En mayo se aceleró la caída de las cotizaciones en la mayoría de las bolsas, tanto de las naciones industrializadas desarrolladas como de los mercados emergentes (ME). No pocas veces los retrocesos alcanzaron porcentajes de dos dígitos.

La recurrente preocupación por el verdadero estado de la economía china, el empeoramiento de los datos económicos de EE.UU. y un nuevo agravamiento de la crisis financiera de la zona euro llevaron a muchos inversores a reducir sus posiciones en acciones. El marcado descenso de los precios de las materias primas lastró de forma palpable las bolsas de los países que las exportan, por ejemplo Rusia y Brasil. Incluso el precio del petróleo, que hasta bien entrado abril se había mantenido muy estable, sufrió en mayo una fuerte presión bajista. También los datos económicos oficiales provenientes de Pekín apuntan a una clarísima debilitación del crecimiento económico. Si a ello añadimos indicadores "oficiosos", como el consumo energético, los volúmenes de transporte dentro de China y datos alternativos de la inflación, tenemos que la dinámica de crecimiento del Imperio Celeste es todavía mucho más débil.

También la economía estadounidense ―desde los índices de gestores de compras hasta la renta disponible, pasando por las cifras de ocupación― se presenta más débil de lo esperado. En la zona euro la debilitación económica, tras hacer mella en los "países periféricos", parece afectar ahora en creciente medida también a los países "centrales". Entre tanto la crisis financiera se amplía, a pesar de las contundentes medidas del BCE, y siguen sin vislumbrarse soluciones duraderas. Se habla ahora incluso, y cada vez más, de la salida de Grecia (y quizás de otros países) del euro. En pocas palabras, no cabe duda de que en las últimas semanas se ha incrementado considerablemente el riesgo de una contracción económica global. Mientras que en EE.UU., Japón y la UE no queda prácticamente ningún margen de maniobra financiero para contrarrestar esa situación con planes gubernamentales de estímulo, China aún estaría en perfectas condiciones de hacerlo. Sin embargo, en más de un sentido la experiencia de los enormes programas de inversión de 2009 distó mucho de ser solamente positiva, por lo que en esta ocasión Pekín podría actuar con mucha más prudencia. Dejando esto a un lado, China por sí sola no podría tirar hacia arriba de la economía mundial, a pesar de que su importancia en la misma haya aumentado de forma notable.

En este contexto, la mayor parte de los países emergentes sigue mostrándose en excelente forma desde el punto de vista económico. No obstante, es evidente que su dinámica de crecimiento no es sólida, y en muchos casos ya amenaza debilitarse otra vez. De cualquier modo, las tasas de inflación siguen retrocediendo en casi todos esos países, siendo posible que esta tendencia se mantenga y permita a sus bancos emisores nuevas rebajas de los tipos.

China
El debilitamiento de los datos económicos ha reavivado los temores a un "aterrizaje duro" de China. Tanto la demanda interior como los pedidos de exportación han evolucionado peor de lo previsto. A todas luces la crisis de la zona euro repercute cada vez más sobre las exportaciones. De todos modos, la producción industrial muestra todavía un ligero crecimiento. En vista de la situación, el Gobierno ha puesto sobre el tapete medidas de fomento del crecimiento. Entre ellas se cuentan bajadas de los impuestos para las empresas, la construcción de viviendas sociales y subvenciones y ayudas tanto a la inversión privada como al consumo privado. El banco emisor podría volver a reducir el coeficiente de reservas mínimas que exige a los bancos. Sin embargo, se ha dado a entender muy claramente que si se aprueban nuevas medidas de estímulo a la economía china no tendrán ni mucho menos la envergadura de las adoptadas en 2009, debido, entre otros motivos, a los efectos inflacionistas que podrían producir. China anunció para sorpresa de muchos que en adelante el yuan podrá cambiarse directamente con el yen japonés además de con el dólar estadounidense: otra medida destinada a reforzar la relevancia internacional de la moneda nacional china y potenciar su uso en Asia. Una vez más, los mercados chinos de renta variable mostraron comportamientos muy dispares. Mientras que las acciones H de Hong Kong cayeron casi un 13%, el índice de acciones A de Shanghái se mantuvo prácticamente en el mismo nivel del mes anterior.

India
A pesar de las intervenciones del banco emisor en el mercado de divisas, la rupia marcó durante un tiempo un nuevo mínimo histórico frente al dólar. Entre tanto las tres grandes agencias de rating han rebajado a "negativa" su previsión a corto plazo de la solvencia de la India, por lo que es posible que en breve se revise a la baja su calificación crediticia. No obstante, el índice BSE-Sensex 30 se recuperó con brío y experimentó un avance de más del 7%, gracias principalmente al incremento del apetito de riesgo que se produjo hacia finales de mes en todo el mundo.

Turquía
El talón de Aquiles de la economía turca continúa siendo el elevado déficit de la balanza por cuenta corriente, producido sobre todo por las importaciones de energía. Es de suponer que el retroceso de los precios del petróleo atenúe ese problema y tenga un efecto favorable también sobre la inflación.

Hungría
Sin un acuerdo de ayudas económicas, la refinanciación de Hungría corre verdadero peligro. Por otro lado, la prevista implantación de un impuesto húngaro sobre las transacciones financieras puede dar lugar a nuevos desencuentros políticos con la UE.