Tras la publicación del artículo sobre la necesidad de la creación de un banco malo, a petición de lectores y clientes, aunamos esfuerzos para poder aclarar y especificar cómo se debería llevar a cabo y los costes o consecuencias que ello supondría para el contribuyente.

Así, en un entorno financiero férreamente cerrado a la concesión de crédito, debido a la gravísima situación de los balances bancarios, nos sentimos en la necesidad de proponer posibles soluciones. La problemática se fundamenta en que la mayor parte de la financiación bancaria tiene un coste constante y que en cambio, algunos de los activos han perdido valor por la explosión del boom inmobiliario y por la coetánea crisis de la deuda soberana. Ante ello, una solución factible sería la creación de un banco malo, que ayudaría a limpiar las entidades de los ya famosos activos tóxicos o activos inmobiliarios problemáticos, para que de una vez por todas se recogiese contablemente la situación actual y no seguir proliferando la desconfianza en nuestro sector financiero.

La creación de un banco malo puede hacerse de diversas formas, en nuestra opinión, ésta se debería instrumentar a través del FROB. Las principales funciones de esta nueva entidad serían comprar a precio de mercado los activos tóxicos a las entidades, financiándose a través del Estado o Europa, por tanto, sería una nacionalización en todo regla. Hay diversos puntos de suma importancia que cabe comentar ya que si no fuese así sería un “mal banco malo”, permítanos la expresión:

1) La compra-venta de activos tóxicos a precio de mercado. Si no fuese así no se estaría recogiendo la realidad, con lo que no se estaría cumpliendo el principio contable de la imagen fiel. Por tanto, las entidades deberán contabilizar pérdidas por las diferencias entre valor contable y el precio de mercado. Si esto no fuese así y las compra-ventas se hiciesen por valor contable, continuaría la desconfianza y la presión sobre nuestra deuda tanto bancaria como soberana. En último término, los inversores no creerían en nuestra estabilidad financiera, a pesar de que posiblemente se volviese a conceder crédito a la economía real, no se resolvería el problema ya que el mercado mayorista seguiría desconfiando de los bancos y el crédito concedido sería a un coste mayor.
2) La creación de esta nueva entidad debe desarrollarse perfectamente reglada, sin dejar o proporcionar vías de escape para la colocación de activos por parte de las entidades a precios desorbitados.
3) Todas las entidades deberán acudir a realizar limpieza de sus balances, sin excepciones.
El coste de la creación de este banco malo, está siendo muy comentado, de hecho se está hablando de coste unitario que sobrepasa los 3.000 euros por contribuyente, calculándose en base a que el Estado emita deuda para financiar a este ente. El coste se reduciría si la financiación viniese del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), ya que los inversores de bonos españoles exigen rentabilidades entorno al 6% y Europa seguramente nos exigiría tipos más bajos, posiblemente 2 puntos porcentuales menos. Si bien es cierto, que este fondo debe de una vez por todas ponerse en funcionamiento y no ceder su papel al FMI o al BCE, ahogado por la compra de deuda soberana y empeñado en no volver a bajar tipos al menos hasta mediados de 2012.

En nuestra opinión, la creación de esta entidad es la mejor opción ya que se reducirían drásticamente las intervenciones y nacionalizaciones por el Banco de España, que en el corto plazo repercutirán en el contribuyente de forma más violenta que la implementación de la nueva entidad. Es decir, es mejor un banco malo que más de una veintena, los costes se concentrarían y se reducirían. No es una salida fácil, ni para los bancos que tendrán que reconocer pérdidas, ni para el Estado que tendrá que aumentar su deuda, ni consecuentemente para el contribuyente que tendrá que pagar por los platos rotos de otros, pero si bien es cierto es una buena opción para reactivar el crédito y la economía.

Si las autoridades tanto nacionales como europeas no consiguen resolver el estado de inestabilidad de nuestras finanzas, no descartamos que algún país miembro abandone el euro y con ello duplique la deuda soberana por la devaluación de la nueva moneda. En esta tesitura, las entidades no solo tendrían que preocuparse de los activos tóxicos, sino también de la deuda soberana que caería en una nueva oleada de ataques especulativos y quiebras sobrevenidas.

Nuestro sistema bancario acumula una exposición inmobiliaria directa de 164.000 millones de euros, 45.000 millones en viviendas y 119.000 millones en suelo; aunque si además tenemos en cuenta la exposición indirecta la cifra supera los 300.000 millones de euros. Afirmar que las entidades podrán vender estos activos a sus precios contables y además si estamos hablando en un mercado actualmente parado y deprimido, es no decir la verdad. De hecho, se estima que la liquidación de este stock, además de su consecuente coste de oportunidad, supondrá un abultado tiempo, 4 años en el caso de viviendas y 40 para la liquidación del suelo.
Mientras las soluciones se postergan, el riesgo sistemático es cada vez mayor, por lo que continuamos recomendando estrategias neutrales a mercado, no tiendo depósitos, permaneciendo fuera de balance del negocio bancario, comprando fondos de inversión, acciones y deuda corporativa. Aunque a corto plazo sufrirán movimientos bajistas, nos aportarán valor a medio y largo plazo, permitiéndonos salir de esta situación de estrés.

En conclusión, las autoridades ya hace tiempo que deberían de haberse dado cuenta que no vale de nada mirar hacia otro lado esperando soluciones y que no pueden continuar siendo títeres de unos pocos. Nosotros como EAFI continuamos protegiendo a nuestros clientes, ya que no somos analistas políticos sino analistas independientes que diseñan trajes a medida para sus clientes, intentando aportarles valor y buscando que no sean víctimas de estas manos que manejan a su beneplácito el escenario que mejor les conviene.