El gobierno del presidente Barack Obama se prepara para llevar a General Motors Corp. a la corte de bancarrota este lunes y presionar por un plan de reestructuración que les costará a los contribuyentes estadounidenses miles de millones de dólares más de lo previamente proyectado. La medida busca convertir la que alguna vez fue una de las compañías más rentables del mundo en una empresa tutelada por el Estado.
La posibilidad de un proceso de bancarrota rápido aumentó el jueves después de que el gobierno alterara los términos de su plan de reestructuración para GM. El gobierno le ofreció a los tenedores de bonos un acuerdo más favorable si acordaban perdonar 27.000 millones de dólares en deuda no asegurada y prometían no oponerse a la reorganización en el tribunal.

Como parte de los nuevos términos, el gobierno acordó dar a GM hasta 30.000 millones de dólares en financiación para que la empresa siga operando durante el proceso de bancarrota, un aumento sustancial sobre los 20.000 millones en préstamos que Estados Unidos ya ha otorgado a la automotriz. También acordó convertir los préstamos en acciones, una gran apuesta que les podría salir caro a los contribuyentes estadounidenses si GM no logra recuperarse.

A cambio, el gobierno asumirá una participación de 72,5% en la automotriz reorganizada. La nueva estructura de propiedad significa que podrían pasar entre 6 y 18 meses antes de que GM vuelva a ser una empresa que cotiza en bolsa, reconocieron los funcionarios.

Varias personas involucradas dicen que GM estaría planeando hacer oficial el proceso de bancarrota el lunes aunque aún queda pendiente definir detalles importantes durante el fin de semana. Entre estos estaría el papel que el presidente ejecutivo, Frederick Henderson, jugará en el anuncio que el gobierno hará sobre la bancarrota y cómo exactamente GM organizará la nueva empresa que se creará bajo la protección de la corte, dijo una de las personas que trabajan en el desarrollo del plan.

En días recientes, ha habido un intenso diálogo entre las partes sobre cómo el gobierno de Obama posicionará la quiebra de GM, dijeron personas al tanto de la situación. La prioridad para GM y sus asesores ha sido evitar una repetición del anuncio de quiebra de Chrysler LLC, cuando los ejecutivos de la empresa estuvieron ausentes y el presidente Obama regañó a los fondos de cobertura por tratar de ganar con el colapso de Chrysler. "No quieren que eso sea un obstáculo esta vez", dijo una persona que trabaja en el plan.

En su lugar, se espera que el presidente Obama anuncie los planes del gobierno para GM en un discurso el lunes, en el que ciertamente repetirá lo que ya ha dicho antes en otras declaraciones sobre la industria automotriz: que el gobierno está interviniendo de manera reacia, pero con la confianza de que puede reconstruir GM y Chrysler LLC y recuperar al menos parte de las enormes inversiones que los contribuyentes están haciendo.

El presidente luego enviará a varios de sus secretarios, incluyendo los de Energía, Transporte, Interior, y Comercio, a recorrer los estados de la región central de Estados Unidos golpeados por la profunda caída en las ventas de autos.

Los asesores de Obama reconocen que los riesgos implícitos del proceso de bancarrota de GM superan con creces los de Chrysler, que podría empezar a salir de su propio proceso de reestructuración incluso la próxima semana, más o menos un mes después de haberse acogido a las leyes de protección de bancarrota. Por su parte, GM podría tardar entre dos y tres meses para armar su nueva estructura, dijeron funcionarios del gobierno.

La velocidad de la reorganización dependerá en gran parte de si GM y el equipo de trabajo de Obama para la industria automotriz logran llegar a un acuerdo con los tenedores de bonos.

Como parte de los nuevos términos delineados por el Departamento del Tesoro, esos tenedores de bonos no asegurados obtendrían 10% de las acciones de GM así como garantías que les permitirían elevar su participación en la empresa a poco más de 20%. A cambio, tendrían que aceptar los términos de la reorganización bajo la protección de bancarrota y entregar sus títulos existentes a la empresa. Esto eliminaría hasta  27.000 millones de dólares en deuda no asegurada.

El canje, un factor clave

El intercambio de bonos es un factor clave en la fecha límite del 1 de junio para que GM se acoja a las leyes de protección por bancarrota porque ese día también se vence el plazo para que GM le pague a un grupo de tenedores de bonos US$1.000 millones, y la empresa no planea hacerlo.

Un comité que representa a los tenedores de bonos dijo que aprobó el nuevo acuerdo porque el gobierno estaba dispuesto a asumir un mayor riesgo en GM al intercambiar una suma sustancial de deuda por acciones. Antes, GM había ofrecido a los bonistas no más de 10%, una propuesta fuertemente rechazada por los acreedores. Un grupo que representa inversores individuales, sin embargo, dijo que no cree que los términos revisados sean atractivos.

Un fideicomiso controlado por el sindicato de trabajadores, UAW, y que será utilizado para cubrir los gastos de seguro médico para los empleados jubilados recibirá 17,5% de las acciones de GM. Antes, se había previsto que el fideicomiso recibiría 39% de la automotriz.

El jueves, el presidente del sindicato, Ron Gettelfinger, declaró que su grupo había tratado de conseguir una participación mayor, pero que aceptó el 17,5% para facilitar a que se llegara a un acuerdo. "¿Nos hubiera gustado una participación mayor? Probablemente. Nos esforzamos en elevar el porcentaje. pero es lo que tenemos", dijo.

Adicionalmente, se espera que el gobierno canadiense inyecte hasta US$9.000 millones para ayudar a GM en su proceso de bancarrota, por el cual también recibirá una participación.

La oferta mejorada del jueves a los tenedores de bonos vino con un ultimátum: acéptenla antes de las 5 de la tarde del sábado o arriésguense a recibir mucho menos en la corte de bancarrota. Un alto funcionario del gobierno resumió la amenaza en una teleconferencia con la prensa, diciendo que si "los acreedores no aceptan esta oferta, pueden esperar poca o ninguna recuperación en el tribunal de quiebras".

La reorganización propone crear lo que los inversores y ejecutivos han proyectado durante años: una automotriz más concentrada y libre de costes laborales insostenible y montañas de deuda. Pero incluso si esa visión se cumple, podría ser demasiado tarde. En medio de una caída del 40% en las ventas de autos nuevos en Estados Unidos desde octubre, ninguna recuperación es posible sin el regreso de los compradores.

"Estamos enfrentando niveles de demanda que no se han visto en Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial", dijo Henderson. Cuando se le preguntó su grado de optimismo por una nueva GM, dijo que "un líder necesitaba ser optimista y realista". El plan de reestructuración vislumbra que GM alcance su punto de equilibrio con ventas de 10 millones de unidades en Estados Unidos en un año. Según el ritmo de ventas en lo que va del año, los estadounidenses comprarían sólo 9,5 millones de autos nuevos este año.