El estancamiento del PIB en la Eurozona en el primer trimestre no refleja la magnitud de la crisis económica y financiera actual, ya que la cifra agrupada enmascara importantes disparidades entre países, hasta el punto de que excluyendo a Alemania del cálculo, la contracción de la economía europea en el primer trimestre llega al -0,4%.
 Y eso sin entrar a hablar de la tasa de desempleo, la disminución de la confianza o las tensiones financieras. Un contexto en el que se hace necesario un programa de incentivo del crecimiento que, independientemente de la forma éste pueda tomar, debe comenzar con la estabilización del sistema bancario.

Situación económica europea

El análisis de las cifras individualizadas de cada uno de los estados miembros confirma que la Eurozona, en general, ha caído de nuevo en recesión a finales de otoño del año pasado y, más importante sin duda, que hay una gran disparidad entre las situaciones de los socios europeos; una divergencia que hace que no solamente la elección de una combinación óptima de políticas resulte difícil, sino que es incluso incompatible con la noción misma de tener una moneda común o una política fiscal coordinada. La que ofrece actualmente Europa es una imagen aburrida que empeorará en el segundo trimestre.

Siguiendo con el desglose individualizado por países:

1. Alemania ha evitado una recesión técnica al registrar un crecimiento del PIB del 0,5% en el primer trimestre, después de una contracción de -0,2% en el último trimestre de 2011. El repunte del primer trimestre se debe a las exportaciones y el consumo de los hogares, habiendo disminuido la inversión.

2. En cuanto a Francia, está coqueteando con la recesión sin que haya todavía caído en ella. En el cuarto trimestre de 2011 el PIB francés creció un 0,1%, estancándose a comienzos de este año, en una situación en la que el consumo y el gasto público han compensado la caída de la inversión. Parece poco probable que se llegue a la previsión oficial de alcanzar el 0,7% anual en 2012, lo que requeriría una aceleración relativamente fuerte de la actividad económica a partir del segundo trimestre. Al ritmo actual Francia finalizaría 2012 con un escuálido crecimiento anual de su PIB del 0,2%.

3. Italia se encuentra sumida en una recesión de carácter grave, comuna disminución de su PIB del -0,7% a finales de 2011 y -0,8% en el primer trimestre de 2012.

4. España también está en recesión, con una contracción hasta ahora relativamente modesta de la actividad, pero que se ha saldado con un alza bastante significativa en la tasa de desempleo, cuyo efecto inicialmente se concentró en el sector de la construcción, que era el principal empleador, pero con la profundización en la crisis la destrucción de empleo está afectando a otros sectores de manera implacable. En cuanto al PIB, aunque se ha contraído solamente un -0,3% en los últimos dos trimestres, conforme pasa el tiempo, la presión sobre la demanda final como resultado de estrés bancario, los ajustes fiscales y el desempleo masivo, en los próximos trimestres veremos una acentuación del ritmo de destrucción de riqueza en España.

Reunión Merkel Hollande

Con estas cifras parece evidente que a Europa le hace falta una buena dosis de crecimiento, tema central de la reunión entre Ángela Merkel y François Hollande hasta la irrupción de la última entrega del desbarajuste griego, iniciando un debate y previsión de las medidas que se pueden tomar par abordar esta cuestión. La realidad al respecto de la reunión está bastante lejos del concurso que algunos pretenden presentar en el que los participantes tienen que elegir entre la austeridad (la posición alemana) y el crecimiento (la posición de Francia). En primer lugar ya todo el mundo acepta el hecho de que la posibilidad impulsar la actividad económica a través de los déficit públicos es prácticamente inexistente. Y en segundo lugar, el crecimiento es un objetivo al que aspiran todos (con la excepción de unos pocos en el ámbito académico que cuentan con las bondades del "crecimiento negativo"). Así que en realidad lo único que diferencia a la alemana y al francés, no es el objetivo sino el cómo lograrlo.

Mandato del BCE

Hay desde luego una serie de líneas rojas para Alemania, empezando por la posición del Banco Central Europeo (BCE), que no puede estar implicado en la financiación de los Estados de la Eurozona, de modo que no van a reescribirse los términos del mandato del BCE para incluir un objetivo de crecimiento adicional al actual sobre el control de la inflación, en línea con el doble mandato de la Reserva Federal de Estados Unidos. Y eso que, en la práctica, la política monetaria del BCE ya ha ido más allá de las consideraciones de inflación para garantizar un objetivo de estabilidad financiera.

Eurobonos

En segundo lugar, es ilusorio pensar que Alemania vaya a aceptar una mutualización de la deuda. Este objetivo solamente podría ser alcanzado después de que las finanzas públicas se hayan puesto en orden en todos los estados miembros, pero no antes, ya que en este tema el orden de los factores sí altera el producto. Esta es la razón por la que se ha firmado el "pacto fiscal" con respecto a la limitación del déficit público. Sin ajuste fiscal no habrá solidaridad. La idea de los eurobonos como un sistema conjunto de financiación paneuropeo puede ser atractiva, pero ¿realmente podemos creer en ella como un medio para poner fin a la recesión que ahora afecta a Europa? No.

Lo fundamental no es el limbo griego, sino estabilizar el sistema financiero europeo

La cuestión más apremiante para la Eurozona es la estabilización de la sector financiero y bancario. Una cuestión que tiene más que ver con España que con Grecia. Este, y no otro, es el tema fundamental que Angela Merkel y François Hollande deben abordar. Mientras que otros países como Italia, España y Portugal están claramente sufriendo los mismos problemas que afligen a Grecia (deuda excesiva, falta de competitividad, desempleo, recesión, etc.) no se han visto afectados en el mismo grado. Por otra parte, ninguno de ellos están sufriendo la misma inestabilidad política y todos han dado numerosas muestras de su compromiso de adhesión a las reglas de la Unión Monetaria Europea. La situación económica, social y política en Grecia inmediatamente después de su salida del Euro sería un ejemplo de lo que nadie más desea replicar, porque no parece altamente improbable que Grecia, repentinamente, vaya a experimentar una vuelta al crecimiento y la prosperidad. Creemos que esto es altamente improbable Así que la potencial retirada de Grecia del Euro podría por lo tanto, paradójicamente, actuar como un factor de cohesión para el resto de Estados miembros.

Un gesto de flexibilidad para facilitar las elecciones legislativas a Hollande del que España puede beneficiarse

Por lo demás, lo único que podemos esperar es en todo caso un poco más de flexibilidad en el ritmo de consolidación fiscal para aquellos países que llevan a cabo las reformas estructurales exigidas por Bruselas (España, Portugal e Italia), un gesto que sin duda el Presidente francés sabrá vender internamente para asegurar un buen resultado electoral en las próximas elecciones legislativas, ya que dada su ajustada victoria, François Hollande (con una ventaja mucho más estrecha de lo previsto por los sondeos de opinión, que le daban un 53% en la semana antes de la votación presidencial y un 54,5% una semana antes), está obligado a mantener durante las próximas semanas la misma retórica y las propuestas que le permitieron movilizar a sus electores. Aunque hasta la fecha fecha el partido que ha ganado la Presidencia siempre ha logrado la mayoría absoluta en el parlamento tras las elecciones legislativas inmediatamente posteriores, no faltan ejemplos de situaciones en las que esta mayoría se ha visto amenazada en el pasado, como ya sucedió en 1988 y en 2007. Así que aunque el riesgo de una cohabitación entre un presidente socialista y un Parlamento dominado por la derecha parece ser bajo, los socialistas franceses no pueden arriesgar la mayoría parlamentaria que necesita para asegurarse el control de casi todos los resortes del poder (actualmente dominan el Senado, la mayoría de las regiones y 15 de las 20 principales ciudades francesas).