A pesar de la mejora económica y las positivas perspectivas de mercado, el inversor español, un año más, sigue caracterizándose por ser básicamente conservador. De hecho, el porcentaje de inversores nacionales que pretenden aumentar el peso de la renta variable en bolsa en próximos meses ha disminuido con respecto a ejercicios pasados. 

Estas son las algunas de las consideraciones que destacan dentro de la última encuesta de Legg Mason para evaluar el perfil del inversor español. La gestora ha realizado esta encuesta entre 200 inversores de rentas altas (a partir de 200.000 dólares de activos disponibles para inversión) con edades comprendidas entre los 40 y los 75 años.

En el marco de esta encuesta llama la atención que el inversor español es conservador, cada año más, y eso que, según la muestra, los inversores españoles son los más jóvenes de Europa. Pues bien, en 2014 el porcentaje de los inversores “arriesgados” era tres puntos porcentuales mayor al actual (23% vs 20% actual), mientras que un 53% se enmarca dentro del perfil inversor “algo conservador”, frente al 51% de media mundial.

Y eso que si atendemos a las carteras actuales, la renta fija es el activo en el que más redujeron su peso en las carteras durante el último año (un 7%), mientras que la renta variable se mantiene en niveles similares a 2014 (21%), y el efectivo ha aumentado un 10% (hasta el 29%).

ASIGNACIÓN DE ACTIVOS

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En intención de asignación de activos futura, la renta variable pierde posiciones como activo en el que los españoles tienen intención de aumentar su inversión en próximos meses frente al 2014, aunque no deja de ser el más atractivo para ellos. Así pues, un 38% de los españoles encuestados muestran su predisposición a invertir en bolsa a un año vista, pero hace un año este porcentaje se elevaba al 43%.

INTENCIÓN DE ASIGNACIÓN DE ACTIVOS





En la parte de renta variable, hay que destacar el incremento del atractivo de las inversiones internacionales para el inversor español, especialmente en renta variable. Un 43% de los inversores españoles consideran aumentar el peso de sus inversiones internacionales en bolsa. Curiosamente, el mercado que ven con mejores ojos es China (46%), seguido de EE.UU (39%) y Europa (29%). Puede parecer sorprendente que en el año más prometedor para la renta variable europea, ésta se sitúe en tercer orden por preferencia. Javier Mallo, rensable de Legg Mason para España y Portugal cree que esto se justifica porque “la mayor parte de la cartera ya la tienen invertida en acciones españolas y, al buscar diversificación, quieren hacerlo con otras inversiones fuera de Europa”. Con respecto al llamativo apetito por la renta variable china, el experto se muestra sorprendido y cree que “es más bien algo anecdótico, afectado por factores o noticias que se debieron de producir en la fecha en la que se hizo la encuesta”.

Actualmente el peso de las inversiones internacionales en la cartera de los españoles todavía representa un porcentaje bajo (54%) frente a la media mundial (77%). Esto podría estar afectado en parte por el fantasma de jugar fuera de casa, pues la mitad de los inversores españoles reconocen que, aunque necesitarían una mayor rentabilidad en sus inversiones, temen asumir los riesgos inherentes para conseguirla. Realmente esto es paradójico, pues la propia diversificación internacional ayuda a reducir el riesgo a través de diferentes mercados.


LA JUBILACIÓN, la gran preocupación de los españoles

Los inversores españoles son los más preocupados de Europa por si llegarán a cobrar su jubilación. Un 54% se muestran recelosos acerca de si el gobierno cumplirá con sus obligaciones en cuanto al pago de pensiones. Este porcentaje contrasta con media de Europa (36%) y, sobre todo, con la escasa preocupación que manifiestan por este tema los inversores del Reino Unido o de Suiza (22%).

No llegar a disfrutar de su jubilación como promete el Gobierno actualmente es el factor que los encuestados consideran que más condicionará su nivel de vida deseado en el futuro. La jubilación se coloca en cabeza de sus preocupaciones, por delante de un “evento inesperado que me obligue a usar mis recursos prematuramente” (36%) y “que mis ingresos no se mantengan a la par con la inflación” (30%).

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