
Lógicamente estas teorías se rompen frecuentemente por la realidad. La oportunidad en el caso de las OPAs o la perenne sequía que vive la Bolsa española en estrenos bursátiles por mucho que las cotizaciones estén disparadas y el mercado español fuera el pasado año la estrella mundial de la renta variable.
Aparentemente, ahora la recompra de títulos no sería la operación más adecuada por parte de las empresas, considerada como otro tipo de remuneración similar al dividendo. Los índices siguen marcando máximos históricos y muchas cotizaciones de compañías también conocen sus niveles más elevados. La pregunta sería si, por ejemplo, las tecnológicas o los bancos ¿están comprando sus acciones en un momento en que los títulos están caros? Un reciente informe de Goldman Sachs justifica los precios actuales, aunque destaca que "todos los principales mercados de renta variable cotizan ahora a valoraciones muy por encima de sus promedios a largo plazo".
Las cifras del pasado año de buena evolución de las bolsas mundiales son también espectaculares en cuanto a la adquisición de acciones. JP Morgan estima un volumen total de 1,9 billones de dólares con crecimientos que superan los dos dígitos respecto a 2024. Y los protagonistas de estas adquisiciones han sido los bancos y las tecnológicas como grandes generadores de caja.
Pero ¿están caros? En la reciente presentación de resultados, el presidente de BBVA , Carlos Torres, anunciaba que a final de año decidiría sobre 2.800 millones de euros excedentarios, bien para recompra de acciones, aunque no descartaba dar un dividendo extraordinario. La elección de una u otra opción dependerá en buena medida -así lo dijo el ejecutivo- de si la acción de BBVA seguía subiendo. Torres consideró que actualmente el BBVA está barato con un PER en torno a las 11 veces beneficios, pese a la fortísima subida de la acción -cercana al 40%- tras el fracaso de la OPA lanzada por la entidad sobre el Banco Sabadell.
Y esta es una de las ventajas de la recompra de acciones ya que se puede reducir o eliminar el programa sin perjudicar en exceso a la acción, algo que no ocurre con los dividendos: el anuncio de retirada de estos pagos supone una debacle, al menos temporal, para los títulos. Y otra consecuencia es que las empresas que recompran consideran que la acción está infravalorada, mandando una señal de confianza a los inversores. El inversor se beneficia por la mejoría de los ratios de las acciones con crecimiento del beneficio por acción y del dividendo si las cosas siguen marchando bien en la compañía. Y no es necesario obtener mayor beneficio, por lo que esta mejoría es algo contable, tal vez, artificial.
Sin embargo, el momento de euforia que han vivido las bolsas, ahora ya con movimientos más laterales, puede no ser el más adecuado para realizar recompras. Si la acción termina cayendo, destruyen valor. Y siempre resulta cuestionable no intentar destinar ese dinero a adquisiciones o inversiones en el negocio que logren una rentabilidad adecuada.
Como en los mercados de acciones las seguridades no existen, estamos en un momento interesante para ver si estas recompras cumplen con los objetivos que se persiguen o, por el contrario, acaban provocando una pérdida de valor para la propia empresa . Solo el tiempo resolverá el enigma. Los programas de recompra son tan generosos últimamente como las revalorizaciones logradas en los últimos años. Desde el otro lado del Atlántico, tecnológicas como Meta y Amazon han frenado sus recompras de acciones, mientras que Alphabet (Google) las reduce en un 64%. Aquí hay un motivo claro: las inversiones en la Inteligencia Artificial.

