China acaba de publicar una serie de medidas gubernamentales con el fin de frenar la tasa de crecimiento de las viviendas y evitar una burbuja inmobiliaria que pueda poner en peligro el rápido crecimiento de su economía.

El Consejo de Estado ha ordenado a las distintas ciudades la restricción en la oferta de terrenos para la construcción, la subida de impuestos en las ventas de aquellos inmuebles que hayan sido adquiridos durante los cinco últimos años y la puesta en marcha de un control de precios para las nuevas viviendas.

Beijing también ha abierto la posibilidad de una subida de la tasa correspondiente al depósito inicial mínimo para la adquisición de viviendas de segunda mano, que podría pasar del 50% al 60%.