En especial, en las plazas del Sudeste Asiático, con China, Indonesia y Vietnam, como abanderadas. Frente a los temores inflacionistas en Wall Street y con los criterios ESG dominando mercados de capitales como el español.

¿Y si 2022 es el del ‘boom’ de las bolsas emergentes? En España, la inversión ESG sigue en la cresta de la ola

El prestigioso iShares MSCI Emerging Markets ETF (EEM), el indicador de las bolsas emergentes por antonomasia ha dictado sentencia. Su última predicción habla de un descenso del 4% en las valoraciones de activos conjuntas que conforman su índice compuesto. Sensiblemente lastrado respecto al S&P 500 que cerrará el ejercicio con beneficios del 26%. Pero 2022 está configurado para revertir este escenario. Al menos, en la sala de máquinas de JP Morgan AM; desde donde se apresuran a anticipar que el próximo será el año de su resurrección. Así lo augura su estratega jefe global, David Lebovitz, para quien la era del “excepcionalismo” en los mercados americanos está próxima a su fin, mientras la economía china podría restablecer el entusiasmo inversor que ha dejado contrariadas a las carteras de capital en el gigante asiático. En una nota a clientes, el equipo de estrategas internacionales de JP Morgan, que sirve como Investment Outlook 2022, deja entrever que los activos de plazas exteriores podrían corregir el próximo año su déficit de la pasada década respecto a la de sus rivales que cotizan en Wall Street.  

Lebovitz, en declaraciones a Business Insider, da por descontado que la recuperación de la Gran Pandemia “va a intensificar su aceleración, hasta convertirse en un fenómeno mundial” y que el PIB global “pasará a estar on fire, con todos los cilindros de su motor a pleno rendimiento”. Es el punto de partida de un diagnóstico que emite, además, otros dos argumentos fundamentales. Por un lado, las especialmente bajas expectativas de crecimiento de las ganancias para 2022, lo que, en realidad, deja un elevado margen de maniobra para los inversores. Y, en segundo lugar, porque las valoraciones de los activos internacionales -no americanos- son escandalosamente más bajos comparados con la de sus contrapartes estadounidenses. Además de otra percepción que el equipo de Lebovitz pone en entredicho: un consenso de mercado que sólo les otorga una revalorización del 7% en 2022; en línea con su promedio de los últimos veinte años, explican en el informe los analistas de este banco de inversión.   

Frente a este panorama global, en JP Morgan no descartan precisamente una corrección en los parqués estadounidenses, dado que, en su opinión, la mayor economía del planeta no alcanzará la velocidad de crucero que espera el mercado. Motivo que podría precipitar que se desvíen las carteras de inversión desde EEUU a valores de plazas de capital internacionales. “El próximo año será de importante desarrollo en los mercados exteriores, con ganancias y valoraciones más que razonables en ciertas regiones”, coincide también David Kelly, estratega global de la firma en el estudio, porque “ofrecen una atractiva combinación de fundamentos cíclicos y de crecimiento”.   

Los componentes económicos o cíclicos son determinantes en el escenario post-Covid, como ya lo fueron durante la recesión, en la que florecieron especialmente los valores de empresas con manufacturas o prestación de servicios nacionales, capaces de cubrir las necesidades de gasto de los consumos domésticos. De igual manera que, con el paulatino desconfinamiento social, se ampliaron los puntos de mira inversores hacia otros valores con proyección global, escribe Kelly, cuyo análisis -incide- tuvo una especial incidencia en los mercados europeos. Algo que suscribe Lobovitz, para quien “más de la mitad del índice europeo MSCI sostuvo su crecimiento en 2021 en firmas de sectores con especial repercusión en el despegue de la actividad, como la energía, el sector manufacturero y de materiales, el industrial o el financiero.   

Pero el factor cíclico, recuerda Kelly, también atiende aspectos esenciales como la inflación. De ahí que esas mismas compañías energéticas o de fabricación de componentes y materiales se hayan configurado como las más sensibles a una escalada de precios que podría conducir a otra de tipos de interés que concluya con la fase actual de “financiación extremadamente barata”. A lo que se une la irrupción de la sexta oleada de coronavirus, la de la variante Ómicron. Pero que no va a pasar de ser “una tormenta de invierno”, tras la cual “surgirán meses de dinamismo más que notable”.

En este contexto, los mercados del sudeste asiático tomarán el mando. “Es donde estarán las mejores oportunidades de inversión”, resume el informe de JP Morgan. Específicamente, en los parqués de Indonesia, Vietnam y China. En mayor medida que los sofisticados mercados de la región (Australia, Hong-Kong, Japón, Nueva Zelanda y Singapur) y de los europeos. En estas tres economías asiáticas, con medias de crecimiento superiores al 5% entre 2000 y 2019, se volverá a la senda de las ganancias inversoras y de la expansión económicas en 2022. De sus progresos dependerán los beneficios de las carteras de inversión. Al igual que de los pasos en digitalización y en neutralidad energética verde y vehículos eléctricos en China, Corea del Sur y Taiwán. 

Para Lebovitz, un elemento substancial de esta apuesta es la composición manufacturera de las economías del Sudeste Asiático. Ahora que la demanda avanza de manera sólida, a pesar de los colapsos logísticos y comerciales, debe premiarse a las compañías que producen y que deberían ser “el viento de popa de los activos” en los mercados de capitales. Sobre China, Lobovitz apela a la “paciencia”. No hay que olvidar que es una economía dirigida, dice, en la que Evergrande y su probable quiebra ha guiado los designios de Pekín, cuyo gobierno dicta los objetivos fiscales y monetarios, pero en cuya hoja de ruta está el retorno, no declarado ni oficial, de crecimiento del PIB por encima del 5%; después de la desaceleración de la segunda mitad de 2021. Kelly se hace eco de que a las caídas bursátiles de, al menos, el 30% en 2011, 2015 y 2018 les sucedieron alzas en seis meses del 28% de promedio. “Los valores chinos necesitan trasladar a los inversores los efectos reformistas de cada ciclo de negocios para asumir el papel de liderazgo en los centros financieros emergentes”, aclara Kelly en la nota.   

Tensiones inversoras en EEUU por la inflación

Desde Morgan Stanley se pasa revista a los riesgos inversores de la inflación galopante que ha aparecido en EEUU y que obligará a la Reserva Federal a decretar tres movimientos de tipos en 2022. Lisa Shalett, Chief Investment Officer (CIO) de Wealth Management del banco de inversión observa que la tensión en el mercado de bonos antes el descuento de un encarecimiento en el precio del dinero no se ha traducido aún en una corrección de las “ricas valoraciones” obtenidas por los valores bajo planteamientos de inversión con una inflación ajustada al objetivo de la Fed durante la mayor parte de 2021. Y que la Reserva Federal sigue ligando al cuello de botella de la crisis logística y comercial. Pese a que ha puesto el apellido de prolongada a la “transitoriedad” con la que ha calificado en los últimos meses la escalada de su IPC. Este diferencial entre carteras configuradas sin inflación a la vista, especialmente en los activos de las grandes compañías, y las que ya han corregido el repunte de los precios y las subidas de tipos, a partir también de índices de actividad como el que marca el sentimiento de consumidores y empresas de la Universidad de Michigan y que apuntan a un deterioro de la coyuntura a corto plazo. Por la variante Covid y el salto de los precios sobre una economía que, pese a seguir a buen ritmo de crecimiento y de empleo, experimentará los daños colaterales del contexto inflacionista

Aun así, Shalett, apela al optimismo económico, aunque no tanto al inversor. Mientras perdure el doble crunch, energético y logístico, que se inclina por catalogarlo de eventual, aunque se alargue hasta la mitad del ejercicio 2022. 
Floreciente mercado de capital español

Entretanto, en el mercado español, según el encuentro CapCorp 2021 de KPMG, se vive una fase de notable interés en el Private Equity. Con la llegada de gran número de fondos internacionales y su coexistencia pacífica con vehículos nacionales, que han aumentado la competitividad y, por tanto, las valoraciones de los activos. Si bien -matizan- “muchos fondos ven la oportunidad de ganar un buen upside apostando por el crecimiento internacional de sus participadas”. Además, la gestión de la cartera se ha convertido en un must y, prácticamente, ya no hay fondo que no haya creado una estrategia de ESG potente en sus inversiones o en sus participadas. “Se viven tiempos de bonanza”, afirmó José González-Aller, socio responsable de Private Equity de KPMG en España. Para Jordi Alegre, Managing Partner de Miura Partners, “hace unos años, España no estaba en el radar de los grandes LP’s, pero eso ha cambiado; hasta el punto de que existe un efecto compensación debido al tiempo en el que no invirtieron en España”. Las valoraciones han subido y hay una mayor competencia, pero no es algo negativo; todo lo contrario, es un clima que conduce a la mejora y la sofisticación, aclara. 

Maite Ballester, managing director de Nexxus Iberia, apuntó que “hay estrategias puramente regionales o geográficas y otras exclusivamente sectoriales (en mercados como health care, food care, etc.); o por temáticas, con fondos de impacto social, ahorro energético o transformación industrial”. Y que, a su vez, dentro del Private Equity, “estamos viendo una proliferación de soluciones: fondos secundarios, híbridos, de deuda… Por tanto, no competimos solo los fondos tradicionales, sino también con estos vehículos nuevos”. A su juicio, “la mayoría de los inversores a nivel mundial están pensando en mantener o aumentar su presencia en el producto”.

El Private Equity sigue dando retornos altos y se ha convertido en un must have si lo comparamos con la renta variable. Es un sector que ha demostrado que ya no es solo moda, las series históricas de rentabilidad están ahí. El reto -explica- es conseguir LPs que no solo sean entes públicos, sino que los grandes inversores institucionales también apuesten por el producto. Porque los fondos de pensiones y las aseguradoras de EEUU invierten el 10% de su cartera en private equity; en Europa alrededor del 5% y en España no llegamos al 1%”.

Entretanto, Natividad Sierra, Head of Investor Relations & ESG de Corpfin Capital, explicaba por qué las inversiones han puesto el foco en los criterios ESG y las políticas de inversión responsable que, cada vez más, se han intercalado en los fondos. Sierra destacó que, “a principios de 2000, los LPs te exigían que excluyeras algunos sectores de tu objetivo de inversión”. Exigencia que fue solo el comienzo porque, “hace ya varios años ha aumentado totalmente la tendencia a la sostenibilidad, de la mano con la nueva regulación europea”.

De ahí que los fondos deban de dedicar mucho esfuerzo a desarrollar una política de ESG en cada una de las participadas, con planes de acción a medio/largo plazo. “Los temas de ESG han dejado de ser una moda temporal para convertirse en un cambio estructural que ha llegado para quedarse”. Y todas las compañías, de todos los sectores, deberán amoldarse a la nueva regulación, explica. 
Diagnóstico que comparte Ramón Pueyo, socio responsable de Sostenibilidad y Buen Gobierno de KPMG en España. “Es precisamente esa regulación la que hace que empresas y fondos deban ir un paso más allá porque, anteriormente, tan solo desarrollaba su política de ESG quien quería; sin embargo, en la actualidad, se ha convertido en una obligación”. Según Pueyo, “los criterios ESG han dejado de ser una moda temporal para convertirse en un cambio estructural que ha llegado para quedarse”.