La alternativa a Wall Street ya está aquí: bonos cercanos al 5% con hasta un 40% de potencial

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La renta fija vuelve a competir de tú a tú con la bolsa. La fuerte subida de las rentabilidades de los bonos ha abierto un nuevo escenario para los inversores en un entorno donde vuelve a haber alternativas razonables.  Y una de ellas vuelve a ser la deuda soberana. La pregunta es hasta qué punto unas rentabilidades cercanas al 5% pueden provocar un trasvase de capital desde la renta variable hacia los bonos.

A medida que la deuda soberana ofrece mayores rentabilidades, aumenta también el coste de oportunidad de permanecer invertido en bolsa. Para los perfiles más conservadores y determinados inversores institucionales, obtener alrededor de un 4,5%-5% anual a vencimiento puede resultar suficiente para alcanzar buena parte de sus objetivos sin asumir toda la volatilidad propia de la renta variable.

Ese escenario está cada vez más presente. “En estos momentos es atractivo que te paguen un 4,8% por el bono a diez años estadounidense, y el caso del Reino Unido es aplastante, con un 5,14%. Esto creará un efecto sustitución”, asegura Pablo García, socio de Divacons Alphavalue.

El experto recuerda lo ocurrido con la deuda española durante la crisis soberana europea. “En 2012 vimos cómo el bono español llegó a pagar un 7%. Quien compró bonos en esos niveles obtuvo muy buenas rentabilidades por el cupón y también plusvalías cuando las TIRes fueron cayendo paulatinamente. Tenemos que invertir con una visión a largo plazo. Si compramos el bono soberano estadounidense al 4,78%, aunque pueda llegar al 5%, ya son niveles muy razonables y atractivos”.

Cuando el bono vuelve a competir con la bolsa

La comparación resulta especialmente relevante cuando se observa la valoración de Wall Street. Una forma sencilla de medirla es invertir el PER del S&P 500 para obtener su earnings yield, es decir, el beneficio generado por las compañías en relación con el precio que el inversor paga por ellas.

Con un PER de 22 veces, por ejemplo, ese rendimiento por beneficios sería aproximadamente del 4,5%. Si al mismo tiempo el Treasury estadounidense a diez años ofrece una rentabilidad cercana o superior a ese nivel, el diferencial entre ambos activos prácticamente desaparece.

No significa que el rendimiento esperado de la bolsa sea únicamente ese 4,5%, ni que la prima de riesgo de las acciones sea necesariamente negativa. El crecimiento futuro de los beneficios, los dividendos y las recompras de acciones también forman parte del retorno esperado de la renta variable. Pero la comparación sirve para visualizar hasta qué punto ha aumentado la competencia que supone actualmente la renta fija.

Durante buena parte de la última década esa decisión era mucho más sencilla: con los bonos ofreciendo rentabilidades mínimas o incluso negativas, los inversores que buscaban retornos elevados apenas tenían alternativa a asumir riesgo. Ahora ese escenario ha cambiado.

El coste de oportunidad ha vuelto

El nuevo entorno también puede favorecer una mayor rotación de las carteras institucionales. Fondos de pensiones, aseguradoras y grandes gestoras pueden encontrar en la deuda soberana rentabilidades que hace apenas unos años resultaban impensables, reduciendo la necesidad de asumir grandes dosis de riesgo bursátil para alcanzar sus objetivos de rentabilidad.

Esto no significa, sin embargo, que la bolsa tenga que caer de forma inmediata. Los beneficios empresariales, el crecimiento económico y el propio momentum pueden mantener las valoraciones en niveles elevados durante bastante tiempo.

Ahí está precisamente una de las grandes claves. Para que la renta variable mantenga su atractivo frente a unos bonos que vuelven a ofrecer rentabilidades elevadas, los beneficios empresariales tendrán que seguir creciendo con fuerza o las cotizaciones tendrán que ajustarse para ofrecer valoraciones más atractivas.

Porque lo que realmente ha cambiado respecto a los años del TINA es el coste de oportunidad. José Torres, economista principal de Interactive Brokers reconoce que “pese a que no es la estrategia que mejor se ha comportado en las últimas semanas, mi idea principal son los bonos porque creo que existe un potencial importante de revalorización durante los próximos meses. Los bonos de larga duración podrían registrar ganancias significativas si se reduce la tensión geopolítica y la inflación continúa moderándose. En determinados escenarios, podríamos hablar incluso de rentabilidades del 30% o del 40%”


Este experto cree que tanto bancos centrales como gobiernos “terminarán interviniendo para evitar que los tipos de interés de largo plazo permanezcan en niveles demasiado elevados durante demasiado tiempo. El sistema económico tiene dificultades para convivir con unas condiciones financieras tan restrictivas.  Por eso, considero la deuda americana de larga duración como una de las oportunidades que más me interesan”.

El inversor ya no está obligado a elegir entre asumir riesgo en bolsa o aceptar una rentabilidad prácticamente nula en renta fija. Hoy vuelve a tener alternativas. Y cuando la deuda soberana ofrece rendimientos cercanos al 5%, la bolsa necesita ofrecer argumentos cada vez más sólidos para justificar el riesgo adicional.