¡Quién se lo iba a decir al euro! Con sólo 10 años de vida ya cotiza muy por encima de su contrincante más fuerte, el dólar, pero, no es oro todo lo que reluce. Una moneda única tan cara también está dibujando un panorama negativo en la industria europea y, sobre todo, en el mercado de exportaciones.
Tras una semana de dudas, el euro ha vuelto a ganar terreno sobre la moneda estadounidense, invitando a los inversores a apostar por él y su mayor retorno y, es que, después de confirmarse ayer mismo la salida de EE.UU. de la recesión a través de las cifras de PIB (3,5%), el atractivo del billete verde como refugio se ha reducido aún más.

Pero la altanería del euro frente al dólar podría tener los días contados. Ben Bernanke ya ha anunciado que los tipos de interés no se mantendrán tan bajos por mucho más tiempo. Probablemente, a principios de año el país del Tío Sam los suba, haciendo que las cosas vuelvan a su sitio pero, ante una amenaza así, también Trichet ha barajado un posible aumento de este índice a este lado del Atlántico. Quizás entonces, la crisis parecerá haber pasado de largo por el mercado de las divisas y, tras la tempestad que asola la rentabilidad de la moneda americana, el dólar brillará con la fuerza de antaño.

CONSECUENCIAS DE UN EURO CARO EN EUROPA

Un euro tan caro puede proyectar un falso espejismo de fuerza del Viejo Continente frente a las Américas, por ejemplo, las exportaciones en Europa han disminuido debido a que la moneda única ha llegado a sobrepasar los 1,50 dólares. Ahora, para otros países es más caro que nunca comprar aquí y, claro, la mirada se vuelve a los mercados emergentes, como el chino o el japonés, que ganan terreno frente a los gigantes comerciales tradicionales.

Además, para muchas empresas tampoco sale conveniente trabajar aquí porque “todo lo que se produce en Europa está un 47% más caro que en EE.UU. por lo que algunas compañías ya han exportado su producción a aquel país, abaratando costes”, apunta Toni Juste, especulador y consultor de divisas.

Aún así, no hay que ser del todo pesimistas. La nota positiva de esta subida es “el control de los precios”, como destaca Tony Juste. La Unión Europea se garantiza con un euro caro que los precios se mantengan estables, evitando una situación inflacionista que terminara por hundir el continente.

CONSECUENCIAS DE UN DÓLAR BARATO EN OTROS MERCADOS

En lo que va de año el billete que retrata la cara de George Washington ha caído un 7,6%, frente a la apreciación de la moneda europea del 7,5%. Prácticamente uno sube lo que baja el otro, y, con ellos, el petróleo. Ante las voces que aclamaban una confirmada salida de la crisis en EE.UU. esta misma semana, el precio del oro negro subió. Así pues, el jueves vivió un ascenso de 2,44 dólares hasta pagarse a 78,30 dólares/barril. Consecuentemente, en estos 10 meses, los precios de los combustibles se han elevado un 28% en nuestro país.

Quien también le planta cara al dólar es el oro. El apetito por el riesgo ha llevado a comprar posiciones en el metal precioso esta semana haciéndolo subir a máximos históricos. La onza ya cotiza a 16,60 dólares en el Comex y es que, el oro sube a medida que se deprecia el dólar porque es considerado una cobertura para la divisa estadounidense, además de una moneda alternativa.

FUTURO DE LA MONEDA ÚNICA

Ahora, la cuestión es, ¿al euro le quedan cotas mucho más altas que escalar? Aquí las opiniones son enfrentadas. Según Miguel Cedillo, gestor de Dif Broker, “la moneda comunitaria aún tiene potencial alcista, pues hemos asistido a una volatilidad mayor en el sector y se puede ir más arriba, llegando tranquilamente a la zona de 1,53 unidades, donde estaría tocando una resistencia importante”, una zona que Jorge del Canto, analista independiente, dice “lo más probable es que supere”. Contradiciendo esto, se sitúa Toni Juste, que afirma que “probablemente la tendencia se dé la vuelta y, si no toca los 1,53 dólares, bajará y mucho”.

Algunos consideran que el euro no podría celebrar mejor su décimo aniversario que con una confirmada superioridad sobre su rival más duro, el dólar, y otros, en cambio, ven en esta preponderancia una carga demasiado pesada para una moneda tan joven, aunque reine en el más viejo continente.