Tras una comida con un amigo reconozco que la incertidumbre me domina. Me temo que es una sensación compartida por muchos inversores: ¿qué la economía norteamericana vuelve a acelerarse? ¿un crecimiento mundial de nuevo en máximos? ¿escasa mejora de los desequilibrios? ¿temores a la inflación? ¿tras la caída de los precios del crudo?.
Tras una comida con un amigo (a la vez que cliente, que no son conceptos incompatibles) reconozco que la incertidumbre me domina. Me temo que es una sensación compartida por muchos inversores: ¿qué la economía norteamericana vuelve a acelerarse? ¿un crecimiento mundial de nuevo en máximos? ¿escasa mejora de los desequilibrios? ¿temores a la inflación? ¿tras la caída de los precios del crudo?. Y muchas más preguntas que me surgen. Naturalmente, con implicaciones importantes en los mercados. En las bolsas, que en estos momentos siguen centrando las recomendaciones positivas de los analistas. Tanta coincidencia es preocupante. Pero, lo evidente, es que hay factores detrás de la liquidez o las operaciones corporativas que siguen apuntando a la inversión en bolsa. Hace apenas una semana podía leer un informe detallado donde se justificaba que, pese a más de cuatro años ya de subidas consecutivas y niveles máximos en la mayoría de los casos, aún podemos hablar de un mercado inmaduro. Pero sin grandes análisis también podemos alcanzar la misma conclusión al observar el comportamiento de los mercados de crédito. Cuando las compañías aceleran sus procesos de endeudamiento, los niveles aún aceptables garantizan que las subidas de los spread de crédito será más que moderada (atenuada a muy corto plazo por factores técnicos de oferta/demanda). Una situación que sigue siendo coherente con la fase 2/3 del ciclo del crédito. Y coherente con una fase aún expansiva en el propio ciclo económico. Claro que, todo lo anterior, sonará extraño cuando en estos momentos asistimos a una moderación en el crecimiento de los beneficios empresariales. Me refiero a los datos del Q4, cuando muchas compañías moderan también sus perspectivas para la evolución de los beneficios durante este nuevo ejercicio que comienza. Bien, debemos considerar en este punto dos importantes reflexiones. La primera, que son precisamente las productoras de materias primas y petroleras las que más están reflejando el ajuste (como en el pasado han mostrado un aumento extraordinario de los beneficios). La segunda, que las comparaciones se realizan sobre una base de beneficios muy elevada. Nosotros, todos, esperamos que las empresas moderen el crecimiento de sus beneficios. Un comportamiento que, en teoría, debería mostrarnos que estamos en una posición muy avanzada de la fase de auge. Pero esta conclusión debe ser matizada. Más bien el crecimiento de los beneficios se modera hacia un ritmo de crecimiento, elevado desde una perspectiva histórica, pero también más sostenido en el tiempo. Esto no es sinónimo de problemas de valoración en las empresas, como era insostenible el crecimiento de los beneficios y márgenes a niveles récord históricos.