Seis trampas de la inversión que conviene evitar

 

Nos gustaría compartir con usted seis peligros típicos que observamos una y otra vez: no se trata de equivocaciones banales, sino de impacto potencialmente decisivo y persistente en su cartera, y que en muchas ocasiones puede incluso negarle la posibilidad de disfrutar de una jubilación cómoda o de otros planes que haya imaginado para su porvenir. La buena noticia es que sortear los obstáculos le resultará más llevadero si es consciente de ellos. 

Trampa n.º 1: Orientarse al corto plazo

Una inversión próspera, guiada por la consecución de metas, es normalmente un viaje de largo recorrido. El horizonte temporal de muchos inversores con los que trabajamos abarca varios ciclos de mercado, ya que un elemento decisivo es nunca perder de vista los objetivos y el plan de inversión. Por ello, es posible que centrarse demasiado en el corto plazo y tomar decisiones en base a la actualidad –ya sean temores, fluctuaciones del mercado u otra cosa–, le desvíe de su plan a largo. Una forma extrema de miopía es dedicarse a las operaciones bursátiles intradía (o day trading), un tipo de estrategias en las que se compra y vende acciones de forma muy rápida, en ocasiones varias veces en un solo día. A menudo este tipo de prácticas abocan al fracaso debido a que es muy complicado –si no imposible– predecir el comportamiento de los mercados de forma sistemática en periodos breves.

Otra costumbre no tan extrema, pero también común, es la propensión a vender acciones que han bajado en un lapso breve solo porque han perdido cierto valor. O bien tratar de salir del mercado en plena corrección –una caída a corto plazo motivada por un cambio del ánimo inversor de entre el 10% y el 20%– justo en el momento oportuno, para más tarde volver a entrar cuando la cotización se sitúa en un nivel inferior. Es probable que este tipo de tácticas de miras cortas le priven de importantes ganancias, lo que a largo plazo puede perjudicarle en mayor medida de lo que le beneficiaría la revalorización de operar a corto plazo. 

Trampa n.º 2: Buscar acciones y sectores de moda

Con frecuencia los inversores cometen el error de dejarse seducir por los cantos de sirena de títulos o sectores que se han revalorizado extraordinariamente en el pasado inmediato con la esperanza de que su buena racha se prolongará. Por obvio que parezca, no todos se dan cuenta de que, siguiendo este método, pueden sin pretenderlo comprar caro y vender barato, justo lo contrario de lo que se ansía. El problema es que, al replicar las tendencias de moda, muchos inversores no se dan cuenta de que están procediendo así, seguramente porque confían en que serán más seguras per se o, de alguna manera, que seguirán subiendo más que la media eternamente. A nuestro juicio, con todo, su comportamiento mayoritariamente responde al profundo miedo a perderse las ganancias que otros disfrutan. Hemos visto asignar grandes cuantías al sector tecnológico a finales de los noventa y al inmobiliario entre 2005 y 2006: muchos creían que procedían de acuerdo a motivaciones racionales y lógicas. Conviene recordar que las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras y que ningún sector o título particular logra destacar todo el tiempo. Por ello, antes de invertir en el último grito, debe asegurarse de que lo hace atendiendo a factores fundamentales y no por una pura reacción emocional.

Trampa n.º 3: Revisar con demasiada frecuencia su cartera de inversión

Prestar demasiada atención a la oscilación de los mercados en un determinado día, semana o mes puede distraerle de sus objetivos a largo plazo. Seguir de cerca la evolución de sus inversiones resulta agradable cuando los mercados ascienden constante. Sin embargo, hacerlo cuando surge la volatilidad, depreciando así su cartera, puede destrozarle los nervios por temporal que sea el fenómeno. En ningún caso defendemos que se olvide por completo de sus activos, si bien, desgraciadamente, dedicarles más tiempo del necesario puede llevarle a emprender cambios simplemente según los estados pasajeros por los que atraviesa el ánimo, y no por los fundamentos de dichas inversiones. Antes de modificar la composición de la cartera, una forma de aislarse de estas tentaciones consiste en atender a más criterios de inversión que la mera oscilación de las cotizaciones. 

Trampa n.º 4: Invertir en activos ilíquidos

Tanto los títulos de renta fija como los de renta variable son relativamente líquidos, en la medida que pueden comprarse y venderse sin que dicho intercambio apenas afecte a su cotización. Sin embargo, todas las inversiones no son igual de líquidas: las monedas, los artículos de colección, las obras de arte o los coches clásicos normalmente cuesta más convertirlos en efectivo. En estos casos se requiere encontrar a un comprador –o bien recurrir a la ayuda de un intermediario que lo encuentre– y, además, el precio final de la transacción es mucho más incierto y variable que el de las acciones. Si bien estos productos poco convencionales pueden proporcionar disfrute y diversión, también, por lo general, implican un mayor riesgo, en parte precisamente por la dificultad que entrañan las operaciones. Parece factible que su falta de liquidez se convierta en un gran obstáculo si en algún momento necesita desprenderse de ellos con urgencia. Un ejemplo sencillo accesible es el del mercado inmobiliario: con frecuencia –e incluso muchas veces es apropiado–, una porción de su patrimonio la representa su propia vivienda. No hay nada mejor que una buena casa que, además, es útil, pero, como inversión, los bienes raíces son ilíquidos en comparación con las acciones y los bonos. Enajenar un inmueble y, por extensión, obtener beneficios en la operación, se complica cuando tiene prisa por hacerlo. Por tanto, es posible que al concentrarse en valores ilíquidos se encuentre su dinero bloqueado justo cuando lo necesite.

Trampa n.º 5: Imitar las inversiones de los demás

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Los informativos, los podcasts sobre inversión, las publicaciones de las empresas y las redes sociales nos bombardean a todas horas con noticias sobre mercados financieros. Si sigue alguno de estos medios, descubrirá numerosas ideas de inversión, conque antes o después se verá tentado de aplicarlas. La realidad es que las acciones oscilan en base a la anticipación de eventos, por lo que, si todo el mundo dispone de la misma información que a usted le ha entusiasmado, su eventual ventaja ya habrá desaparecido cuando actúe. Seguramente llegará tarde para aprovechar la oportunidad, ya que la información que el mercado conoce se refleja de inmediato en las cotizaciones. Así, la mayoría de los consejos de inversión no sirven porque los mercados suelen emprender un camino diferente al que espera la mayoría. 

Trampa n.º 6: Realizar grandes apuestas

Concentrar una buena porción de la cartera en una única inversión supone una “gran apuesta”, según la cual, si ese activo registra una rentabilidad deficiente, le puede poner en un serio aprieto, exponiéndole a un mayor riesgo del que dicta la prudencia. Pocos irían a Montecarlo a jugarse la mitad, o siquiera un cuarto, de su patrimonio en una partida de dados. Por enorme que sea el posible beneficio, la probabilidad de ganar –bajísima– hace que no merezca la pena asumir ese riesgo de pérdida ni sufrir sus dolorosas consecuencias. Pese a no hacerlo en situaciones tan dramáticas, los inversores acometen grandes apuestas continuamente.

Una de las formas más comunes de apuesta ni siquiera suele considerarse como tal. Nos referimos a destinar una proporción considerable de sus ahorros para la jubilación en las acciones de la propia empresa en que trabaja. Seguro que tiene una buena perspectiva sobre su marcha en el futuro y que tiene un elevado sentido de lealtad a la misma, si bien las decisiones de inversión que responden a emociones pueden no ser lo más conveniente para usted y su familia.

Una forma más drástica de incurrir en este error es colocar una buena parte de su capital atendiendo a un consejo de inversión o tomar posiciones en el estreno en bolsa de una compañía en la confianza de que va a ponerse por las nubes en poco tiempo. Este comportamiento es muy arriesgado por muchos motivos: primero, porque si cree saber algo, es muy probable que muchos otros también lo sepan, conque el mercado ya habrá descontado esa información en sus cotizaciones; segundo, porque cualquier inversión de la que se anuncie que “seguro” proporciona grandes ganancias podría ser un fraude; y tercero, porque sencillamente se equivoque. Los inversores de renta variable pueden evitar este desatino limitando al 5% de la cartera el peso de un título o segmento del mercado. 

Conclusión

Prosperar como inversor orientado al largo plazo es una ardua tarea. El camino está jalonado de distracciones y trampas y, desdichadamente, las malas decisiones a menudo provocan daños en mayor medida que benefician los aciertos. Por consiguiente, a la hora de invertir, es trascendental que evite esos peligros: para ello, como ya hemos explicado, ocúpese de los parámetros pertinentes identificando sus objetivos financieros a largo plazo y el plan de inversión que requiere para conseguirlos.

 

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