolivia. En China, el Banco Popular de China, su banco central, prohibió en septiembre las transacciones con bitcoins para empleados y entidades bancarias, ya que considera que este tipo de operaciones son una recaudación ilegal de fondos. Este veto contrasta con el hecho de que en China se minan en torno al 90% de bitcoins que existen en la actualidad.

“Es un mercado no regulado con un enorme riesgo, por la iliquidez que tiene al estar copado por inversores particulares que a su vez provoca que la volatilidad sea tremenda”, apunta Cedillo. Morgan Stanley, sin embargo, señala que este 2018 será el año del gran asalto de los operadores institucionales a este mercado, lo que le aportará mayor volumen y liquidez al mercado, según los expertos, además de mayor estabilidad y profesionalización.

De hecho, la tercera criptomoneda por capitalización, el ripple, se considera la divisa de los bancos. El ripple es un sistema virtual de crédito basado en el paradigma de compañero a compañero. Cada nodo de esta criptodivisa funciona como un sistema de cambio local, de tal manera que todo el sistema forma un banco mutualista descentralizado. Las entidades financieras lo usan para enviar y recibir dinero y liquidar transacciones a una velocidad de entre cinco y diez segundos, que supera al bitcoin y a los sistemas tradicionales utilizados por la banca. Entre los socios impulsores del ripple figuran entidades como Banco Santander, UBS, Crédit Agricole, Standard Chartered, BMO o American Express.

FUTUROS Y HACKEO, OTROS DE LOS RIESGOS

Pese a las críticas que sitúan a las criptodivisas como una de las herramientas principales que se utilizan en el blanqueo de capitales a nivel internacional, uno de los grandes avances tecnológicos que aportan es el mecanismo que les da sustento: el blockchain, la red de nodos que utiliza el bitcoin. Esta base de datos distribuida permite transacciones financieras en un tiempo inimaginable hasta ahora, pero también otros intercambios como documentos, datos…

Pese a la bondad de la tecnología blockchain, otra de las sombras que se cierne sobre estos activos es la posibilidad de hackeos o robos masivos de criptodivisas en las casas de intercambio, “donde el inversor puede sufrir una pérdida total de su patrimonio invertido”, explica Sergio Ávila, estratega de mercados de IG.

 

 

En cuanto a su operativa, es posible comprar directamente criptomonedas con el propósito de mantenerlos en cartera o hacer trading con ellos, con el objetivo de obtener rentabilidades en el corto plazo. Desde el 10 de diciembre otra de las posibilidades de operar con bitcoins es a través del mercado de futuros. En concreto, la bolsa subsidiaria de futuros de Chicago (CBOE) los lanzó el 10 de diciembre, mientras que el gestor del mayor mercado de derivados y futuros del mundo, CME Group, replicó el 18 de diciembre poniendo en marcha su propio proyecto.

Los mercados de futuros permiten a los inversores comprar y vender la criptomoneda sin poseer el activo, a través de contratos que representan cinco bitcoins pactando el precio, la cantidad y la fecha de vencimiento en el caso de los de CME. Los contratos de futuros de CBOE representan un sólo bitcoin.

Invertir en bitcoins a través del mercado de futuros suma al riesgo que de por si tiene el propio activo, el apalancamiento. Los futuros son productos derivados apalancados, en el que además de fondos propios se utiliza endeudamiento para financiar las operaciones, por lo que la rentabilidad y las pérdidas se multiplican en función de la inversión total, la propia y la cedida por el broker.

“Los futuros sea cual sea su subyacente son una buena oportunidad para realizar trading en el mercado siempre y cuando se manejen bien otras variables como la gestión del ‘stop’ y las emociones. No es más peligroso un futuro que un CFD (contrato por diferencia), todo depende del nominal de la operación frente a su cartera. Si el cliente individual no está habituado a este tipo de instrumentos financieros no lo aconsejaría, pero ni para criptodivisas ni otros subyacentes como índices, divisas, materias primas…”, comenta Trullás.

En el mismo sentido se pronuncia Gonzalo Cañete, analista de mercados de Swissquote: “Ni este ni ningún producto apalancar lo recomendaría para novatos, pero menos este porque es un mercado muy joven. Los inversores que decidan entrar en el mundo de las criptodivisas deberán tener un buen conocimiento o formación en la materia”.

El profesor de Economía de la UNED y creador de X-Trader, Alberto Muñoz Cabanes, apunta que “no es un producto recomendable para nadie, se necesita conocimientos en divisas, CFD e informática, además de conocer bien cada proyecto donde se va invertir. Mi regla es invertir entre un 5% y un 8% de mi cartera, porque puede salir bien pero también conlleva muchos riesgos”.

LA OFERTA YA NO ES LIMITADA

A cierre de esta edición, el portal especializado CryptoCompare recoge 1.291 criptodivisas, con un aumento del 85% en la última semana cuando los inversores podían optar entre 700 criptomonedas. “Un 80% de las criptomonedas creadas probablemente fracasarán, pero aquellas que perduren serán las empresas que competirán en los próximos años con Amazon, Google o Facebook”, pronostica Antonio Herráiz, director del programa de innovación y tecnología financiera del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB).

“A día de hoy cualquiera puede lanzar una criptomoneda, hemos vuelto al ‘viejo oeste’ de forma que la gente que tiene un algoritmo puede crear criptomonedas sin ningún tipo de garantía de que el dinero que les estoy dando vaya a ningún sitio”, expone el analista independiente José Luis Cava.

Esta oferta ilimitada en la creación de criptodivisas, contrasta con la limitación que tiene la oferta del bitcoin. Sólo puede haber un máximo de 21 millones de monedas.

José Luis Cava, también apunta que estos activos, por su alta volatilidad, son inapropiadas como cobertura contra la inflación ni como depósito de valor, dos cualidades que tienen las divisas de curso legal. “Si bien es cierto que a medida que se generalice su uso la volatilidad descenderá y, a su vez, un descenso de la volatilidad conllevará un incremento de su negociación al estabilizarse su valor de compra”, reconoce.

HACIENDA CON UN OJO PUESTO

La inversión en bitcoins tributa como lo hacen las ganancias en bolsa o en un fondo de inversión. Si se obtienen beneficios se consideran una ganancia patrimonial en la renta, mientras que si el resultado es negativo y se sufren pérdidas la fiscalidad de las criptodivisas en la renta permite compensarlas con otras ganancias patrimoniales que se hayan tenido durante el año.

Además, existe retención de IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas) de un 19% sobre las ganancias que se obtienen al vender bitcoins, algo que normalmente ya aplican las plataformas o monederos virtuales que existen en el mercado. Si la inversión se mantiene en un monedero virtual y no se convierte en una moneda de curso legal estará exenta de impuestos, hasta el momento en el que el inversor decida recoger sus ganancias vía euros.

Puede leer el reportaje completo en la revista de Estrategias de Inversión del mes de febrero.