El futuro ya no es lo que era”. Ahora es el momento de reafirmar nuestra confianza en la banca. El sector ha fortalecido sus balances y está trabajando para mejorar la manera en la que se hacen las cosas. Los bancos pueden ayudar a abordar los grandes retos económicos y sociales, y ello nos debería dar confianza en su futuro.
 
Buenos días.

Es un placer daros la bienvenida hoy aquí.
Quisiera agradeceros vuestra presencia en esta octava edición de la Conferencia Internacional de Banca de Banco Santander. Yogi Berra, leyenda del béisbol estadounidense, dijo una vez: “el futuro ya no es lo que era”.

Personalmente, durante los últimos años he visto cómo en muchas conferencias se cuestionaba el futuro de nuestra industria. Podemos colaborar a nivel macro con gobiernos y contribuir a la estabilidad de las economías.

Podemos apoyar a aquellas empresas que se comprometen a abordar desafíos globales como el cambio climático.

Hoy más que nunca, hay que actuar con sentido de responsabilidad para ayudar a abordar todos estos desafíos y muchos otros.

Y espero que después de los debates de hoy compartáis conmigo esta confianza. A lo largo de su historia, en el Santander siempre hemos creído que para aprovechar las oportunidades hay que estar abiertos al cambio.

Durante las décadas de 1990 y 2000, nuestra respuesta a los cambios en el sector bancario europeo fue una estrategia de crecimiento inorgánico.
Esto nos posiciona hoy con las ventajas y las responsabilidades de nuestro tamaño.

Hoy contamos con más de 100 millones de clientes en mercados que suman 1.000 millones de habitantes.

Nuestra oportunidad ahora es ser capaces de generar la solidez y confianza que se espera de un gran banco global pero con la agilidad de una empresa más pequeña.

Debemos adaptar nuestros modelos, nuestras redes y relaciones, al entorno de acelerados cambios tecnológicos.

Debemos mejorar constantemente nuestros estándares de gestión del riesgo y de crédito para asegurarnos al tiempo crecimiento y estabilidad a futuro - además de ofrecer servicios bancarios mejores, más fiables, más rápidos y más baratos en intervalos de milisegundos y fracciones de céntimos.

Debemos abordar los retos y las consecuencias del too-big-to-fail, al tiempo que competimos con start-ups que no son objeto de atención de los reguladores.

Estas tendencias están ejerciendo presión sobre el modelo de negocio tradicional de los bancos y poniendo a prueba las expectativas de los inversores.

Sin embargo, existe una forma de resolver estas tensiones. La manera de hacerlo es centrarnos en lo que mejor hacemos: sostenibilidad fundamentada en un equipo sólido y relaciones de largo plazo con los clientes.

Tomando como base lo que hacemos mejor, renovándolo y adaptándolo al entorno de hoy.

Si pudiéramos adivinar lo que opinan nuestros reguladores y diseñar su “banco teórico ideal”, sería una entidad pequeña y local, con una cartera de crédito financiada con depósitos de particulares.

Sus clientes serían Pymes y se contentaría con un RoE del 5%. ¡Este banco ideal no es fácil de encontrar! Lo más cercano podría ser un banco regional americano.

La economía mundial necesita un ecosistema diverso, con bancos grandes y pequeños, globales y locales, con modelos de negocio, estructuras de financiación y bases de clientes diferentes.

El tamaño no es el problema. Lo importante para nuestra seguridad económica es si el banco es gestionable de forma efectiva.

Y en ese sentido, probablemente el modelo Santander se parece al modelo ideal del regulador. Somos un banco global, pero las raíces de nuestra fortaleza son locales.

Tenemos masa crítica en nueve países y somos líderes en financiación al consumo en Europa.
Delegamos en nuestros equipos y nuestros consejos locales la autoridad para manejar y construir su negocio, porque confiamos en que son los que mejor entienden sus mercados y sus clientes. Pero a cambio les pedimos responsabilidad.

Esa mezcla de confianza y responsabilidad constituye la clave de cómo gestionamos.

Queremos que cada oficina en cada país sea local, a la vez que aprovecha las ventajas de ser parte del Grupo Santander. Y no hay duda de que esas ventajas son significativas.

Cuando hace seis años entramos en el mercado británico de Pymes, teníamos el tamaño para invertir en sistemas sofisticados de evaluación del riesgo y así atender a clientes que habían sido rechazados por los bancos tradicionales, al tiempo que manteníamos nuestro perfil prudente de riesgos.

Desde entonces hemos aumentado nuestro apoyo a esas Pymes con 70 centros regionales, más gestores y más servicios bancarios para estas empresas, que impulsan el crecimiento económico.

Nuestro tamaño nos ha permitido ayudar a miles de empresas europeas a crecer en Europa y a dar sus primeros pasos en Latinoamérica, y viceversa para nuestros clientes en Latinoamérica.

Los grandes bancos internacionales contribuyen a fomentar el comercio y la inversión entre países. Los grandes bancos también desempeñan un papel importante colaborando con el sector público.

Ayudan a ejecutar la política fiscal mediante una recaudación tributaria eficiente.
Apoyan en materia de seguridad implantando procedimientos anti corrupción y anti blanqueo de capitales.

Crean las herramientas financieras necesarias para financiar infraestructuras y otras necesidades públicas. Pueden ayudar a abordar grandes problemas sociales como el cambio climático, invirtiendo en empresas de energías renovables o dando ejemplo con sus políticas de riesgo medioambiental.

Se está hablando mucho de la desintermediación del sector bancario en esta nueva época. Pero en realidad lo que está ocurriendo es que empresas que no son bancos están haciendo algunas de las cosas que hacemos los bancos: gestionando pagos, concediendo créditos e incluso llevando a cabo la transformación de plazos. Están compitiendo en nichos significativos de nuestro mercado.

Pero no son bancos. Operan con horizontes distintos. Y no pueden hacer la mayoría de las cosas que hacemos nosotros. Nosotros podemos liderar porque tenemos la confianza de nuestros clientes.

Podemos aportar valor de manera única.

Pero para seguir haciéndolo, debemos abordar tres aspectos clave: responsabilidad, flexibilidad y rentabilidad.

Para Santander, actuar de manera responsable es una parte esencial de nuestra cultura. En la práctica, esto quiere decir que buscamos que todo lo que hacemos sea sencillo, personal y justo.

Sencillo, porque creemos que es la manera de generar confianza y fidelidad. Es la manera de asegurar que podemos cumplir nuestra misión de contribuir al progreso de las personas y de las empresas.

La sencillez también se traduce en transparencia, un valor esencial en la era digital. Personal, porque buscamos facilitar las cosas a nuestros equipos y clientes. Incluso con Big Data, creemos que todo el mundo merece ser tratado como un individuo, con respeto. No sólo como un número.

Justo, porque creemos que la justicia se traduce en confianza y la confianza en prosperidad. En 1975, sólo había 5.000 teléfonos móviles en el mundo, y no eran smartphones. Hoy hay 3.600 millones, de los que un 81% son smartphones.
El número de dispositivos conectados se está multiplicando.

Y el crecimiento exponencial de la tecnología contribuye a un mayor bienestar social porque elimina las barreras de acceso al conocimiento y a la Red para millones de personas. Poder acceder a nuevos servicios aumenta su productividad y su potencial de desarrollo.

Estamos experimentando una revolución tan social como tecnológica – y queremos ser parte de ella. Cuando los bancos se comportan de forma responsable, pueden competir y prosperar con sus clientes.

El modelo de Santander de bancos locales nos hace más resistentes a la volatilidad de los mercados. Operamos en Europa y en las Américas, en mercados desarrollados y en desarrollo.

Y nos sentimos orgullosos de que nuestro modelo de banca y diversificación geográfica nos haya permitido no dar pérdidas ni un solo trimestre durante la crisis.
Hemos pagado dividendos a nuestros accionistas los últimos 50 años, sin interrupción.

Y hemos crecido nuestro beneficio neto un 54% en los últimos 2 años (comparando los 9 primeros meses de 2015 respecto a los 9 primeros meses de 2013).

La solidez de nuestro balance nos da la seguridad que demandan reguladores y clientes, y la estabilidad que nos permite seguir construyendo un banco mejor.
Continuaremos cambiando y adaptándonos desde esta posición de fortaleza.

Los bancos somos conscientes de que las expectativas de nuestros clientes están siendo trasformadas por la tecnología.

Quieren que su banco les permita operar con la misma facilidad con la que escriben un mensaje de texto o comparten fotografías.
Muchas nuevas empresas ofrecen servicios de pagos, préstamos peer-to-peer y transacciones de divisas a bajo coste.

Estas empresas son nativos digitales. Cuentan con ingenieros de primer nivel y operan sin los costes y las obligaciones regulatorias de los bancos. Y los clientes lo valoran de manera muy positiva.

Por ejemplo, blockchain. Ofrece una propuesta sencilla y muy atractiva: transaccionar más barato y más rápido. Está cambiando ya hoy nuestra industria.

Podemos participar de este cambio pero eso requiere, primero, cambiar nuestra forma de operar internamente. Todos los bancos, nosotros también, nos estamos convirtiendo en empresas de tecnología.

También requiere aprender a colaborar con las mejores empresas de tecnología financiera.

Dedico bastante tiempo a entender estas nuevas empresas y su tecnología. He podido comprobar lo interesante que resulta trabajar en ellas.

Pero siempre les pido que imaginen cuál sería el impacto que podría tener su tecnología a través de nuestra plataforma de 100 millones de clientes.

Santander ofrece una de las mayores plataformas que existen para la innovación financiera. Invitamos a los innovadores, los emprendedores y los ingenieros a trabajar con nosotros para que puedan llegar al mayor número posible de clientes. Y para ayudarnos a ser un banco mejor.

El cambio intenso de los últimos años en nuestro sector se nota: aunque hemos hecho grandes esfuerzos, no es posible alcanzar los niveles de rentabilidad anteriores a la crisis.

Durante los últimos años, el coste del capital se ha mantenido en niveles cercanos al 10% para los bancos europeos. Pero la rentabilidad de ese capital ha caído desde el 20% de 2007 al actual 4%.

Si a ello unimos los muy bajos tipos de interés y el débil crecimiento de las economías desarrolladas, resulta todo un reto para el sector.

Esta es la realidad del sector bancario hoy.

La buena noticia es que [espero que] estemos más cerca del final que del principio de este ciclo que empezó con la crisis financiera.

Esperamos que el crecimiento mundial se acelere pronto y, con él, nuestra capacidad para crecer con nuestros clientes y generar una mayor rentabilidad. El FMI prevé que el crecimiento del PIB mundial aumente del 3,1% de este año al 3,6% en 2016.

Las autoridades han manifestado abiertamente su apoyo al crecimiento y sus reformas estructurales están empezando a dar frutos. Los bajos precios de la energía están beneficiando a fabricantes y consumidores.
El entorno regulatorio, tras una larga fase de incertidumbre, parece que por fin se está clarificando y estabilizando.

El capital Tier 1 de los bancos europeos pasó del 9% en 2009 al 12% en el primer trimestre de 2015. Entre 2010 y 2015, los bancos aumentaron capital por valor de 300.000 millones de dólares. Ahora es el momento de poner esta fortaleza a trabajar.

Internamente, estamos transformando nuestra organización, y reevaluando nuestros procesos y fuentes de ingresos. Queremos crecer, pero no sólo en cuota de mercado o activos. Nuestro objetivo es crecimiento orgánico rentable, transformando nuestro modelo comercial y buscando maximizar nuestro beneficio por acción. Este cambio es profundo y llevará tiempo.

Pero mientras cambiamos el modelo comercial, seguimos distribuyendo dividendos e incrementando nuestro beneficio. Cuando un banco es rentable, puede hacer muchas cosas. Puede aumentar el crédito a sus clientes. Puede ayudar a generar puestos de trabajo y apoyar el crecimiento económico.
Puede reinvertir sus beneficios en mejorar sus productos y servicios.

Puede aumentar el dividendo.

Y puede impulsar proyectos como Santander Universidades, a través del cual invertimos cientos de millones de euros en universidades en todo el mundo para apoyar a los estudiantes y contribuir al progreso social.

Nuestro objetivo es generar beneficios de forma responsable y podemos estar orgullosos de ello. Yogi Berra estaba en lo cierto: el futuro ya no es lo que era.

Pero si tomamos el camino correcto, puede ser mejor que nunca.
Podemos llevar a cabo nuestra misión de contribuir al progreso de las personas y de las empresas. El entorno actual, complejo y cambiante requiere organizaciones capaces de ejecutar la estrategia con excelencia.

Los líderes de estas organizaciones deben de estar preparados a aceptar los nuevos retos y el cambio constante. Deben saber valorar el esfuerzo y aprender de los errores. Y sobre todo, deben actuar con integridad.

Christine Lagarde dijo recientemente: “Sin integridad, hasta la mejor regulación y el mejor gobierno corporativo son vulnerables”. Quizás la señora Laggarde estaba pensando en las palabras que una vez pronunció Warren Buffet: “Hay que buscar personas con tres cualidades: integridad, inteligencia y energía. Si no tienes la primera, las otras dos te matarán”.

Al mundo de la banca nunca le faltó gente con gran inteligencia y energía.
Será la integridad lo que determine nuestro éxito en los próximos años.
Muchas gracias.