Se cumplen cinco años de la que ha sido considerada “la mayor bancarrota de los Estados Unidos”. La quiebra del gigante de las telecomunicaciones Worldcom siguió a la suspensión de pagos de Enron. Lo que provocó una desconfianza en los mercados financieros que contribuyó al desmoronamiento de la primera economía del mundo y, en consecuencia, al resto de plazas bursátiles del viejo continente. Pero ¿qué lleva a una compañía, que es líder mundial en su sector, a llevar este tipo de prácticas?
El 22 de junio de 2002 la compañía más importante de Estados Unidos especializada en telecomunicaciones anuncia al mercado bursátil neoyorkino un fraude por valor de 3.800 millones de dólares, correspondientes a los cinco trimestres previos al anuncio. Un mes después, Worldcom se declara en suspensión de pagos en una operación que afectó a 85.000 empleados, miles de accionistas y bloqueó sus operaciones en más de 65 países. Pero ¿qué motivos existen para utilizar este tipo de maquillajes? En general, la cultura que imperaba en Worldcom era “caldo de cultivo para la aparición de un escándalo contable”, señala Ignacio de la Torre, director ejecutivo de ventas de UBS. Con la filosofía “haz que los números salgan”, Bernie Ebbers, consejero delegado de Worldcom lanzaba mensajes al mercado para elevar las previsiones de sus acciones. Un ejemplo de pescadilla que se muerde la cola pues la presión por alcanzar estas previsiones favorecía el buen ritmo de una acción utilizada para retribuir a sus accionistas o para llevar a cabo nuevas adquisiciones. El escándalo de Worldcom estalló pocos meses después del que envolvió al gigante energético Enron. La gloria de la que gozó la energética tras aparecer en la revista Fortune como la séptima compañía más grande de Estados Unidos, le duró poco. En octubre de 2001, la energética anuncia al mercado pérdidas de 638 millones de dólares en los resultados del tercer trimestre del año. Sólo dos semanas después de que su presidente Keneth Lay mejorara las previsiones de resultados y afirmara que las acciones de Enron eran una ganga. Y lo fueron, pues los títulos de la compañía pasaron de los 62 dólares a cotizar por debajo de los 5 dólares por acción. Es entonces cuando el regulador norteamericano, la Securities and Exchange Comisión (SEC), comienza a investigar las irregularidades de la compañía y destapa mayores pérdidas de las declaradas. Esto supuso el derrumbe en bolsa de los títulos de Enron hasta alcanzar mínimos de 10 años atrás, momento en el que la energética decide acogerse a la declaración de bancarrota. Consecuencias El impacto de ambas operaciones no se hizo esperar en los mercados y las bolsas vivieron una jornada tormentosa en ambos lados del atlántico. El engaño no sólo penalizó a las compañías relacionadas con el sector al que pertenecían, sino que se expandió a la política, auditoras implicadas e incluso provocó una huída de la renta variable norteamericana, propiciando incluso la debilidad del dólar.