Mientras la economía estadounidense manifiesta su recuperación, en Europa continúan las presiones, ahora deflacionistas, y los emergentes tendrán que enfrentarse a tensiones inflacionistas, según Carmignac Gestión.
La economía estadounidense acentúa su recuperación
En los Estados Unidos, la voluntad de mantener un fuerte crecimiento se ha expresado una vez más por la acción conjunta de la Reserva Federal y el poder político. La puesta en marcha de una segunda fase de “quantitative easing” por parte de la Reserva Federal viene acompañada de un paquete de medidas fiscales que contempla la renovación, durante dos años más, de las deducciones fiscales puestas en marcha bajo la administración Bush, complementadas por la ampliación de la indemnización por desempleo a los parados de larga duración y la disminución de las cargas sociales para el conjunto de la población asalariada. Esta coordinación monetaria y fiscal aleja con fuerza el riesgo de una vuelta a la recesión. Como consecuencia de ello, la confianza de los consumidores y de las empresas ha experimentado una considerable recuperación, y se van ampliando las tímidas mejoras registradas en el mercado laboral, de tal forma que la previsión de crecimiento de los Estados Unidos para el año 2011 se sitúa en el 3,5%.

No obstante, el repunte coyuntural deberá confirmarse más allá del próximo mes de junio
En esta situación, la incertidumbre no parece apoyarse en la realidad de esta recuperación, sino en su capacidad de convertirse en autosuficiente a partir del próximo mes de junio, fecha prevista de vencimiento del actual programa de inyecciones monetarias. Si este es el caso, existe la amenaza de un alza de los tipos de interés a largo plazo, y el mercado deberá financiar por sí mismo un déficit público cercano al 10% del PNB. Si no lo fuera, el Sr. Bernanke deberá continuar la política de estimulación de la actividad hasta que el mantenimiento de un crecimiento sostenido sea capaz, con un poco de inflación, de resolver una tasa de desempleo real cercana al 17% y un elevado sobreendeudamiento público y privado.

La recuperación coyuntural provoca una revisión al alza de los tipos de interés
En vista de esta coyuntura de recuperación de la actividad en los Estados Unidos, la reacción de los mercados de renta fija no se ha hecho esperar, y los tipos a 10 años se han incrementado desde el 2,5% al 3,3% en menos de 10 días. ¿Cuál debería ser el nivel de equilibrio del mercado? Si estimamos el potencial de crecimiento duradero de la economía estadounidense en el 2%, y un tipo de interés real en la media histórica del 2%, una tasa del 4% parecería un objetivo razonable. Las exigencias de rendimiento por parte de los compradores de bonos deberían verse moderadas por la debilidad de la inflación subyacente (0,8%), contenida por los excedentes de capacidad productiva y el mantenimiento de los tipos de interés de referencia de los bancos centrales cercanos a cero. Por el contrario, parece probable que en el próximo mes de junio, fecha prevista para la finalización del actual programa de “quantitative easing”, los rendimientos excedan esa tasa de equilibrio, ya que la financiación por el propio mercado de un déficit público cercano al 10% del PNB podría plantear problemas en un contexto donde la recuperación de la actividad demandará por sí sola capitales.

En Europa continúan las presiones deflacionistas
En Europa, la situación continúa siendo compleja y se mantienen las presiones deflacionistas. En estos momentos, el BCE debe enfrentarse al dilema entre una Alemania que se aproxima al pleno empleo y cuyo dinamismo económico justificaría una elevación de tipos, y los países más débiles de la zona. Dichos países deben hacer frente a una situación presupuestaria catastrófica, y es muy probable que no emprendan una restructuración de su deuda. En estas condiciones, y en tanto en cuanto no se efectúe dicha reestructuración en los países periféricos, la mejora de los mercados europeos continuará siendo pasajera, y las expectativas de una fuerte volatilidad del euro cobrarán fuerza.

Los países emergentes deben enfrentarse a tensiones inflacionistas, aunque de forma diferente en cada país
En los países emergentes, al contrario de lo que sucede en los países desarrollados, no se trata de reducir su deuda mediante el crecimiento, sino más bien de controlar las tensiones inflacionistas suscitadas en parte por la estimulación monetaria del viejo mundo para reducir el peso de su propio endeudamiento. Enfrentados a la vez a la llegada de capitales muy abundantes y a la subida de precios de las materias primas, dichos mercados deberán contener la apreciación de sus divisas y las tensiones inflacionistas importadas, que se añaden a las generadas por un crecimiento dinámico. Todo ello provoca presiones alcistas sobre los tipos de interés que, a su vez, mejoran el atractivo de sus divisas... Aunque en conjunto éstas se muestran vulnerables al alza de precios de las materias primas agrícolas, también aquí convendría distinguir entre los países donde la inflación no se ve agravada por cuellos de botella en las infraestructuras (China, Turquía...) y los países peor equipados (la India, Brasil).