Esta nueva etapa no se limita a automatizar tareas repetitivas, sino que incorpora sistemas capaces de comprender información compleja, aprender de los datos y ejecutar decisiones con cierto grado de autonomía.

La automatización cognitiva se posiciona así como uno de los pilares de la competitividad empresarial en los próximos años.

De la automatización básica a la inteligencia aplicada

Durante la primera fase de digitalización, las pymes apostaron por soluciones centradas en la automatización robótica de procesos.

Estos sistemas replicaban tareas manuales como la introducción de datos, la gestión de facturas o la actualización de bases de datos, reduciendo tiempos y errores.

Sin embargo, el salto cualitativo llega cuando estas herramientas se combinan con capacidades avanzadas como machine learning, visión artificial y analítica predictiva.

La automatización cognitiva permite interpretar documentos, analizar patrones en grandes volúmenes de información y priorizar acciones según criterios dinámicos.

Esto supone una diferencia sustancial frente a los modelos tradicionales, que se limitaban a ejecutar instrucciones predefinidas. Ahora, los sistemas pueden adaptarse al contexto y mejorar su rendimiento con el tiempo.

«La IA ya es el elemento central de la competitividad empresarial, pero su impacto real depende mucho de cómo se adopte —señala Javier Tejada, copresidente y responsable de Tecnología de la consultora h&k, especializada en la implementación de soluciones tecnológicas para pequeñas y medianas empresas—. Para una buena adopción de la IA en los procesos industriales, las pymes necesitan acompañamiento experto para identificar casos de uso reales, integrar estas capacidades y contar con un marco de gobernanza que garantice seguridad, cumplimiento normativo y resultados: más eficiencia, más productividad y más competitividad».

Impacto económico y oportunidad de mercado

Las cifras respaldan esta evolución. Según datos de Coherent Market Insights, el mercado global de automatización cognitiva alcanzó los 11.615 millones de euros en 2025 y podría crecer a una tasa anual superior al 24%, superando los 50.000 millones de euros en 2032.

Este crecimiento no se explica solo por el interés de las grandes empresas, sino por la progresiva incorporación de estas soluciones en negocios de menor tamaño.

Las pymes encuentran en la IA de 2ª generación una herramienta para optimizar procesos clave como la atención al cliente, la planificación de recursos, la gestión de inventarios o el análisis financiero.

Al integrar capacidades cognitivas en sus flujos de trabajo, pueden reducir el margen de error, mejorar la velocidad de respuesta y anticipar riesgos con mayor precisión.

La estrategia de inversión empresarial confirma esta tendencia. Un informe reciente de McKinsey & Company señala que el 92% de los directivos prevé incrementar su inversión en inteligencia artificial en los próximos tres años, con especial atención a los procesos de automatización avanzada.

Más de la mitad de las organizaciones que ya han implementado estas soluciones en sectores como la banca, la industria o la salud han observado mejoras significativas en la calidad y rapidez de la toma de decisiones.

Acompañamiento y gobernanza, claves del éxito

El verdadero reto para las pymes no reside únicamente en la tecnología disponible, sino en su correcta integración. La calidad del dato, la interoperabilidad entre sistemas y la seguridad de la información son factores determinantes.

«Sin embargo, para la mayoría de las empresas —señala Tejada—, el reto no reside en la tecnología en sí, sino en entender qué aporta cada capacidad, cómo integrarla en sus procesos y cómo gestionar su uso de manera continuada».

Esta visión subraya la importancia de contar con socios especializados que acompañen a las organizaciones en cada fase del proceso, desde el diagnóstico inicial hasta la implantación y seguimiento.

La gobernanza adquiere un papel esencial. La gestión responsable de los datos, el cumplimiento de normativas y la protección frente a amenazas digitales son elementos inseparables de la adopción de sistemas inteligentes.

Transformación del trabajo y nuevo equilibrio

La expansión de la automatización cognitiva también impacta en la estructura laboral. Según Statistics Canada, hasta el 60% de los trabajadores en organizaciones que adopten sistemas avanzados de inteligencia artificial podría experimentar cambios relevantes en sus tareas.

Lejos de suponer una sustitución masiva, este fenómeno apunta a una redefinición de funciones hacia actividades de mayor valor añadido.

Las pymes que integran estas capacidades pueden liberar recursos humanos de tareas rutinarias y orientarlos hacia la innovación, el desarrollo de negocio o la mejora de la experiencia del cliente. Este cambio exige formación continua y una cultura organizativa abierta a la colaboración entre personas y sistemas inteligentes.

«El éxito de esta nueva oportunidad dependerá de factores clave como la calidad y gobernanza del dato, la ciberseguridad y la ética en el uso de la IA —concluye Tejada—. La tecnología es solo una parte del desafío: integrar la IA de forma equilibrada entre personas y sistemas exige visión, metodología y partners con experiencia real en el sector».