La gestora de fondos de JP Morgan ha considerado hoy que el Banco Central Europeo (BCE) podría bajar, hasta en dos ocasiones, los tipos de interés en la segunda mitad del año, pues "no puede seguir obviando la débil situación económica de la región". El director de inversiones de la gestora en España y Portugal, Manuel Arroyo, ha explicado a los medios que el BCE debería tener más en consideración la desaceleración de la economía frente a la inflación, que reconoció que sigue siendo la principal preocupación en Europa, dado el encarecimiento de los costes energéticos y la alimentación. En este sentido, Arroyo considera que será un riesgo para los próximos meses, pues no sólo reduce la capacidad adquisitiva sino que limita la bajada de tipos.
En cuanto a las perspectivas de futuro, ha añadido que, posiblemente se verán las materias primas a precios mucho más caros que hace 20 años, pues existe un desajuste estructural entre la oferta y la demanda, animada la última por los mercados emergentes. En el Viejo Continente, con el euro en máximos, le sorprende que ciertas compañías sean capaces de seguir exportando. Por otra parte, en Estados Unidos, con una situación más complicada, ha augurado que pese a que en el segundo trimestre el avance económico será prácticamente nulo, en la segunda mitad del año se recuperará gracias al estímulo fiscal y monetario. En este sentido, ha valorado la labor de la Reserva Federal (FED) que supondrá una inyección de 168.000 millones de dólares, mediante devoluciones de impuestos principalmente, que confía en que servirán para reanimar el consumo, principal motor de la economía estadounidense, lo que hace que sean más optimistas que el mercado. No obstante, la gestora sigue siendo neutral en inversión en renta variable, pues aunque apuestan por Europa Continental y las grandes compañías estadounidense que mejoran sus exportaciones gracias a la debilidad del dólar frente al euro y el yen, infraponderan los mercados emergentes y Japón. Además, la posición de la gestora en renta variable es "menos agresiva" porque creen que el mercado está siendo demasiado optimista con las previsiones de resultados de las compañías y no descartan que se produzca alguna sorpresa negativa.