
2026: buen año, pero con política, divisas… y ruido
Bruno Patain, Country Head Iberia de Eurizon apunta que en 2025 funcionó “la inteligencia artificial, tecnología, los mercados emergentes… y en general la renta fija de calidad”. Para su casa, el año dejó además tracción en “la renta europea” y continuidad en deuda pública, mientras la demanda ESG —aunque menor que en otros años— se mantuvo viva en nichos como bonos verdes.
De cara a 2026, su diagnóstico separa economía y política: “a nivel económico no vemos grandes riesgos”, pero sí “creemos que la política va a ser otra vez importante”. Y en esa ecuación, hay un activo particularmente incómodo: las divisas. “Alguna divisa podría darnos una sorpresa como el yen o el dólar. Nuestra visión es que el dólar debería seguir bajando”.
Si hay una variable que nos seguirá acompañando este ejercicio es, sin duda, la volatilidad. Víctor Asensi, Country Head Iberia de DPAM cree que hay una variable por la que el mercado parece reaccionar más rápido y más fuerte que hace una década: la composición de los participantes. “Las dinámicas del mercado han cambiado bastante, hoy en día hay mucho inversor retail y mucho hedge fund que está moviendo el mercado”. Resultado: movimientos “exacerbados” y más ruido.
Para Asensi, este nuevo entorno obliga a cambiar la forma de gestionar carteras. “La volatilidad ha venido para quedarse”, afirma, y no necesariamente como algo negativo. “Lo importante no es evitarla, sino entender de dónde viene y convivir con ella”, lo que refuerza su apuesta por carteras más diversificadas y menos dependientes de un único motor de rentabilidad.
Flujos y valor: emergentes, Europa… y REITs “baratos”
Tras cerrar 2025 como uno “de los mejores años de los últimos cinco”, DPAM asegura que hay un patrón claro: el inversor busca diversificación. “Hemos tenido mucho flujo en renta fija emergente, vemos al inversor diversificando”, explica Asensi, apuntando a una rotación gradual desde el crédito investment grade hacia otras áreas. También resalta la vuelta del foco hacia Europa aunque sin negar que “Estados Unidos sigue siendo el referente”.
Entre las ideas para este ejercicio, este experto se detiene en un activo defensivo y que no está caro: el inmobiliario cotizado europeo. “REITs europeos es uno de los pocos sectores defensivos que están realmente baratos”, dijo, citando “un descuento sobre NAV del 30%” y “un dividend yield cercano al 6%” como señales de valor y potencial de diversificación.
Neuberger Berman también dibuja un 2026 optimista en renta variable, renta fija y privados, pero con un matiz relevante: abrir foco más allá de Estados Unidos y de los grandes nombres. Javier Mallo, Country Head Iberia de la gestora habla de la necesidad de poner “algo más el foco fuera de Estados Unidos, Europa y emergentes” y de mirar también a “medianas y pequeñas compañías”.
En temáticas, los grandes ejes están claros: “inteligencia artificial, aeroespacial y megatendencias” aunque lo más interesante sobre cómo invertir en IA es no quedarse en el “core” de la narrativa y fijarnos en valores que, sin ser el icono del boom, se benefician de las necesidades que crea. Y es que la IA va más allá de software y chips. Es infraestructura física, logística, energía y refrigeración. “La inteligencia artificial lleva detrás una serie de necesidades que, más que un riesgo, generan muchas oportunidades”. Primero se necesitan compañías que sean capaces de construir centros de datos, compañías que generen energía para alimentarlos y enfriarlos.
En ese punto, el experto de Eurizon conecta la IA con un vector más amplio: infraestructuras y suministro energético. “Hay que pensar en la energía que hace falta para la inteligencia artificial”, dice, defendiendo infraestructuras como temática transversal: emergentes que necesitan construir, Europa que necesita modernizar y una red eléctrica presionada por nuevos patrones de demanda. Y eso es a largo plazo.

¿Mercados privados? Sí, pero con una palabra clave: formación
Si hay un consenso claro entre las gestoras es que los mercados privados han dejado de ser una moda para convertirse en un pilar estructural de muchas carteras. Es “el gran cambio que está pesando en la industria”, dice Mallo. No se trata solo de private equity, sino de una expansión transversal hacia crédito privado, infraestructuras y soluciones híbridas que buscan encajar en carteras cada vez más diversificadas.
El interés, además, no llega solo desde el lado institucional tradicional. Según Neuberger Berman, “ese interés también se acerca al segmento de banca privada”, empujado por la búsqueda de rentabilidad y por una mayor sofisticación del inversor. Aun así, insiste en separar bien los perfiles: “hay que separar dos tipos de inversor”. Por un lado, el institucional —fondos de pensiones, aseguradoras o grandes patrimonios— que “lleva invirtiendo toda la vida en mercados privados” y cuenta con programas bien estructurados. Por otro, un inversor no institucional que empieza ahora a acceder a este tipo de activos.
En este contexto, los vehículos evergreen aparecen como la gran innovación operativa. Frente a los fondos tradicionales de private equity, con llamadas de capital y largos periodos de iliquidez, este experto cree que los evergreen “los van a incorporar para complementar sus programas de drawdown”, incluso antes que el retail. La razón es puramente funcional: “la ventaja fundamental de ese vehículo es que tú estás invertido el día cero y te lo devuelven con los requisitos de liquidez cuando tú quieras”, lo que permite una gestión más eficiente del capita”l.
Eso sí, huelga tener claro que no todos los inversores están preparados para asumir las particularidades de la inversión privada. La clave, de nuevo, es la formación. Tanto de las redes de distribución como de asesores y clientes finales. “Una de las cosas que nos preocupa es que queremos que se mantengan los estándares de calidad también en vehículos evergreen y, si no se hace bien, será malo para la toda la industria”.
Desde DPAM, Víctor Asensi coincide en que el crecimiento de los activos privados es estructural, pero insiste en que no deben entenderse como una solución universal. “No todo vale para todo el mundo”, advierte, subrayando que el principal riesgo no está en el activo en sí, sino en cómo se incorpora a la cartera. “Hay que explicar muy bien al inversor qué está comprando, qué liquidez tiene y qué horizonte necesita”, porque, en su opinión, el error más común es tratar estos productos “como si fueran renta fija tradicional”.
Felipe Leria, Country Head Iberia de UBP cree que el apetito por los mercados privados y crédito alternativo no es coyuntural. En la gestora están viendo flujos relevantes hacia “high yield, crédito flexible, factoring, crédito long - short”, muchas veces con estructuras que buscan ofrecer liquidez dentro de segmentos tradicionalmente ilíquidos. Y deja claro que el contexto de 2026 favorece este tipo de soluciones: “estamos viendo más cautela y más diversificación”, pero no una retirada del riesgo.
En conjunto, el mensaje que emerge es claro: los activos privados seguirán ganando peso en carteras, impulsados por la búsqueda de rentabilidad, la diversificación y la innovación en formatos. Pero su éxito dependerá menos del marketing y más de la disciplina.

Industria: consolidación, presión en fees… y el riesgo de “estar en medio”
Más allá del comportamiento de los mercados, la mesa redonda dejó claro que la industria de gestión de activos atraviesa una transformación profunda. No es un fenómeno nuevo, pero en 2026 confluyen varias fuerzas a la vez: concentración, presión en comisiones, mayor peso de la gestión pasiva y un entorno regulatorio exigente que penaliza especialmente a los actores intermedios.
El experto de Eurizon fue directo al diagnosticar el movimiento de fondo: “anticipamos fusiones”, especialmente entre gestoras de tamaño medio. El motivo es estructural: “hay mucha presión sobre las comisiones, hay mucha competencia”. En su opinión, el sector tiende a polarizarse y deja poco espacio para modelos híbridos: “ya sabemos que habrá más pasivo o más especialización y los que están en el medio” pueden ser los que más sufran.
La presión sobre fees no es teórica. El experto de UBP puso cifras muy concretas sobre la mesa, con el ejemplo del mercado chileno donde “el TER máximo es de 51 puntos básicos” frente a una media de 44 puntos básicos. Con estas cifras ¿qué margen queda? Cero. En un entorno así, solo el volumen, la escala o una propuesta muy diferenciada permiten sobrevivir. Desde DPAM, Asensi coincide en que la presión en costes es ya estructural, pero introduce un matiz clave: “el problema no es que bajen las comisiones, sino que baje el valor añadido”. En su opinión, la industria corre el riesgo de centrarse demasiado en el precio y olvidar el servicio, el análisis y la gestión del riesgo. “Si todo se convierte en una guerra de fees, el inversor final es el que acaba perdiendo”, advierte.
En la mesa coinciden en que la concentración va a ser pero “ no creo que todas estas fusiones vayan a generar valor para el inversor final”, apunta el experto de Neuberger Berman.
Sobre el papel de las boutiques en este nuevo entorno, Patain cree que ser pequeño ya no es suficiente: simplemente ser pequeño no es lo que asegura el éxito”. La supervivencia pasa por demostrar talento y especialización real. De hecho, apunta que algunas boutiques pueden estar incluso más protegidas “si mantienen su independencia” dentro de estructuras mayores que les permitan absorber costes regulatorios y operativos sin perder identidad.
En paralelo, la gestión pasiva sigue ganando terreno y ejerce una presión adicional sobre los precios. Aquí la tecnología actúa como catalizador de esta tendencia: la tokenización, la liquidación más rápida y la automatización podrían abaratar procesos y empujar aún más a la baja las comisiones. “La tecnología debería abaratar”, dice Patain, anticipando un escenario en el que incluso los fondos tradicionales se acerquen en eficiencia a los ETFs.
En el debate sobre regulación se añade otra capa de complejidad. La regulación no es mala pero hay riesgo de exceso y desequilibrio entre regiones. “No vemos el mismo nivel de regulación en Estados Unidos que en Europa” aunque el sector podría estar entrando en una fase de corrección, “es un movimiento pendular y, tras años de sobre-regulación, podría haber una posible vuelta a criterios más racionales”, dice Mallo. Por su parte, Patain cree que la desventaja competitiva de Europa frente a Estados Unidos es real: demasiada regulación, demasiada carga administrativas pueden ahorrar la capacidad de innovación y aumentar los costes estructurales de la industria.
En cuanto al segmento de la distribución, el diagnóstico es claro: España tiende a consolidarse como un mercado de distribución más que de gestión, con un peso creciente de grandes bancos y plataformas. En ese escenario, hay quien defiende la cooperación frente a la confrontación: “no creo que tenga mucho sentido que las gestoras distribuyan en directo. La clave está en las alianzas con quienes conocen al cliente final y en aportar valor real al proceso de construcción de carteras”, dice Mallo.
El auge de neobancos y plataformas digitales añade otra variable al tablero. Aunque hoy su negocio se apoya sobre todo en indexación, varios participantes coincidieron en que están ganando peso y que, en una segunda fase, incorporarán productos más sofisticados. El trasfondo generacional refuerza esta tendencia. La adaptación a nuevos canales y hábitos no es opcional, especialmente ante un futuro marcado por un traspaso generacional de renta que cambiará el perfil del inversor.
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