Justo cuando se cumplen 79 años del fatídico jueves 24 de octubre de 1929, las bolsas de todo el mundo se desploman al calor de una crisis financiera, una más que probable entrada en recesión de la economía global y una desconfianza cada vez mayor. En aquella ocasión, hace casi 80 años desde marzo de 1929 se llevaban viviendo en la Bolsa bruscas caídas del índice por ventas desmesuradas pero generalmente las seguía una recuperación que alcanzaba los índices anteriores o incluso los superaba.
El domingo del miedo 

En marzo se sucedieron tres semanas de subidas constantes, pero al mismo tiempo la sensación de que la Bolsa estaba muy sobrevalorada. En ese momento comenzó a difundirse el rumor, no falto de fundamento, de que el Consejo de la Reserva Federal de Estados Unidos se estaba reuniendo a diario y en secreto para no causar miedos. El fin de semana del 23 y 24 de marzo se supo que el Consejo se había reunido incluso en sábado lo que desencadenó una venta masiva el lunes 25. Uno de los vendedores fue el fundador de la dinastía Kennedy, Joe Kennedy, que formuló la frase según la cual si cualquiera puede invertir en bolsa y un limpiabotas predecir es que el mercado está sobrevalorado , tras una conversación que tuvo con su limpiabotas en la que le recomendaba comprar acciones de ferrocarriles y petroleras.

El lunes el índice cayó 9,5 puntos y el martes siguiente algunos valores perdían 3 puntos por hora vendiéndose ocho millones de títulos. Sobraba papel, faltaba dinero y aumentaban los intereses por éste que llegaban incluso al 20%. Sin embargo, un inversor con muchos intereses en el mercado de valores y muchos recursos le plantó frente. Charles E. Mitchell, presidente del National City Bank, empleó los recursos del banco para comprar todos los títulos y dar la sensación de que había esperado un descenso excesivo para comprar, lo que hizo recuperar la confianza en el mercado.

El fenómeno absurdo 

El viernes 18 de octubre de 1929 comenzaron a venderse acciones y cundió el pánico en algunos sectores de Wall Street, saliendo a la venta 8 millones de acciones, descendiendo ese día el índice 7 puntos, y el sábado otros 12 puntos. Sin embargo, inversores ricos, empresas de inversión y bancos comenzaron a comprar convencidos de que sería una caída momentánea.

Nuevamente se difundía la idea de la normalidad del mercado y seguían las críticas a quienes vaticinaban un desplome repentino. Realmente estaban estafándose a sí mismos, pero lograron detener momentáneamente la caída e incluso imprimir un pequeño ascenso en el valor de las acciones, pese a ser un espejismo, como la semana siguiente se vería.

El día de la caída
 
El 24 de octubre, tras varias pequeñas bajadas, se produjo la primera gran caída, llegando a descender la Bolsa un 9% ; pero en aquella ocasión no había un banco que comprara las bolsas o una amalgama de inversores que pusiera freno.

El pánico fue tan grande que la policía debió clausurar la bolsa. Se llegaban a ofrecer paquetes de acciones a un tercio de su valor, sin encontrar comprador. Muchos millonarios y ricos inversores se lanzaban desde los rascacielos , incapaces de asumir la gran depresión que se avecinaba y que nadie quiso ver. No obstante a las 13:00 horas se produjo el milagro de la subida, gracias a entrada de entre 20 y 30 millones de dólares invertidos por los bancos, que hizo subir la bolsa, perdiendo finalmente esta sólo un 12% de su valor