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Ahora bien, es posible encontrar aspectos positivos: en los últimos años las mayores tasas de crecimiento del PIB per cápita se han producido en los países emergentes y éstas son, salvo alguna excepción, muy elevadas. Por lo tanto, aunque la distancia entre los países emergentes y los desarrollados en términos de riqueza por habitante sean muy destacadas, el crecimiento del PIB de los últimos años consigue reducir parte de las diferencias, uno de los factores que, a su vez, pueden sentar las bases para la expansión económica en el futuro. A medida que el PIB per cápita de los países emergentes se vaya incrementando, lo hará la capacidad de consumo y, por lo tanto, la demanda interna podría complementar (o, incluso, tomar el relevo) a la externa como motor del crecimiento del PIB.
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