Los líderes del G20, que agrupa a países ricos y emergentes, se esfuerzan en la apenas ocho horas previstas para su crucial cumbre de hoy en Londres en superar sus diferencias para poder presentar al mundo un comienzo de solución de la actual crisis económica. Las diferencias son profundas entre el eje EE.UU-Reino Unido y el formado por Alemania y Francia.
Sarkozy y Merkel han sido muy claros al decir que no hace falta más cumbres de las que salgan sólo declaraciones y dijeron que la nueva arquitectura de los mercados financieros mundiales "tiene que figurar claramente en el comunicado final", a la vez que exigieron la publicación de una lista de paraísos fiscales.

Estados Unidos y también otros países ricos como Gran Bretaña y Japón creen prioritario el relanzamiento de la demanda con medidas de estímulo fiscal, pero Francia y Alemania consideran que ya han hecho suficiente al respecto, y lo urgente es supervisar las instituciones y los instrumentos financieros internacionales para evitar una repetición de lo ocurrido.

Por su parte, los países emergentes, que consideran que esta vez son víctimas de una crisis producida por otros, advierten de las desastrosas consecuencias que va a tener la misma sobre los más pobres y reclaman fondos especiales para ayudar al mundo en desarrollo a superarla y un mayor poder de decisión en las instituciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha señalado la urgencia de tomar medidas porque, según dijo, "cada día que pasa la gente va a sufrir más".

Según explicaron fuentes de la delegación española tras la cena de los dirigentes anoche en el número 10 de Downing Street, hay acuerdo general en la necesidad de eliminar los paraísos fiscales, de controlar las agencias de calificación y establecer una contabilidad más transparente.