El año pasado estuvo caracterizado por un lado, por la presiones sobre los ratios de capital y las turbulencias financieras las cuales provocaron que las entidades de crédito se encontrasen en dificultades en parte esto fue motivado por la aprensión que los inversores tenían respecto al sector por lo anteriormente dicho y por el aumento del coste de financiación que afectó al descenso del precio de los activos que avalaban los préstamos.

Se hace necesario que las entidades financieras rebajen su ratio de apalancamiento a través del aumento de capital o de la reducción de activos. El aumento de capital no solo resultaría difícil por la época de turbulencias en la que nos encontramos si no también costoso ya que la desconfianza de los agentes haría incrementar el coste de capital.

Sobre esta necesidad de reducir los activos de riesgo se ha pronunciado firmemente El Banco de España (BE), quien a la espera de una fuerte aceleración de litigios y embargos inmobiliarios avisa a los bancos previniéndolos de una hipotética situación en la que pudiesen incorporar más activos de los que pueden vender.

El año pasado ya asistimos a una bajada del rating de Banco Popular por su exposición al sector inmobiliario y esta situación no ha cambiado ya que estas compañías siguen considerando que mientras los activos inmobiliarios permanezcan en estos niveles la banca tendrá dificultades para mejorar su situación por ello que El Banco de España insiste a los principales prestamistas a acelerar el proceso de venta y salida para “limpiar” los balances. Ilustrativo resulta que el primer trimestre del año concluyó con 59.700 millones de Euros de exposición del sector financiero en el inmobiliario. Los activos adjudicados siguen siendo un inconveniente en los balances de los bancos medianos (los más castigados) en el caso de Popular el peso de estos activos sobre el total es del 3% . Tiene una exposición al sector inmobiliario de más de la mitad de los créditos a clientes además esta situación se acrecienta con una tradicional y reducida presencia internacional (hasta el 2.007 solo se encontraba en Portugal). Motivado por la situación que presenta el banco, lo vimos erigirse en el objetivo de `posiciones en corto de la banca española, como pudo ser el caso de los suizos UBS, Credit Suisse y la famosa posición corto del Hedge Fund de Philip A. Falcone (uno de los gestores de Hedge Funds más poderoso del mundo).

Respecto al futuro somos cautelosos, estamos en un clima de incertidumbre considerable dónde la desaceleración de la economía española podría provocar un aumento en la morosidad provocando de esta manera penalizaciones en la evolución del balance del banco. Otra cuestión pertinente a tratar es el descenso en el crecimiento del crédito y las dificultades que se están imponiendo en el mercado de difícil acceso a la liquidez.

Las entidades financieras españolas están dejando notar en sus balances la dura digestión de activos inmobiliarios de los que son propiedad en concepto de cobro de deuda. O, dicho de otro modo, bancos y cajas ven ya como se han disparado el número de inmuebles residenciales o industriales que ahora atesoran tras quiebras embargos o refinanciaciones de deudas.

Los tres balances de bancos medianos más castigados –pisos y suelo principalmente- no terminan de soltar el pesado lastre. En caso del Popular es del 3% sobre el total activo del banco, en Sabadell es del 2.2% y en el de Banesto del 2,1%. En otro planeta se encuentra Bankinter, la sexta entidad española con tan solo el 0,6% de adjudicados sobre el total de sus activos.

A nivel técnico podemos comentar que BancoPopularha sufrido un excesivo castigo y por ello podría presentar un repunte puntual.  Actualmente el valor tiene asignado un precio objetivoalrededor de los 7.30 el cual se ve favorecido y animado por el análisis técnico que nos arroja un ADX positivo y un buen momento. Aún así, es destacable el cruce que presentan las medias móviles en señal de descenso que todavía no ha sido corregida. Todo esto nos lleva a pensar que aunque en el corto plazo el banco podría repuntar, no presenta un fuerte potencial que nos haga confiar,  a no ser que asistiésemos a cambios estructurales  en la economía que nos llevasen a condicionar el panorama en que insertamos la evolución del banco.