El año pasado volvió a ser un buen año para los mercados emergentes, y por primera vez en la historia, podemos decir que hemos visto cuatro años consecutivos de rendimiento positivo. Incluso si tenemos en cuenta la tendencia bajista que ha caracterizado la primera parte de esta década, la renta variable de los mercados emergentes ha producido un rendimiento del 300% si nos remontamos a principios de 1999. Por su parte, el rendimiento del mundo en general se ha situado en torno al 60%*. A pesar de las turbulencias que han sufrido los mercados emergentes a finales de febrero y principios de marzo de este año, cuando cayeron todos los mercados, ahora se sitúan holgadamente a la cabeza. Lo consideramos como un simple contratiempo a la baja, no como el inicio de un mercado a la baja. Un motivo importante sobre el creciente temor por parte de los inversores, ha sido la reaparición de incertidumbre acerca de las perspectivas económicas estadounidenses, propiciada por el fuerte aumento de los impagos en las devoluciones de préstamos por debajo de la prima en EE.UU. El nerviosismo en torno a EE.UU. suele tener mayores repercusiones en los mercados emergentes que en los mercados desarrollados como el estadounidense. Antes de que exponga por qué los mercados emergentes ya no se encuentran como consecuencia final de una recesión en EE.UU., primero me gustaría destacar que, en nuestra opinión, no todo es pesimismo en la economía estadounidense. Existen ciertos riesgos que hay que vigilar, como una posible caída continua de los precios inmobiliarios y las repercusiones que podría tener. No obstante, los economistas de Schroders prevén, en realidad, un “aterrizaje suave”, es decir, que el crecimiento se desacelerará gradualmente pero seguirá siendo positivo. Esto supondría cierta continuidad de un panorama económico mundial moderado: ni demasiado positivo ni demasiado negativo. Incluso si nos equivocamos, ya es hora de que los inversores se diesen cuenta de que no deben considerar los mercados emergentes a la luz de EE.UU. Aquellos que todavía consideran la región como la posición más arriesgada en un momento de recesión en EE.UU. necesitan volver a examinar de dónde proviene el crecimiento económico de la región. Descorrelación Desde 2003, a pesar de que los indicadores económicos han tendido a la baja en la mayoría de las economías desarrolladas del G7, los mercados emergentes han mantenido sus buenos resultados. Es algo nunca visto antes, pero es una tendencia que estamos seguros de que se mantendrá. Un motor potente por derecho propio EE.UU. siempre se ha considerado el motor del crecimiento mundial, pero los mercados emergentes están funcionando ahora con su propio motor; ya no dependen fundamentalmente de las exportaciones a economías desarrolladas para crecer, especialmente ahora que China y la India han entrado en el panorama económico mundial. Actualmente, se calcula que el crecimiento de los mercados emergentes representa en total dos tercios del crecimiento mundial. Las economías BRIC (Brasil, Rusia, la India, China) por sí solas representan un tercio del crecimiento mundial. Mercados emergentes De modo que, en lugar de depender de la economía mundial para su propio crecimiento, los mercados emergentes son motores clave de la economía mundial. Confianza en sí mismos Algunas economías de Asia son lo suficientemente sólidas por sí mismas como para impulsar su propio crecimiento, así como para trasladarlo a otros lugares. En China, la India y Malasia, la contribución al crecimiento del PIB en el último año se ha debido, casi en su totalidad, al aumento de la demanda doméstica, más que de las exportaciones, ya sean al resto de la región asiática o a países similares de EE.UU. y Europa. Otros países, como Filipinas, Taiwán y Tailandia aún dependen en gran medida de las exportaciones. No obstante, la dependencia de EE.UU. es considerablemente menor, ya que se benefician de unas relaciones comerciales sólidas con los países vecinos. Las exportaciones de los países emergentes asiáticos a China superan ya a las dirigidas a EE.UU. Cabe destacar que el crecimiento auto-sostenido de China nos proporciona una imagen diferente a la que vimos en Japón, Hong Kong y Singapur durante sus propios periodos de fuerte crecimiento. Todos ellos se basaron en la exportación. Hay que reconocer que la historia del crecimiento doméstico de China ha estado impulsada por el gasto de inversión más que por el consumo chino. Han surgido dudas acerca de si China estaba incurriendo realmente en demasiados gastos en su propio crecimiento. No estamos de acuerdo con esto. El gasto de inversión de capital de China expresado en porcentaje de su PIB se sitúa ligeramente por encima del 40%, en línea con Japón a finales de los años 50 y 60, y en línea con Corea y Taiwán en periodos de fuerte crecimiento. El nivel de gasto de inversión en China simplemente es proporcional a esta etapa de su ciclo económico. Sin embargo, es cierto que necesitamos ver crecer el consumo doméstico en China. Consideramos que esto ocurrirá cuando el desarrollo se traslade de las regiones costeras al interior; con la creciente urbanización, por lo que, finalmente, se acabará produciendo un aumento de la demanda de los consumidores. Transformación mundial La capacidad de los mercados emergentes de sostener su propio crecimiento se basa en la enorme mejora estructural de estas economías. En el pasado, se sabía que eran economías más volátiles y débiles, caracterizadas por la hiperinflación, crisis de endeudamiento y crisis monetarias. Sin embargo, ya no es así. La inflación ha descendido a un solo dígito en todos los mercados emergentes, y ya quedaron muy atrás los días de hiperinflación enLatinoamérica. La mayoría de los países ha visto reducida su deuda formidablemente. El nivel total de deuda pública como porcentaje del PIB (al 38%) se encuentra a menos de la mitad del nivel de las economías desarrolladas (al 89%). La mejora en la balanza comercial significa que la balanza de pagos por cuenta corriente se encuentra en situación de superávit, al contrario que en muchos países desarrollados. Por ejemplo, China posee más de 1 billón de dólares de reservas. Esto supondría disponer de suficiente efectivo como para comprar toda la economía brasileña y ¡aún sobraría para comprar Chile! Pero, aunque China lidera este sector, esta cuestión se extiende más allá de China o la región asiática emergente. Las economías de los mercados emergentes de todo el mundo han logrado una mejora espectacular de sus fundamentales económicos. Si alguien hubiera insinuado hace diez años que Latinoamérica sería un acreedor neto, nadie le habría creído. Sin embargo, economías como México, Brasil y Argentina han experimentado un cambio de posición formidable. El menor riesgo justifica una nueva clasificación Es evidente que la volatilidad de los mercados emergentes se ha reducido en los últimos años. Sin embargo, a pesar del aumento del 300% que he mencionado anteriormente, los mercados continúan cotizando con descuento. En realidad, no se ha producido una nueva calificación, porque el alto nivel de crecimiento de los beneficios en la región se ha mantenido al mismo nivel que el crecimiento del mercado. La relación precio-beneficios total de los mercados emergentes es solamente de 12 veces (basado en previsiones consensuadas sobre los beneficios del próximo año)., mientras que el mercado estadounidense cotiza en torno a 16 veces. Todo ello sin tener en cuenta los años de fuerte crecimiento de los beneficios que esperamos de los mercados emergentes debido a su rápido crecimiento. Las empresas de estos mercados se están beneficiando no sólo de un ritmo mucho más rápido de crecimiento económico, sino además de una reforma corporativa progresiva en muchos países. Sin embargo, todavía se ofrece una prima de riesgo a los inversores en mercados emergentes, por riesgos que no están asumiendo realmente. En mi opinión, aunque veamos una recesión en EE.UU. más pronunciada de lo previsto, los mercados emergentes pueden ser una de las mejores posibilidades.