Pablo García, director general de Divacons Alphavalue, señala la fuerte corrección que están sufriendo los mercados financieros en un contexto de creciente tensión geopolítica, marcado por el cierre del estrecho de Ormuz y la escalada del conflicto en Oriente Medio.

Esta situación ha provocado un repunte del precio del petróleo y caídas relevantes en las bolsas, especialmente en Europa, donde el Ibex 35 ha llegado a borrar todas las ganancias acumuladas en 2026 tras haber marcado numerosos máximos históricos previamente. La clave que señalan los analistas no es tanto que el conflicto haya estallado —algo que el mercado ya contemplaba como posible— sino su duración e intensidad. Si se trata de un enfrentamiento breve, el impacto podría ser limitado; pero si se prolonga, aumentarán la incertidumbre, la inflación y las revisiones a la baja de beneficios empresariales.

En este contexto, su estrategia de inversión pasa por reforzar posiciones en sectores defensivos o directamente beneficiados por la situación geopolítica. Entre los valores concretos mencionados como apuestas favorables destacan las compañías energéticas. Pablo García destaca BP, Galp y Shell dentro del sector petrolero, ante un escenario de precios elevados del crudo y del gas. El encarecimiento de la energía mejora sus márgenes y perspectivas de ingresos en el corto y medio plazo.

También  subraya el atractivo del sector defensa, tanto en Estados Unidos como en Europa. En concreto, menciona gigantes estadounidenses como Raytheon y Lockheed Martin, compañías que previsiblemente se beneficiarán del aumento del gasto militar y de la necesidad de reposición de armamento y tecnología bélica. La lógica es clara: en un entorno de conflicto abierto, la demanda de equipamiento militar crece de forma estructural.

En el ámbito defensivo tradicional, recomienda exposición a utilities y telecomunicaciones.  Y opta por posiciones en Endesa dentro del sector eléctrico y en Orange en telecomunicaciones. Estas compañías suelen ofrecer ingresos recurrentes y menor sensibilidad al ciclo económico, actuando como refugio en momentos de elevada volatilidad. Además, el sector de metales y minas también lo considera atractivo, dado su comportamiento históricamente positivo en entornos inflacionarios y de tensión geopolítica.

Por el contrario, advierte claramente sobre los sectores que conviene evitar. Las aerolíneas figuran entre los más perjudicados, tanto por el incremento del precio del combustible como por el cierre de espacios aéreos y la caída de la movilidad. Asimismo, se recomienda cautela con el turismo, el ocio y las cadenas hoteleras, citándose el caso de Accor, con fuerte exposición a Oriente Medio. El sector del automóvil y, en general, las compañías ligadas al consumo discrecional también podrían sufrir revisiones negativas en sus estimaciones de beneficios si la inflación repunta y la confianza del consumidor se deteriora.

En cuanto a la tecnología, aunque valores como Microsoft, Tesla o incluso Alphabet presentan fundamentos sólidos vinculados a la inteligencia artificial, se considera que aún es prematuro aumentar exposición. A corto plazo, el riesgo de mercado domina y estos títulos no ofrecen la misma protección que energía, defensa o utilities.

Y señala que la prudencia y la rotación hacia valores defensivos y energéticos son las claves en el actual entorno.