Añadir Estrategias de Inversión en Google
Los corredores van cambiando, pero nadie sabe quién lleva el testigo en la recta final. He aquí las principales temáticas que marcarán esa carrera hasta 2027, y las razones por las que nos gusta mantener una exposición amplia al sector de las materias primas.
Los mercados petroleros cuentan con una red de seguridad cada vez más débil
La guerra entre Estados Unidos e Irán provocó interrupciones en el estrecho de Ormuz, el corredor energético más importante del mundo, y dejó fuera de servicio una importante planta de gas natural licuado (GNL) en Catar, cuya reparación podría llevar años. Los precios del petróleo prácticamente se duplicaron en el momento álgido de la crisis, y el colchón de existencias que señalamos en nuestras últimas previsiones absorbió gran parte del impacto. Sin embargo, desde entonces se ha reducido de forma significativa, lo que deja a los mercados con mucho menor margen ante la próxima disrupción. El estrecho también transporta un tercio de los fertilizantes que se comercializan en el mundo, y los precios allí experimentaron oscilaciones igual de bruscas antes de revertirse en cuestión de semanas, lo que hace que la inflación de los alimentos siga siendo un riesgo real de cara a 2027. Aunque los mercados siguen esperando una paz duradera, el agotamiento de las existencias apunta a que la prima de riesgo se mantendrá estructuralmente más alta en los mercados energéticos durante todavía algún tiempo.
Gráfica 1: Existencias mundiales de petróleo crudo y productos refinados

Fuente: WisdomTree, Agencia Internacional de la Energía, Bloomberg. De enero de 2024 a junio de 2026. La rentabilidad histórica no es indicativa de la rentabilidad a futuro y cualquier inversión puede perder valor.
La política estadounidense y el déficit de suministro de metales
Las facturas energéticas de los hogares han aumentado considerablemente en EE. UU. desde 2021, lo que ya está marcando el debate político de cara a las elecciones de mitad de legislatura de noviembre. Es probable que un Congreso republicano favorezca la producción de gas y que uno demócrata alivie la presión sobre las energías renovables, mientras que el uranio se mantiene al margen de la contienda, con el apoyo de ambos bandos. Sin embargo, en el panorama estructural a largo plazo, los metales siguen siendo los protagonistas.
Wood Mackenzie y Morgan Stanley prevén graves déficits de oferta de litio, cobalto, níquel, tierras raras y cobre durante las próximas dos décadas, con un déficit potencial de litio del 85 % para 2045. China sigue controlando la mayor parte del proceso de transformación de todos ellos, razón por la cual los gobiernos de EE. UU., la UE y Japón han comenzado a adquirir participaciones accionariales y a firmar sus propios acuerdos de suministro. La saga arancelaria del cobre de este año (con los precios disparándose y luego desplomándose a medida que cambiaban los planes de EE. UU.) es un anticipo de la volatilidad que los aranceles seguirán generando en los mercados físicos.
Gráfica 2: Se prevé que muchos metales estratégicos se enfrenten a graves déficits de suministro

Fuente: Wood Mackenzie, estimaciones de Morgan Stanley Research, mayo de 2025. Las previsiones no son un indicador de la rentabilidad a futuro y las inversiones están sujetas a riesgos e incertidumbres.
La inflación sigue reforzando la tesis de inversión en oro
Los costes energéticos han vuelto a impulsar al alza la inflación en Estados Unidos y en la zona euro, y tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo (BCE) han dado marcha atrás en su política de recortes de tipos de interés como respuesta a ello. La IA le da un giro adicional. Con el tiempo, debería contribuir a moderar los precios gracias al aumento de la productividad, pero el propio proceso de implantación está absorbiendo energía, equipamiento y mano de obra en estos momentos, por lo que creemos que la IA tiene un efecto inflacionista antes de que pase a ser deflacionaria, y que el nivel mínimo de la inflación se sitúa ahora por encima del registrado durante la última década.
El oro vivió su propia versión de esta situación este 2026, cuando alcanzó un máximo histórico de más de 5.595 dólares la onza a principios de año, antes de sufrir una fuerte corrección cuando el nuevo presidente de la Reserva Federal tranquilizó los ánimos y el conflicto con Irán desencadenó una oleada de ventas impulsadas por la liquidez. Consideramos que esa corrección supone un reajuste saludable dentro de una tendencia alcista que sigue intacta, con el oro ahora más cerca de su valor razonable y nuestro modelo apuntando a unos 4.563 dólares por onza para el segundo trimestre de 2027.
La electrificación y la defensa están provocando una mayor escasez de metales
La cuota de la electricidad en el consumo energético mundial no deja de aumentar y la Agencia Internacional de la Energía prevé que la demanda crezca más rápido que la propia economía, impulsada por los centros de datos, los sistemas de refrigeración y los vehículos eléctricos. El cobre ocupa un lugar central en todo esto, ya que solo la demanda de los centros de datos supone un aumento de cientos de miles de toneladas al año en un mercado que, de por sí, ya se enfrenta a un déficit de varios millones de toneladas para 2035. El gasto en defensa también recurre a los mismos metales, ya que los presupuestos militares mundiales alcanzaron la cifra récord de 2,9 billones de dólares en 2025 y un solo F-35 utiliza más de 400 kilogramos de elementos de tierras raras. El cobre, el aluminio, la plata, el litio y el uranio se encuentran en el punto de intersección entre la demanda de la IA y la de defensa, y prevemos que las estimaciones para todos ellos sigan revisándose al alza.
El Niño supone un riesgo a largo plazo para los precios de los alimentos
La NOAA ha confirmado el regreso del fenómeno El Niño, que llega con la temperatura de referencia más alta jamás registrada y en un momento en que las cadenas de suministro de fertilizantes siguen bajo la sombra de las interrupciones en el estrecho de Ormuz. El Niño podría alcanzar su punto álgido entre noviembre de 2026 y febrero de 2027, y dado que los efectos más graves para la agricultura suelen producirse entre seis y doce meses después de ese pico, la verdadera presión sobre los cultivos y los precios de los alimentos aún está por llegar. El sur y el sudeste de Asia son las regiones que corren mayor riesgo en lo que respecta al arroz, el azúcar y el café; la producción de trigo en Australia podría reducirse en unos 9 millones de toneladas; y el cacao de África Occidental se enfrenta a riesgo de inundaciones en un mercado ya de por sí tensionado. Argentina y el sur de EE. UU. deberían aportar un cierto alivio, pero, dado que los precios siguen estando muy por debajo de su máximo de 2022, creemos que, en estos momentos, las sorpresas se inclinan más hacia el alza.
Sigue teniendo sentido mantener una amplia diversificación en materias primas
Los combustibles fósiles no están desapareciendo rápidamente. El petróleo seguía aportando alrededor de un tercio de la energía mundial en 2025 y, aunque las energías renovables y la energía nuclear están ganando terreno, se prevé que la demanda de petróleo y gas siga creciendo moderadamente hasta 2035. Esa es una de las razones por las que una amplia cesta de materias primas (que abarca los combustibles fósiles, los metales industriales y preciosos, y los productos agrícolas) sigue reflejando la economía frente a la que los inversores necesitan protegerse.
También ayuda que los índices de materias primas hayan mejorado. El índice Bloomberg Commodity Index de primera generación ha registrado una rentabilidad de tan solo el 2,7 % desde el año 2006, razón por la cual las materias primas suelen ocupar un lugar secundario en los procesos de asignación de activos a largo plazo. Un índice de tercera generación que tiene en cuenta el endurecimiento del mercado y el impulso (momentum), basado en parte en datos sometidos a pruebas retrospectivas, habría generado una rentabilidad superior al 330 % durante el mismo periodo (ver la gráfica 3).
Gráfica 3: Los índices de tercera generación refuerzan la tesis a favor de una asignación estratégica a las materias primas

Fuente: Bloomberg Finance L.P., desde el 15 de mayo de 2006 hasta el 17 de julio de 2026, según la versión de rentabilidad total del Bloomberg Commodity Index (1.ª generación) y del WisdomTree Enhanced Commodity Index (3.ª generación) en dólares estadounidenses. Las series temporales incluyen datos contrastados. No se puede invertir directamente en un índice. La rentabilidad histórica no es indicativa de la rentabilidad a futuro y cualquier inversión puede perder valor.
Conclusión
En una carrera de relevos, nadie gana apostando por un solo corredor. Los precios de la energía se están reajustando, la oferta de metales se está reduciendo, los sistemas alimentarios se ven afectados por las condiciones meteorológicas y las políticas siguen impulsando la demanda hacia los activos refugio. Los protagonistas van cambiando, pero las presiones que hay detrás –escasez, fragmentación y demanda estructural– no desaparecen. En nuestra opinión, mantener una inversión diversificada en el sector de las materias primas sigue siendo una buena forma de seguir en la carrera.
Los mercados de materias primas pueden ser muy volátiles y es posible que las temáticas mencionadas anteriormente no se desarrollen según lo previsto. Los precios de las materias primas podrían bajar si las tensiones geopolíticas se alivian, la demanda mundial se debilita, la oferta responde más rápidamente de lo previsto o las condiciones meteorológicas resultan menos perjudiciales. Las inversiones en materias primas también pueden verse afectadas por la dinámica del mercado de futuros, las fluctuaciones de los tipos de cambio y los cambios en la confianza de los inversores. El valor de una inversión puede tanto subir como bajar.