El Banco Central Europeo ha decidido sacar la artillería pesada. Estaba claro que su presidente, Mario Draghi, tenía que ofrecer a los mercados un paquete de medidas creíbles para calmar a los inversores y restaurar la confianza. Y cumplió lo prometido, incluso más allá de lo que esperaba la mayoría.
Recordemos que el BCE ha rebajado los tres tipos de interés principales, ha expandido su programa de flexibilización cuantitativa – tanto en volumen como añadiendo los bonos corporativos a la lista de compras – y ha lanzado una nueva oleada de TLTRO, que debería reducir aún más los costes de financiación de la zona euro.
Sin duda es una batería de medidas bastante completa, y el señor Draghi estuvo dispuesto, una vez más, a confesar que tiene más herramientas en caso de que sea necesaria una mayor intervención.

La idea de que el BCE bajo el mandato de Mario Draghi todavía está comprometido a hacer “lo que sea necesario” quedó muy clara después de la última reunión. Y este es un mensaje importante. Sin embargo, para que el organismo monetario tenga que recurrir a una mayor intervención, es posible que las perspectivas de crecimiento e inflación en la Eurozona tengan que deteriorarse significativamente, un escenario que consideramos poco probable.

Durante los días previos a la reunión del banco central, los economistas lanzaron sus apuestas sobre cuáles serían los instrumentos disponibles que escogería Draghi.La respuesta es: todos ellos. O, al menos, casi todos ellos. Como se esperaba en gran medida, las razones que citó el banquero italiano para dar estos pasos fueron el deterioro que se ha producido en las previsiones de crecimiento e inflación desde la anterior reunión del Consejo del BCE en diciembre y el endurecimiento de las condiciones de financiación en la unión monetaria que ha causado la combinación de la volatilidad en los mercados con un euro más fuerte.

Al menos parece que los mercados financieros han apreciado las nuevas medidas lanzadas por el BCE, a juzgar por el rendimiento de los bonos y acciones durante los días posteriores. Sin embargo, aún queda una cuestión clave sin resolver: si todas estas decisiones lograrán impulsar la actividad económica y, en última instancia, incrementarán la inflación. Para que esto suceda, los famosos agentes económicos deberán incrementar la demanda real o la oferta en cualquier nivel de precios, y aquí es donde comienza el debate: las evidencias más recientes apuntan a que la compra masiva de activos por parte de los bancos centrales no cambia necesariamente, ni de manera inmediata, las decisiones económicas de consumidores y empresas.

Laurent Denize, global Co-CIO, Oddo Meriten AM