La sostenibilidad nunca ha estado en el top de las agendas de las firmas de capital riesgo, pero empieza a cobrar trascendencia y a moverse entre las prioridades que demandan, sobre todo, inversores institucionales. Hay suficientes botones de muestra. Como la reciente decisión de Aviva, una de las grandes aseguradoras británicas, de dirigir 50 millones de libras (alrededor de 67 millones de euros) en un fondo de capital riesgo focalizado específicamente en startups y en valores sostenibles desde 2015. Aunque aún son carteras de capital relativamente pequeñas en las estructuras del Venture Capital (VC) internacional, las firmas verdes de capital riesgo están tomando posiciones de mercado. En PwC, por ejemplo, esperan que los activos de esta industria que se manejen bajo criterios ESG alcancen los 1,2 billones de euros (1,35 billones de dólares) en 2025. Una cifra similar a la del PIB español. Frente a los 253.000 millones que totalizaron a la conclusión de 2020.    

En parte, debido a las cada vez más crecientes presiones regulatorias sobre firmas de inversión institucional para limpiar sus carteras de activos con huella de carbono. Además, por supuesto, de clientes y patrimonios individuales que apuestan por valores sostenibles. Aviva, por ejemplo, se ha propuesto alcanzar emisiones netas cero de CO2 entre sus clientes y accionistas en 2040. De modo que ha canalizado en un único fondo el más del centenar de ellos con el que operaba para colocar sus inversiones en los mercados internacionales, explica su Chief Innovation Officer Ben Luckett. “El diálogo con inversores gira en torno a la consecución de objetivos sostenibles y no es algo que pueda modificarse u olvidarse”, explica antes de concretar que “no queremos en absoluto que dejen de considerarse, ni que carezcan de impacto en nuestras carteras, sino que realmente pretendemos saltar hacia el nivel adecuado de inversiones verdes”.  

De modo que para firmas de VC, decisiones como las de Aviva u otras aseguradoras, fondos de pensiones, grandes donaciones o carteras patrimoniales estos instrumentos ESG están siendo ya una referencia global y cambiando prioridades. William McQuillan, socio en la transatlántica Frontline Ventures, admite que la mayoría de las grandes sociedades de inversión y fondos de VC han alterado la hoja de ruta de sus decisiones de inversión hacia valores que se guían por los criterios ESG y demuestran y certifican su apuesta corporativa. “Nosotros hemos reconstruido gran parte de nuestros retornos de capital hacia la gestión de estos valores”, reconoce. A pesar de lo cual, cree que todavía existen instituciones que “están aprendiendo las métricas adecuadas para medir las rentabilidades futuras de los activos sostenibles”, lo que hace que el proceso “no resulte aún una demanda de alta intensidad”. Pero es cuestión de tiempo. De meses, anticipa. 

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Porque, en cualquier caso, las firmas de capital riesgo necesitan planes de acción robustos que mejoren las credenciales verdes de sus portfolios. Esenciales para que las CV puedan aproximar sus análisis ESG a una amplia diversidad de startups, como aseguran en Talis Capital. Porque entienden que la emergente apuesta ESG ha creado una oportunidad de colaboración en favor de las buenas prácticas, explica Matus Maar, gestor y cofundador de Talis. “La cooperación entre fondos será absolutamente esencial para ver los progresos reales; esencialmente cuando una vez se logre un sistema común de información ESG a las empresas que faciliten la transferencia de datos efectivos al inversor”. El timing será importante para el sector del capital riesgo. Y será algo que se concretará más pronto que tarde tras la COP26, que ha aclarado el clima inversor, estrechado el cerco sobre la certificación de este tipo de inversiones y reducido el elenco de los riesgos sobre los capitales ESG.   

Dentro de una atmósfera que seguirá siendo propicia para la inversión. Michelle Rosenbauer, cofundadora y ejecutiva de Charta Partners asegura no haber visto “algo así desde 2016” al dar su valoración de los mercados de capitales en 2021, y augura que “el próximo año, creo que voy a estar también bastante ocupada”. En especial, con cambios de diseño de carteras. Hacia los criterios ESG, que estarán “entre las grandes peticiones de inversores institucionales” a los que los hedge funds “tendremos que actuar para adecuar nuestras carteras a la nueva realidad”. Hay cada vez “más candidatos” a recibir el sello ESG y, por tanto, “a ser uno de los valores elegidos por la industria de los fondos de inversión”. En 2022 “estamos obligados a mirar los resultados y los datos ESG corporativos, porque de ello dependerá que se les suministren cada vez en mayor intensidad y garantías servicios financieros y crediticios para sus proyectos de inversión”. En su opinión, los hedge funds también tendremos que sondear el talento en las empresas, en busca de comprobar que las multinacionales que se acogen a los principios ESG estén gestionadas por directivos capaces de trasladar al mercado los objetivos y prioridades de sostenibilidad, sociales y de buen gobierno corporativo. 

Pero también se sitúa en el punto de mira inversor las fintechs. Desde Reddit hasta Robinhood, la apuesta por los bancos telemáticos ha sido una constante. En el tercer trimestre de 2021, las compañías fintechs protagonizaron 88.000 millones de dólares de los más de 3.500 acuerdos de fusión sostenidos por el capital riesgo, según PitchBook; casi el doble del total alcanzado en 2020 matiza esta firma de investigación de mercados. Más de 15.000 millones fueron a blockchain y a cripto-startups, matiza CB Insgihts. Para Mark Barsiyan, de Inspired Capital, el boom cripto que surgió en 2017 y 2018 da pistas de que el mercado de activos digitales proseguirá en 2020 y que, a lo largo de este ejercicio, “la sostenibilidad insuflará todavía más consistencia a las inversiones en fintechs con sello verde que las que se han registrado en 2021”.