La sustitución de Luis Portillo en la presidencia de Colonial por Mariano Miguel, hasta ahora consejero delegado, pone fin a un año de intensa actividad empresarial que ha permitido a esta inmobiliaria seguir creciendo mientras la crisis comenzaba a acechar al sector. Es el caso de la fusión con Inmocaral, la integración de Riofisa o el reconocimiento de la existencia de negociaciones para una unión con la francesa Gecina. La dimisión de Portillo se produce después de que las acciones de Colonial se desplomaran un 40 por ciento en las dos últimas sesiones del año.
Además de la sustitución de Portillo, el Consejo de Administración ha acordado la convocatoria de una nueva reunión para los próximos días cuyo objetivo será la reestructuración de este órgano ejecutivo. Según la comunicación remitida a la CNMV, en esa reunión se estudiará reducir el tamaño del Consejo, a la vez que potenciar el papel de los consejeros independientes y nombrar un presidente independiente no ejecutivo. Hasta ese momento, la presidencia será ejercida por Mariano Miguel Velasco. Caida en picado Los títulos de Colonial registraron en la última sesión de 2007 un descenso del 25,40%, con lo que la compañía cerró el año con una bajada del 62,30%. En opinión de Colonial, no existe ningún hecho o circunstancia significativa en la evolución de los negocios o en las situación patrimonial de la empresa que justifique la evolución negativa de la cotización de sus acciones. Entiende que sobre la cotización han influido las posiciones vendedoras de determinados instrumentos financieros de cobertura suscritos por accionistas de Colonial, hecho del que la empresa subraya que es ajeno a la situación patrimonial y financiera de Colonial. También informa de que el valor total de los activos financieros del grupo al cierre del tercer trimestre de 2007 asciende a 12.093 millones de euros. De esta cifra, según la compañía, el 78% del total se corresponde con los activos asociados al negocio de alquiler distribuidos mayoritariamente entre edificios de oficinas en centros de negocio de París, Madrid y Barcelona, que aseguran una fuente estable de ingresos.